Miro por la ventana de mi cuarto, el cielo está cubierto por densas nubes de tormenta, la lluvia amenaza con caer, desvío la mirada al almanaque que cuelga de la puerta, veo la fecha y suspiro, sé que debo ir, hacerlo antes de que llueva pero el mero hecho de pensarlo me hace derramar unas lágrimas, cuando la notificación del recordatorio de mi teléfono suena me reprocho por mi cobardía, él haría lo mismo por mí.
Me pongo un piloto azul oscuro, agarro mi mochila y meto algunas cosas: una linterna, una pequeña navaja, bajo a la cocina y agarro una botella de agua y un paquete de galletas, me dirijo a la puerta
- ¿Ya vas a salir?- pregunta mi hermana parada al pie de la escalera, parece preocupada
- Debo hacerlo- le respondo
- Llevas dos años haciéndolo ¿él querría esto para tí?- mi mirada clavada en el suelo, las manos en los bolsillos
- Al menos llévate un paraguas- me alcanza uno que cuelga del perchero al lado de la puerta
- Gracias- le digo, antes de salir ella me abraza
- Cuídate, te quiero- me da un beso en la mejilla, sube la escalera, antes de abrir la puerta dejo el paraguas donde estaba. Afuera no hace tanto frío, el viento sopla aunque no con tanta fuerza, hay mucha humedad, un relámpago destella en el fondo.
Mientras camino por la calle casi desierta todas las personas que me conocen me saludan y dan su pésame, todo me recuerda a él: la esquina donde nos chocamos y conocimos, la heladería donde tuvimos nuestra primera cita, el parque donde solíamos pasear; antes de continuar el camino me dirijo a su casa, toco el timbre y casi al instante abre su madre
- Hola pequeño- me dice, su voz es temblorosa y débil, se nota que estaba llorando
- Hola Celia, vine a
- Ya sé, ten- me interrumpe, se saca algo del bolsillo de la bata y me lo da: es un collar, lo reconozco, se lo regalé a él a los tres meses después de que empezamos a salir
- Lo encontré en una cajita que ponía "Tesoros", le habría gustado que lo tuvieras- mis manos tiemblan cuando lo tomo de entre las suyas
- Gracias Celia- le digo, las lágrimas resbalan por mi rostro, ella me abraza
- Gracias por preocuparte por mí- me dice, mis lágrimas mojan su bata rosada
- Ahora vé, antes de que llueva- nos despedimos, miro el dige en forma de corazón, más lágrimas, me cuelgo el collar al cuello...desearía que estuviera aquí ¿porqué me sigo sintiendo así después de todo este tiempo?
Llego antes de darme cuenta siquiera; antes de atravesar las altas rejas de hierro oxidado voy al puesto que espera justo al lado
- Hola Julieta- saludo a la señora
- Hola pequeño- compro un ramo de lirios
- Ooh mi más sincero pésame, era tan bueno- se lleva una mano al corazón y reza en silencio, pago por las flores y entro al lúgubre lugar: un caminito serpenteante se adentra en el cementerio, algunas lápidas están ordenadas en filas a lo largo y ancho aunque no son tantas como cabría esperar, una colina se eleva en el centro, un pequeño bosque le da la bienvenida a todos los que entran.
Voy por el camino gris, me estremesco, más no de miedo, ni de ansiedad, son cosas que dejé de sentir desde que pasó...aquello; el viento sopla con más intensidad que antes revolviendo mi cabello.
Me desvío del camino para empezar a subir la colina, el pasto crecido oculta parcialmente mi huella de dos años seguidos viniendo aquí, los jardineros no tienden a cuidar esta zona; a mitad de camino saco la botella de agua y bebo unos sorbos antes de continuar. Finalmente llego a la cima, comienzo a caminar entre los cipreses y fresnos que alguien plantó alguna vez, por alguna razón no crecieron tanto y ahora son un bosque pequeño lo suficientemente grande para esconder a una persona...o una lápida.
Enciendo la linterna para poder ver entre las sombras que el domo de hojas y ramas crearon con el paso del tiempo, la luz del sol o de la luna nunca alcanzó para poder ver bien. Él y yo solíamos venir aquí, imaginábamos viviendo una vida tranquila en algún bosque lejano, juntos, en alguna cabaña como en los libros que nos gustaba leer; recuerdo cómo me abrazaba cuando leía en voz alta, nos sentabamos entre las raíces del fresno más grande, a veces simplemente nos quedábamos mirándonos a los ojos por un largo tiempo, sin hablar, tan solo...viéndonos.
