El amor que sentía por el, la familia que habíamos formado a lo largo de los años, las fieles promesas que hicimos frente al altar, así como aparecieron, se fueron con el viento tras descubrir la infidelidad del hombre al que más amé.
Una semana después de tranquilizarme un poco, decidí hablar con el, esperaba que negara todo y me diera una explicación, pero fue todo lo contrario, este acepto todo, creí haber llorado demasiado como para que no salieran mis lágrimas, pero al escuchar el nombre de mi hermana saliendo de la boca de mi esposo, hizo que mi mundo se derrumbara.
Lloré desconsoladamente hasta que escuche la voz de mi hijo de 6 años, proveniente de detrás de la gran puerta del estudio. Me levanté y dando una última mirada hacia el hombre, salí con el corazón en mis manos.
Pasaron unas semanas y por más que buscaba alguna forma de solucionar lo del engaño, un mensaje de mi hermana hizo que quisiera pedir el divorcio e irme con mi hijo lejos de quién me hacía daño.
Durante el juicio de divorcio saque a relucir su infidelidad y de misma forma como ya teniendo esposa e hijo, estaba esperando un hijo de su amante. Por fortuna nos divorciamos, se acordó la manutención y al día siguiente, tome mis cosas y las de mi hijo y nos alejamos de aquella casa donde habíamos estado siempre y dónde teníamos buenos recuerdos.
Pasaron los años, lo último que supe es que al parecer el hijo que esperaba mi ex esposo con su amante, resultó que no era suyo, un sentimiento de alegría recorrió mi cuerpo. A tal revelación el intento regresar conmigo, pero yo estaba decidida a no regresar, y mi hijo al tener 10 años se dio cuánta de la situación por lo que empezó a ver mal a su padre.
Mi ex esposo intento por mucho tiempo recuperar mi amor, pero yo solo logré perdonarlo, pero me alegraba que, la persona con la que me cambio le haya hecho lo mismo que el a mí.