Sorbo mi nariz, para luego limpiar mis lágrimas.
–¿Que demonios paso?— me pregunte.–¿Acaso no soy suficiente?— nuevas lágrimas comenzaron a salir.
Estaba destrozada, después de haberme de enterado de esa infidelidad había quedado devastada. Se supone que cuando tu te casas con una persona, prometes amarla y respetarla ¿donde demonios quedó eso? Y es allí cuando te preguntas:
—¿No soy suficiente?— volví a repetirme.
Y es allí cuando miles de inseguridades comienzan a crearse y tú comienzas a sentirte insuficiente, sientes que no vales nada y tu autoestima decae por completo.
Lleve una de mis manos a mi boca para ahogar el sollozo que salió de mí.
—No entiendo que hice mal.— un sollozo se escapó de mis labios.
Me dirigí al baño para lavar mi rostro. Debía ser fuerte para mí hijo, no podía permitir que él me viera así.
Demonios! ¿Ahora como le diría que su padre y yo nos íbamos a separar?
—Estás bien mami?— miré con dulzura a mi hijo antes de asentir en respuesta.
—Los dos iremos al parque.— su pequeña carita se iluminó y salió corriendo en busca de sus zapatos.
Necesitaba un respiro, tenía que pensar para saber que iba hacer. No quería que mi hijo creciera en una familia disfuncional ¿Pero sería capaz de seguir con mi marido siendo infeliz? ¿Podría mirarlo a la cara después de su engaño? ¿Como sería nuestra relación?
El camino al parque fue tranquilo, me había comunicado con mi mejor apoyo en este momento. Le di una sonrisa triste a mi amiga antes de sentarme junto a ella.
—Que pasó?— dijo preocupada.
Sin poder contenerlo me tire a sus brazos a llorar y le conté todo lo que había ocurrido.
—No lo puedo creer.— niega.—¿Donde quedo la promesa que hizo?— solté un sollozo.—No tienes porque derramar lágrimas por ese imbécil.— dijo mientras me abrazaba.—¿Ya sabes que vas hacer?— negué.
Limpié mis lágrimas y me dedique a ver a mi hijo jugar con un par de niños.
—Aún no se que haré, pero no quiero que mi hijo crezca en una familia disfuncional.— lo veo subirse al tobogán.
—No me digas que estás pensando en perdonarlo y ser infeliz.— suspiro.—Mira, se que lo haces por el pequeño Max, pero no puedes quedarte en una relación cuando la confianza está más que rota, ¿Tu que sabes si empeora su relación? ¿Y si discuten frecuentemente? Las relaciones así nunca vuelven a ser las mismas.
Elena tenía razón, tenía que pensar con cabeza fría y tomar una decisión. Lo hacía por el bien de mi hijo ¿pero que había de mi? Y si me quedaba con él y todo iba de mal en peor?
—Tienes razón.— Elena me observa confundida.—Necesito empacar.— eso la hizo reaccionar.
—Necesitas que te ayude?— asiento.—No fue tu culpa, ese hombre ni siquiera merece que llores por él. Debes salir adelante con tu hijo y sabes que no estás. No dejes que nadie apague ese brillo que hay dentro de ti Alice.— le di una sonrisa triste.—Eres una persona maravillosa y eres demasiado para ese tipo, así que ahora vamos a tu casa y haremos lo que sea que pase por esa brillante cabecita.
Esas palabras y su apoyo me sirvieron de ayuda para empacar toda mi ropa junto con la de mi hijo. Elena me acompaño en todo momento y me hizo entender que él a lo mejor buscaba una aventura, pero pretendía tenerme allí para él, como si fuera su juguete, su segunda opción. Y las cosas no funcionan así, porque por lo menos yo si sé el valor que tengo.
Ese día pude irme tranquila de esa casa, fue difícil porque parte de mi vida la viví allí, allí fue donde Noah aprendió a dar sus primeros pasos, aprendió hablar, allí vivió parte de su vida y ahora nos íbamos para no regresar.
Ese mismo día le deje una carta a mi marido, donde le explicaba que no podía perdonar esa infidelidad, ¿Cómo lo iba a mirar después de lo que hizo? De que valía quedarme en una relación en la que ni siquiera iba hacer la misma?
Soy una persona que se ama así misma aunque le han roto el corazón, tenía que valorarme a mi misma ¿por qué sino quien lo iba hacer? Y comprendí que la del error no fui yo y por más de que mi hijo ya no iba a ver a su padre, por lo menos agradecía que iba a continuar con su crecimiento en un ambiente libre de peleas y de discusiones.
Al final me repetí a mi misma que no debía conformarme con las sobras y sabía que pronto el karma haría su trabajo.