El perfume ajeno a la casa se hospedaba en sus camisas, decidí ignorar pensando que eran las caras fragancias de sus compañeras, quise creer, quise confiar. El contacto físico entre nosotros ya no era como en aquella época; donde con sólo vernos el fuego se encendía, incluso mostraba disgusto si yo le pedía un simple abrazo.
Sus labios pintados de rojo carmesí me dijeron lo que tanto temia, las palabras subian y bajaban de volumen, mas nunca se llegó al contacto físico. ¿Qué hacia ahora con todos estos sentimientos? No sólo los mios, tampoco tenia ni la mas mínima idea de cómo acarrear las emociones de mi hijo.
Después de sacudir la marea y viajar a un mundo de fantasía, entre papeles decido emprender un nuevo camino, lo lamento mucho por mi pequeño tesoro, pero en esta vida se trata de aprender a vivir los cambios. ¿Será fácil? Quién sabe.