En Perú hace 30 años... si decías que tus padres se estaban divorciando todavía te miraban: extrañados, con lástima, con miedo; como si fuera contagioso, o te ignoraban... para no hacer ninguno de los anteriores juntos.
Si decías que la que se iba de casa era mamá en lugar de papá, eras más rara aún; casi figura de zoo.
La verdad de todo lo que había detrás, era muy complicado de explicar. Porque cada historia tiene tantas verdades como personajes en ella. La versión de porqué falló el matrimonio a veces se achaca a la mujer o al hombre... y en silencio a veces los hijos mismos piensan que es su culpa también (si no fueran tan ruidosos y estresaran a los padres, si no los hicieran renegar, si estudiarán más, si no gastaran tanto en ropa o comida).
Pero pocos tomamos conciencia de la precuela de la historia. Nadie llega a un matrimonio como hoja en blanco. Todos llegan con una mochila, el tamaño de ella depende de si pasaste por un buen tratamiento psicológico (cosa tabú en el mundo, porque es más común ir por un dolor de muelas al dentista que por una herida emocional que te marcará de por vida) o en casos más raros si los autoanalisaste y superaste por ti mismo.
Y muy pocos nos conocemos a nosotros mismos porque no somos sinceros con nuestras expectativas hacia nuestra pareja y lo que podemos; y no podemos dar, a la relación.
Hay personas que no funcionan en relaciones monógamas, es mucho trabajo de contener los impulsos.
Hay otras que se casan y tienen hijos por cumplir una tareas, como quien hace una lista de la compra y da check cuando consigue un artículo.
Hay mujeres que creen que por ser capaz de parir instintivamente van a ser buenas criadoras, como si por tener voz puedas ser una cantante lírica.
Hay hombres con crianza machista que solo traen dinero a casa, eso es ser papá en su libro.
En fin hay casos como personas en el mundo, cada cual con matices.
Puede ser ideal que te críen papá y mamá.
Pero a veces es mejor tener solo un padre a no tener a nadie. Y en otros casos incluso es mejor no tener a nadie a tener unos ejemplos desastrosos.