El panorama del día de hoy parecía prometedor, el sol de la mañana era cálido e incluso los pájaros de mi jardín cantaban libremente como si estuvieran de buen humor.
Tal vez sea porque los frutos de mi huerto los alimentaban, sin ellos tener que esforzarse por obtener comida.
*Ha de ser eso...*
Puse en marcha la cafetera y mientras ésta hacía su labor, yo me dispuse a prepararme unos hot cakes, con las prisas del trabajo diario no había tenido la oportunidad de comer en paz.
Los hot cakes eran simplemente deliciosos, creados en el siglo XVIII gracias a la información expresamente dada por mi.
—Si, claro... —me reí
Bueno, los hot cakes eran dignos de ser compartidos y creados. Tal vez fue mi gula la que me hizo pensar en cosas descabelladas.
Luego de prepararme tres de ellos y con mi café recién terminado, salí a mi jardín en busca de algunas fresas. Escogí las más grandes y jugosas para complementar mi desayuno.
Cuando estuve segura que mi desayuno estaba listo me senté a disfrutar de ello.
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Ya estaba dando mi último bocado cuando un temblor sacudió la tierra.
Todas las cosas de mi casa empezaron moverse de manera abrupta, sin embargo, supe que inevitablemente no se trataba de un terremoto.
Estaban molestos...
Me levante y dirigí al fregadero para lavar mi plato luego de mi desayuno. Lo limpie con delicadeza como si fuera a fracturarse en mil pedazos aún siendo un plato de plástico.
Terminé y tomando mi taza de café, salí hacía el pórtico de mi casa.
Cuando abrí la puerta, la brisa fresca y el olor a lluvia me inundó por completo.
Cerré los ojos disfrutando de esa sensación —Adiós a mi paz... —suspiré y al abrir los ojos, me encontré con un hombre de casi dos metros de alto parado a unos metros frente a mí
—Necesitamos de tu...
—Disculpa —le corte —Te recuerdo que yo no me meto en asuntos que no me competen —levante mi taza y tomando un poco de cafe me dirigí al interior
—Ellos te han convocado.
Detuve mi mano y antes de abrir la puerta le mire por encima de mi hombro —Ellos fueron los que me exiliaron, no me vengan con estupideces.
—Ellos necesitan tu ayuda.
Antes de cerrar alce una ceja divertida —Y cuando yo los necesite, ¿dónde estaban?
Sabía que no tardaría en recibir más visitas como ésta.
¿Realmente tenía la opción de decir no?
Suspiré con dramatismo cuando la respuesta a mi pregunta apareció frente a mi, de nuevo, otro hombre alto, fuerte y con cara de pocos amigos apareció en medio de mi cocina.
—Akira, has sido convocada con urgencia al Olimpo, todo acto de negación será tomado como rebeldía y tendré que proceder a exterminarte.
Resignada y cansada dejé mi taza de café sobre la mesa, sabía que no podía seguir aplazado esto por mucho más tiempo, después de todo, ¿quién puede ir en contra de los dioses?