Cada paso que doy me provoca dolor, un dolor en el pecho que me deja sin aliento pero me obligo a seguir, no es solo mi deber sino también mi culpa.
Al llegar al fresno más alto apunto mi linterna a sus raíces, éstas sobresalen del suelo de tal forma que parecen un trono hecho por la naturaleza y entre éstas descansa una lápida de mármol, me acerco, mis pies parecen de plomo y el nudo en mi garganta es tal que apenas si puedo tragar saliva
- Hola mi amor- digo con un hilo de voz apenas audible, mis lágrimas resbalan por mi rostro y caen a la tierra, finalmente mis rodillas ceden y caigo frente a la tumba, llorando
- Te extraño, todos los días- digo entre llantos, dejo las flores junto a la lápida, el blanco de ésta destaca entre el marrón casi negro de la corteza del árbol, me cuesta hasta respirar a causa del llanto
- Ojalá estuvieras aquí, te necesito mucho- los recuerdos de nuestro tiempo juntos son ahora una daga de dolor que se clava en mi corazón, mi mente y espíritu, cada bocanada de aire es como navajas que me cortan la garganta y provocan que tiemble por el frío que se hizo presente no sé cuando; la lluvia parece que empezó a caer con fuerza pero aquí, en este lugar, no tiene el poder suficiente más que el de un par de gotas para mojar la tierra
- Tu madre te manda saludos, dice que te extraña- me acerco más a la lápida y me siento al lado
- Me gustaría poder...poder verte aunque sea una sola vez...me gustaría poder decirte algo- entierro mi cabeza entre las rodillas, las lágrimas mojan mi pantalón
- ¿Y qué le dirías?- una voz me hace sobresaltar, mi corazón da un brinco que pareciera un paro, por el mismo camino que tomé yo hay un hombre parado, viste un traje oscuro de funeraria, un sombrero de ala ancha le tapa parte de la cara
- ¿Quien...quien es usted? ¿que hace aquí?- me levanto, mi tristeza se combina con el enojo de que alguien invadiera este espacio
- No te preocupes por eso- dice el hombre, se acerca a la tumba pero yo me pongo en medio, no sé quién es pero no tiene derecho a invadir este espacio sagrado para mí
- Por favor váyase, ni usted ni nadie es bienvenido aquí- le digo con los dientes apretados, mis lágrimas siguen cayendo y la frustración solo provoca más enojo y dolor
- Tranquilo, no soy una amenaza- dice. -Tú dijiste que querías decirle algo ¿que le dirías? En el caso hipotético de que tuvieras la oportunidad- no entiendo lo que me dice pero otro recuerdo me asalta, me golpea como un martillo: recuerdo cuando teníamos muestras charlas después de hacer el amor, charlas de cosas más allá de nuestro mundo, fantasmas, aliens y otras cosas que nos encantaban; miro la tumba
- Le pediría perdón, le diría que entregara todo y nos fuéramos- el recuerdo de aquel día es más de lo que puedo soportar, estoy a punto de caerme hacia atrás pero el hombre me ataja
- Wow tranquilo, no te vayas a lastimar- hace que me siente y me da la botella de agua de mi mochila
- Estás siendo torturado por tu dolor, no puedes estar en paz ¿verdad?- dice cuando me termino el agua; no lo puedo creer, no puedo creer que alguien sepa eso, asiento sin mirarlo
- Si, eso creí, cuando alguien querido muere esperamos que todos los demás sientan lo mismo pero la vida sigue a nuestro alrededor, pero para nosotros todo terminó cuando ese alguien que le daba sentido a nuestras vidas se fue...y todo es aún peor cuando creemos que es nuestra culpa ¿verdad? No sentimos nada, no queremos nada, más que ver a esa persona y volver a abrazarla pero ¿y si te dijera que es posible al menos quitarnos la culpa de encima, al menos ver de nuevo a esa persona una sola vez más?- miro a este extraño personaje ¿acaso quiere hacerme sentir peor?
