Todo eran mentiras, todo se sentía como viles mentiras, a lo largo de mis ocho años de matrimonio cuántas veces no me engañó, era cruel, cómo podría, con qué cara podía verme a los ojos, decirme que me amaba, como puede tener la sangre tan fría para no dudar, para engatuzarme de esa manera.
Mi esposo ese que me prometido fidelidad ante Dios había cometido la mayor traición faltando a sus votos.
Como todas las mañanas Francisco mi esposo se despertó temprano, me dio un beso que me levanto de la cama y se dirigió al baño para prepararse, yo me dirigí a la habitación de nuestro hijo, ese pequeño ser lleno de luz, tenía que ayudarlo para que pudiese asistir a la escuela. Javier me recibió con los brazos abiertos y su carita somnolienta, el odiaba levantarse temprano pero aún así era un niño de seis años muy responsable.
Pronto estuvo listo para la escuela y Francisco lo cogió en brazos mientras me despedía con una brillante sonrisa, cuando los dos hombres de mi vida se fueron, volví a entrar en casa. Abrí mi computadora y me dispuse a trabajar, había conseguido un trabajo que me permitía estar en casa para cuidar de mi hijo y dedicarme a lo que me gustaba, diseñar interiores.
Francisco es profesor en la misma escuela a la que asiste mi hijo, le encantan los niños y era una pena que en el parto de Javier todo se complicará quedando así con una menor posibilidad de tener hijos nuevamente, lo habíamos intentado claro pero no había dado sus frutos aunque ahora eso ya no me afectaba tanto como antes, Francisco y yo estábamos muy felices siendo padres de un niño hermoso como Javier.
Fue demasiado rápido mi día y pronto Francisco regreso con Javier de la escuela, se despidió con un tierno beso ya que tenía que seguir trabajando.
—Mami, ¿eso que hace mi papi que es?—Pregunto extraño mi hijo, por alguna razón hoy no era tan entusiasta como de costumbre.
—¿qué mi amor?.
—Eso que acaba de hacer.
—Oh, besarme, ¿por qué lo preguntas? también quiere un beso.
—¿Los besos se le pueden dar a todos?No solo a mami.
—Bueno eso creo aunque no se, ¿por qué lo preguntas.
—Es que vi a papi dándole un beso como los que te da a ti a mí maestra—Lo mire consternada.
—Un beso en donde cariño, seguro que has visto mal.
—Se lo dio en la boca, como papi dice que solo te los da a ti, pero eso no es cierto.
—¿Qué?¿Estas seguro?.
—Si. Le dio un beso a mi maestra en la boca.
Sentí que el corazón se le salía del pecho, me seque a creer en las palabras de mi hijo, no porque me estuviese mintiendo porque se le notaba curioso y consternado pero seguro estaba confundido, tal vez había visto mal y su esposo solo había saludado casualmente a la maestra, después de todos eran compañeros de trabajo, no sería raro que la saludara con un beso en la mejilla.
No quise pensar en ello, no podía dudar de mi esposo de esa manera, el jamas me había dado motivos para desconfiar, me sentía muy mal al dejarme influenciar de esa manera.
Cuando Francisco llegó del trabajo me dispuse a no pensar en ello pero la duda ya se había colado en mis pensamientos y no había nada que pudiese sacármela más que confirmando que todo había sido una simple confusión, me sentí terrible al tomar su celular mientras el se duchaba, yo jamás había sido del tipo celosa que revisaba lo que hacía no cuando nos habíamos hecho novios y muchos menos en nuestros años de matrimonio, gozaba de muy buena confianza y seguridad con mi esposo.
Pronto logré descifrar su contraseña y entre a sus mensajes, no había nada sospechoso hasta que llegue al chat de la maestra de mi hijo el cual tenía archivado, y entonces sentí mi corazón hacerse pedazos.
Uno tras otro describían lo que habían hecho, lo bien que se lo habían pasado, se burlaban de mi por ser tan ingenua, como si yo fuese la que estaba siendo estúpida, como si fuese mi culpa que mi marido se metiese en la cama con la maestra de mi hijo.
No podía creer lo patán que Francisco era, lo ciega que estaba ante esa imagen de hombre intachable, no solo me había engañado si no que además se había metido con la maestra de nuestro hijo, lo cual era muchísimo más grave que solo el hecho de tener una amante, por dios, como podía mirar a nuestro niño, llevarlo libremente hacia el salón de clases, el solo pensarlo me ponía enferma.
Eran muchos años de matrimonio y sin duda nuestro hijo era lo mejor que había sucedido de el, y Francisco lo había puesto en esta situación por su egoísmo y lujuria, por una infidelidad, no podía imaginar cómo se burlaban de mi en mi propia cara.
La maestra siempre me había parecido alguien muy dulce, se preocupa por los niños y enseñaba muy bien, se notaba la pasión por enseñar, ahora no podía imaginarmela.
—¿Qué haces?—Pregunto aunque en cuanto vio su celular en mis manos y mis ojos inundados en lágrimas, su cara se tornó palida—Mi amor yo...déjame explicártelo ...deja..
—No te me acerques, ¿cómo?¿cómo has podido hacerme algo así? tienes idea de lo que has hecho, sabes que nuestro hijo te vio con tu estúpida amante, ¿qué clase de profesor eres?, ¿qué estaba pensando?
—Yo no...perdoname, te juro que yo no quería por favor perdóname—Se aferro a mi mientras yo intentaba apartarlo, tenerlo cerca solo hacia que la herida doliese más.
—Claro, ahora me pide perdón, cuando ya te he descubierto pero seguro que si yo no hubiese visto tus mensajes seguirías viéndome la cara de estúpida.
—Piensalo Melissa por favor, Javier no sabe lo que pasa no puedes decirle
—Ahora si piensas en el, mientras te besabas está mañana con su maestra ¿por qué no pensaste en el? acaso eres idiota ten un poco de decencia y mínimo buscate una amante qué no tenga nada que ver con nuestro hijo, no tienes la conciencia suficiente tu hijo te vio con sus propios ojos, y me pide que piense en el, no conoces la vergüenza—Mi mano impacto en su mejilla pero toda la rabia permanecia intacta.
—No hagas esto, la dejaré de acuerdo, ella no dirá nada, los niños necesitan una familia estable, estaremos bien, incluso podemos...podemos ir a un especialista para parejas.
Lo pensé, pero no era algo en lo que podía reflexionar, solo veía la traición de el hombre que amaba una y otra vez, es cierto que Javier es pequeño y no comprendería pasar por una situación así, pero yo, yo soportaría pasar por ello, tener que aguantar la humillación y traición cuando no siquiera tenía nada que ver, no era yo la culpable, no tenía porque hacerme sentir como si lo fuese, acorralandome de esa manera solo me hacia rabiar más, no quería verlo, no quería que me tocase, cómo podría perdonarle, cómo podríamos fingir que nada paso, olvidar algo así.
No sería justo para nuestro hijo el vivir en una mentira, creer que todo estaba bien, no era justo para mí el soportarlo y no estaba dispuesta a hacerlo, hay cosas que no puedo tolerar y simplemente perdonar como si nada, no es algo que se pueda tomar a la ligera.
—No quiero estar cerca de ti, así que toma tus cosas y largate.
—Melis...
—¡Que te largues! No quiero verte, no quiero seguir recordando tal humillación, quiero el divorcio sin duda, no puedo perdonarte algo así, ni siquiera intentes meter a Javier en esto, no me harás cambiar de decisión, fuiste tú el que se equivocó así que tenés que aceptarlo.
—Lo siento.
—Si yo también...yo también.