Los rayos dorados del sol te alcanzan, el viento te golpea y tus cabellos se mueven. Los acomodas y sigues adelante.
Una vez llegado a tu destino, ves hacia el frente y lo que se deja ver te tiene estupefacta. Una casa, que si bien está grandisima, está toda vieja y polvienta, los vidrios de las ventanas están rotos, las escaleras del pórtico se equiebran al pisar y la puerta rechina, piensas que tal vez por dentro esta mejor, pero al entrar te das cuenta que no.
Todo está destruido, las paredes manchadas por la humedad, los muebles destrozados y a las escaleras le faltan tablas. Te quieres morir y piensas que no puede ser peor.
Sin embargo una vez más te das cuenta que te equivocas. Todo está peor, y no hay cama, piensas que peor herencia no pudo haberte tocado.
Pero claro como no le darian la casa vieja y fea que era de la abuela a la bastarda, la ilegítima. Era de esperarse de esa familia de buitres que tenía tu padre.
Tratas de prender la luz, pero no hay electricidad, así que te resignas a prender la vela que estaba ahí. En un intento para distraerte acomodas tu nueva habitación. Mientras piensas en lo tonta que fuiste por aceptar ese trato. Cual trato? Fácil aceptar pasar 9 meses en esa vieja casa para que te den tu otra parte de la herencia, mendigando dinero, más si no fuera por que lo necesitas para tu madre, ni por asomó estarías ahí.
Sientes el cuerpo pesado y volteas a la ventana, dándote cuenta que ya es de noche, sorprendente, has llegado con los primeros rayos del sol y ya la luz de este se a ido.
Acomodas tu "cama" y te preparas para dormir, cuando te acuerdas que no asegúraste la puerta principal, bajas con la lámpara en mano y cierras todas las ventanas y puertas, subes con cuidado, te recuestas y tratas de no pensar en volver.