- No sé quién sea usted pero váyase por favor...no puedo...- me interrumpo por otro llanto, el hombre clava una rodilla al suelo y apoya una mano en mi hombro
- No puedes seguir pero ¿sabes que? Es posible, puedo hacer que veas a tu amado al menos una vez, puedo hacer que tu culpa no sea merecida...aunque ya de por sí no lo es-
- ¡¿Cómo, cómo es posible algo así?!- le grito de enojo, el hombre ni se inmuta
- ¿Te interesa o no?- miro primero al hombre, sus ojos verdes como un par de esmeraldas, luego dirijo la mirada a la tumba, las flores ya empezaron a marchitarse ya que algunos pétalos salen volando junto al viento; recuerdo cuando pasó aquello...entonces asiento con la cabeza
- Que bien, solo necesito algo de comer y luego- antes de que termine de hablar le entrego el paquete de galletas, él parece sorprendido pero agradece con un seña, se devora el paquete en menos de un minuto, eructa y sonríe
- Así está mejor, ahora ¿tienes algo cortante? Hace falta sangre para- le entrego la navaja, asiente
-Mejor, dame tu mano- no dudo, solo alargo mi mano derecha en su dirección, el me agarra y le da vuelta, viendo mi muñeca y la pequeña y casi imperceptible cicatriz a lo largo de ésta, me mira en señal de reproche y saca el filo
- Solo un cortecito, volverás a ese momento que más añoraste y cuando tu culpa se haya extinguido de tu corazón, volverás aquí ¿ok? Pero debo advertirte, no será real, solo es una ayuda para aquellos que realmente la necesitan-
- ¿Y cómo sabes que realmente necesito ayuda?- le pregunto, él se ríe
- Porque se nota a simple vista que sufres- sin decir nada más corta mi muñeca, apenas siento el filo entrar por mi carne, un destello de luz explota frente a mi visión...abro lentamente los ojos, estoy en el mismo lugar aunque ya no hace frío, y tengo otra ropa
- ¿Te desperté?- veo a quien me habló, siento que mi corazón se salta uno o dos latidos...es él, sonriente, sostiene un libro entre sus manos
- No quise, perdona, te veías muy tierno- sentía mi garganta libre pero otro nudo se forma, las lágrimas se asoman por mis ojos y no puedo creer que sea él
- ¿Estás bien?- pregunta, me abalanzo sobre él y lo abrazo, lo beso, rodamos por el suelo mientras ríe
- No puedo creerlo...estás...estás- estoy llorando, y sigo llorando mientras lo beso y abrazo
- Wow tranquilo, solo estuviste dormido por 15 minutos- nos sentamos en la tibia tierra pero lo sigo abrazando
- Ay mi amor, soñé la cosa más fea posible, soñé que te mataban y te enterrábamos aquí y venía dos años seguidos a dejarte flores y...y...y- me calla con un beso en los labios, puedo sentir su calor, su respiración, su saliva, está vivo y aquí conmigo
- Solo fue un sueño vívido, yo jamás me alejaré de tu lado- le termino de contar el sueño y él se muestra comprensivo y asiente, recuerdo ésto, fue un mes antes de que pasara aquello, lo recuerdo porque estábamos leyendo Cristine
- Debió haber sido horrible pero ya pasó, y te prometo que nunca nunca va a pasar eso ¿está bien?- él mira la hora de su reloj
- Se hace tarde, deberíamos volver, me toca cocinar y Celia se enojará- nos levantamos y salimos de nuestro santuario, caminamos por la calle llena de actividad, todo es tan raro pero no le presto atención, solo me importa su mano agarrando la mía, su voz y su compañía.
Comemos los tres juntos, él, Celia y yo, cuando terminamos lo ayudo a lavar los platos
- ¿Crees que algún día podríamos ir de viaje?- le pregunto mientras froto un plato con la esponja
- Claro que sí, tenemos dinero, ganas y tiempo, tus clases no empezarán hasta dentro de cuatro meses y puedo pedir vacaciones en el trabajo- asiento, sonrío, talvez pueda salvarlo
- Que bien ¿cuando crees que podamos?-
- Si quieres podemos empezar a planear mañana- terminamos de limpiar, Celia duerme en su sillón favorito, subimos a su cuarto y hacemos el amor, no recuerdo cuando fue la última vez que disfruté tanto algo.
