Hace mucho tiempo, el diablo convenció a Dios para que una vez cada mil años le enviara uno de sus ángeles. Prometió que si una de esas criaturas descendía al infierno, él dejaría libre las almas de mil hombres. Una por año. Dios aceptó ciegamente, pero no quiso ser quien decidiera que ángel descendería y sufriría aquel tormento, así que reunió a todos sus querubines y les preguntó si alguno de ellos tenía el valor para tomar el lugar de un cordero de sacrificio… Naturalmente nadie quería, entonces pensaron que lo mejor sería dejarlo a la suerte. Cada uno sacó una pluma de sus alas y decidieron que aquel que tuviera la pluma más pequeña sería el desafortunado. La suerte escogió, a un pequeño ángel de ojos color turquesa para ser el cordero del diablo el recuerdo de Louis se hizo presente y no pudo evitar sonreír bajo la pañoleta que le tapaba la boca El infierno lo quebrantó con su maldita oscuridad. Los demonios le cortaron las alas y lo cubrieron en lamentos. El desdichado ángel, lloró mares de diamantes y pensó que moriría antes de que se cumplieran los mil años. Fue en ese entonces que el diablo lo reclamó…Hechizado por las pequeñas chispas de luz que su ángel dejaba al paso, resplandeciendo cada lugar, en que se encontraba, pero el diablo no tenía ni idea de cómo tratar a un ángel, así que lo lastimó. Demasiado. Se desesperaba al no poder tocarlo, porque sus manos estaban hechas para arrebatar almas y sus garras para lastimar a quien tocase. Pensó en deshacerse del pequeño ángel, antes de enloquecer al no poder tenerlo. Entonces…algo que los celestiales llamarían un milagro, ocurrió. Su pequeño ángel quiso ser tocado, aún cuando sabía que sería lastimado.
El infierno se congeló en ese momento. Cuando el diablo enterró sus garras en la tersa piel de su ángel por primera vez y se sepultó así mismo en el acto. Porque sin darse cuenta, mientras él tocaba al ángel, este lo tocaba a él… Y nadie jamás había tocado al diablo.”“
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—Ahora... ¿Qué debería hacer este diablo si algunos de los demonios que habitaban en el infierno hubieran lastimado al ángel que él estaba aprendiendo a cuidar? ¿Qué castigo sería apropiado para quienes osaron robar las lágrimas de su querubín?—[…]—. ¿Qué opinas tu Zäyn?”“Su amigo se hallaba de brazos cruzados a la altura de su pecho. Se encogió de hombros y aun cuando Hąrry no podía ver su boca debido a la pañoleta, pero sabía que el hijo de puta sonreía.”“
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—Tengo una pregunta…¿Qué les hizo pensar que podrían joderse a mi protegido y seguir con vida?_
—P-perd…
—Oh vamos. ¿Es lo mejor que tienes?—[…]—. Venga maricón…¿Es en serio? ¿Llorar? no puedes hacer
nada mejor ¿cierto?”
–P-por favor per.. perdónenos se-señor
–Por qué debería? lastimaste a mí querubín y eso no tiene perdón.
FIN