Las horas fueron pasando y el último rayo de luz que iluminaba las calles se fue tiñendo poco a poco de matices grises, desde mi ventana podía ver las hojas secas cayendo mientras, una a una cubrian la banqueta. La oscuridad hizo acto de presencia el silencio se ausento, y en su lugar se escuchaba los lamentos de desesperación de aquellas almas oprimidas, suplicando clemencia.
El crujir de las hojas se escuchaba cada vez más fuerte. El frío viento golpeaba con agresividad las copas de los árboles, desde la ventana podía ver el sangriento y salvaje espectáculo, mientras esos antropormorfos seres arrastraban y desmebraban sin piedad alguna cada alma que se le atravesara en su camino. Una maldita sonrisa se marcó en mi rostro ja, ja, ja me llamaron loco. Pero ellos ya están aquí.