Es de noche, él duerme plácidamente mientras me abraza, yo lo veo dormir y entonces entra en mi cabeza las palabras del hombre raro ese, "no será real"...¿entonces todo esto solo es producto de mi mente? ¿será un sueño? ¿Entonces él realmente está...muerto? Intento quitarme esos pensamientos de la mente y me obligo a disfrutar del momento, lo abrazo y beso antes de caer dormido.
Me despierto con el canto de un pájaro, él sigue durmiendo así que me levanto sin hacer ruido, voy al baño, bajo a la cocina y saludo a Celia.
Ese día lo paso enteramente junto a él, lo ayudo en todo lo que puedo con su trabajo, es tedioso pero el simple hecho de estar con él me hace sentir como si volviera a la vida, aparto de mi mente la posibilidad de que todo sea un sueño.
Durante los días siguientes mi vida vuelve a tener sentido, vuelvo a salir, a disfrutar, a sonreír...a vivir; planeamos el viaje entre una mezcla de nuestro sueño tan querido y las ganas de conocer el mundo, decidimos viajar China, estaríamos por tres semanas ahí y luego iríamos a Rusia, Noruega, Escocia, finalmente volveríamos.
Mañana viajamos, estoy muy emocionado mientras armo mis maletas, paso la noche en mi casa, extraño mucho tenerlo pegado a mi espalda pero es reconforta saber que mañana estaremos juntos por más de un mes, tiempo suficiente para evitar que pase aquello, me duermo con una sonrisa.
A la mañana me despierto con el tintinear de una taza de vidrio, abro los ojos y lo veo sentado en el sillón de mi cuarto, sonríe, me saluda con un beso.
Si existiera el paraíso estoy seguro que es este, al lado de la persona que más amas en el mundo, recorremos China hasta donde podemos, hacemos el amor todas las noches en el hotel, comemos cosas que jamás creímos que comeríamos.
Rusia, Noruega y Escocia no nos dejan sin sorpresas, su clima, su población, sus comidas y demás nos hacen conocer y disfrutar, nos hacen creer que nuestro sueño es posible, y éste se hace más fuerte que antes, ya no un sueño sino un plan para futuro.
Volvemos a casa después de un mes y 15 días de haber viajado, es casi la hora de almorzar, el sol brilla con fuerza, salimos del aeropuerto y entonces.... entonces me estremesco, se me pone la piel de gallina cuando reconozco a la persona que me arrebató la vida....
Corre, empuja a las personas, unos policías lo persiguen, intentamos alejarnos pero el destino, el tiempo o lo que sea que esté en nuestra contra hace que el tipo ese se nos acerque, me agarra del cabello y me atrae hacia sí, apoya con fuerza el cañón de un arma en mi cuello
- ¡Todos atrás!- grita, los policías se detienen a unos metros, le gritan que me deje pero el tipo no hace caso -¡Alejense o lo mato!- grita
¿porque? ¿porque me toca pasar esto? ¿acaso hice algo mal, acaso...merezco esto? Cierro los ojos con fuerza...solo para escuchar el sonido de disparos, siento que me suelta, cuando abro los ojos encuentro al tipo tirado en el suelo tapándose el cuello...y a mi novio un metro más allá, se aprieta el pecho con fuerza
No...esto no puede estar pasando de nuevo, no así, no ahora ¡POR FAVOR! Corro a él y me arrodillo a su lado, mis lágrimas se deslizan por mi rostro, trato de hacer presión en su herida, él habla
- Oye- su voz sale entrecortada, sé lo que viene a continuación, así paso antes
Estábamos saliendo de un restaurante, todavía había sol, era de tarde, nos estábamos riendo cuando de la nada salió ese mismo tipo, me agarró del cabello y nos dijo que le entregáramos todo, mi novio soltó la billetera y cuando el tipo estaba a punto de recogerla, él intentó quitarle el arma...solo para recibir el disparo en el mismo lugar
El recuerdo golpea con fuerza
- No importa lo que pase ahora ¿ok? Escúchame- lleva su mano libre a mi mejilla
- Te amo, debes vivir, sé feliz, será difícil pero lo lograrás, sé que puedes, creo en tí- escupe sangre a un lado
- Te buscaré, si no es en ésta será en otra vida pero te volveré a encontrar y cumpliremos nuestro sueño, te lo prometo, te amaré por siempre- vuelve a escupir sangre, cierra un ojo, su mano cae a un lado...y deja de moverse, me desmayo.
