A los 15 una persona cree en un amor profundo y duradero, cree en historias donde los protagonistas se topan en las escaleras, los que se enamoran con el tiempo, donde uno de ellos se anima por el amor del otro o en ese amor caótico de enemistades que termina en un apasionado amor.
¿Y qué probabilidades hay de que alguien en un pequeño pueblo pueda vivir algo así?
Bueno, mi nombre es Val y viví todas aquellas historias en períodos de tiempo muy cortos y mi favorita siempre será la última de ellas.
¿Alguna vez has leído esa historia donde los protagonistas topan miradas por primera vez y entonces le dan lugar a una serie de acontecimientos que no te permite dejar de leer? Pues esa es mi historia, sólo que yo tuve que esperar varios meses para llegar al final del relato.
Primer día de clases, 2do de preparatoria.
Entrar al salón de clases el priemer día de escuela me llenaba de ánimo, volver a saludar a los amigos y respirar el frío aire de las 7a.m era de las sensaciones que más me encantaban.
Y como cualquier estudiante común, dejé mi mochila en mi asiento y proseguí a saludar a mis amigos, pero entonces hubo un silencio incómodo, todos se quedaron callados - maldito cliché pensé mucho después al recordar la historia - al ver a dos alumnos que nadie conocía entrar al aula, el primero de ellos sonrió al grupo pero el segundo sólo entró tras él y se sentó a su lado, fue ahí, ese primer encuentro.
Es común sentir curiosidad por el chico nuevo - ¿o no? - así que volví mi mirada a él y en ese instante pareció que pensábamos lo mismo, quizá por un segundo nos conectamos, porque entonces cruzamos nuestras miradas. La suya era directa, desinteresada pero tenía algo, algo que desde entonces me encerró en su única presencia, no me dirigió ni una sonrisa, ni siquiera mostró expresión en su rostro, únicamente giro su cabeza y no volvió a mirarme.
Y así empezó mi historia, hoy sólo me pregunto, ¿te encontré?