Una luz, una muy potente luz atraviesa mis párpados, abro un poco los ojos y me encuentro en...no sé, parece una habitación blanca, me levanto de la cama en la que estaba acostado y camino a la única puerta que hay ahí, la abro, del otro lado un bosque: árboles, el ruido de un río llega a mis oídos, atravieso la puerta y escucho una voz
- ¿Te gustó? Lo que viste ¿Te gustó?- veo a quien me habla, es él ¿otro sueño?
- Mi amor ¿que está pasando?- hago conclusiones descabelladas y lo único que logro pensar es una cosa -¿Estoy muerto?- él se ríe
- No, aún te queda tiempo- mi cara de decepción se hace presente, él lo nota y se levanta de la silla de mimbre en la que estaba sentado, se acerca a mí
- ¿Esperabas otra cosa?- me toma las manos, yo miro el suelo
- Si- le respondo, él hace un sonido que no puedo interpretar
- Entiendo- me hace verlo, pone un dedo en mi barbilla y me levanta el rostro, estoy llorando, fue un sueño después de todo
- Lamento todo esto-
- Yo soy quien te debe pedir perdón, si hubiera sido más fuerte seguramente estarías vivo- le digo, él niega con la cabeza
- Deja de culparte mi amor, no te lo mereces ¿entiendes?- me abraza, yo a él, mis lágrimas mojan su remera y él entierra su cara en mi cuello, me encanta que haga eso
- Te extraño- le digo con un hilo de voz
- Y yo a tí, más de lo que puedo decir-
- En serio te necesito, no puedo seguir sin tí-
- Claro que puedes, sé que puedes- me dice, se separa y me mira directamente a los ojos
- Tú no te das cuenta pero eres más fuerte de lo que crees, eres más fuerte e inteligente que yo, eres hermoso y soñador, y muchos te necesitan más que yo- imágenes de Celia, de mi hermana, mi mamá, mis abuelos, de mis amigos aparecen en mi cabeza
-Muchos te necesitan, tu y yo ya tendremos tiempo para nosotros- me vuelve a abrazar
- ¿Pero cuando? ¿cuando llegará ese tiempo? ¿porqué no podemos estar juntos ahora?-
- Porque aún tienes cosas que hacer, aún tienes mucho porqué vivir, y cuando hayas terminado, cuando nuestro tiempo llegue, entonces, y solo entonces, estaremos juntos, pero antes tienes tarea que terminar- me río, realmente me río con ganas, siempre logró eso y lo sigue logrando incluso ahora
- Te amo, siempre lo voy a hacer- le digo
- Y yo a tí, aunque ames a otra persona, aunque le des tu incondicional amor, siempre estaré ahí contigo, cuando estés solo y desamparado y sientas que ya no puedes seguir, estaré ahí para tí- una luz comienza a brillar cerca de un gran roble, ambos miramos en esa dirección, el tipo de traje negro que conocí en el cementerio sale de la luz, me hace una señal para que vaya con él
- Es hora mi amor, vé, vive, y recuerda lo que te dije- doy dos pasos en la dirección del tipo de traje pero antes de seguir me doy la vuelta y lo abrazo, beso, huelo y vuelvo a besar
- Te amo-
- Yo a tí-
Corro al tipo de negro, tomo su mano y empieza a caminar dentro de la luz, veo hacia atrás y contemplo la casa: una cabaña de troncos, techo de madera, porche...la cabaña de nuestros sueños. Todo se vuelve tan brillante que debo cerrar los ojos y cuando los abro estoy en el mismo lugar donde todo empezó, la tumba está ahí entre las raíces, no llueve, hace calor de echo, el tipo no está en ninguna parte
¿Fue todo un sueño?....no, no lo fue, hay huellas de pies más grandes que los míos delante de dónde estoy sentado, sonrío, miro el domo de hojas y ramas.
Me levanto y acerco a la lápida, sonrío aún más
- Te amo- digo con mi mano sobre la placa de bronce; de la nada un hermoso azulejo sobrevuela delante de mis ojos, canta unas notas y sale disparado en dirección de donde llegué
- Entiendo- digo, junto mis cosas y comienzo a caminar en esa dirección, antes de irme miro atrás, a la tumba
- Te amaré por siempre- le digo al hombre que me trajo paz, al hombre que siempre amaré