A todos los escritores que recibieron hate por parte de un usuario de Wattpad (al cual mencionaré eventualmente), ayer y del cuál también recibí mierda, pero literalmente me vale tres kilómetros de meh.
A todas las chicas que se reprimen a si mismas por temor a ser juzgadas. Y a esos chicos que deben seguir los estereotipos que la sociedad impone para la "masculinidad".
●●●
Entrelazo su brazo con el de la otra chica, de los cabellos azules y las cejas castañas, mientras caminaban por las frías calles de Newcastle. Ambas chicas tienen facciones parecidas entre sí, descubriendo así que son hermanas.
Emily y Amanda Carter, recorren el extenso parque en silencio; sin hablar todavía, pero saben que deben hacerlo en algún momento, porque sino, las palabras no dichas terminarán por asfixiarles a las dos. En algunas ocasiones, cuando no decimos lo que pensamos, se forman pequeñas grietas; fisuras que dejan entrar desconfianzas y a veces, hasta cierto rencor. Tan similares y tan distintas en personalidad. Ambas chicas, separadas por la malicia de su hermana mayor; volvían a unirse por la precaria situación financiera de sus padres. En un pasado ya lejano, en algún momento, los Carter tuvieron una posición económica bastante privilegiada. Hubo una época, en la que no tenían que preocuparse por el qué comer, ni por el que vestir. Esa época dorado cuando Emily era una dulce niña de cinco años, sin preocupación alguna; se rompió cuando Josephine Carter, su ponzoñosa y entrometida hermana mayor, acusó a su padre de haberla violado cuando era una niña de siete años.
El ambiente de amor y protección de Emily cayó cual castillo de naipes, su padre comenzó a ser duramente indagado, su madre fue acusada de tener una enfermedad mental grave y lo peor de todo el asunto, Josephine estaba aliada con su otra hermana mediana, Marilyn Carter; que creía estar haciendo lo correcto, al iniciar todo ese proceso legal contra sus padres. Pero Amanda, su hermana dos años mayor, no pensó lo mismo, así que ella decidió tomar literalmente al toro por los cuernos —en este caso, los cuernos eran pertenecientes a su hermana mayor—, y le amenazó con exponer a su importante marido, un juez divorciado y con un niño de cinco años; en todas las redes sociales que estuvieran bajo su poder. Salvó que retirará la demanda a sus padres y que hiciera que archivarán la causa judicial, emitida por la Corte de la Corona.
Pero, la propia Amanda, con el paso de los meses y luego del transcurso de los años; se pudo dar cuenta de una cosa: A veces, las acciones tardías, pueden traer consecuencias irremediables. Su padre, Joseph Carter, quedó sin un trabajo fijo; sólo haciendo pequeños trabajos que los ayudaban a salir adelante día a día, que traían escasas cosas a su alacena. Qué les permitían seguir semana a semana. Aunque, a pesar de esta situación que les hacían tener los hombros tensos y los rostros preocupados a sus padres, parecía que todo volvía a la normalidad con relativa facilidad... Pero entonces, Emily se volvió anoréxica y toda esa precaria tranquilidad, se volvió a esfumar cómo el suspiro de un bebé recién nacido. El tratamiento era realmente costoso; pagar una clínica psiquiátrica, pagarle a una psicóloga semanal, todo eso costaba dinero; dinero que los Carter no tenían. Esa tarde, tanto ella cómo Emily habían ido a buscar un trabajo para cada una. Por lo que le habían dicho a Amanda, a ella la tomarían sin dudar... Pero, el problema, era Emily; su ingreso en una clínica psiquiátrica por desórdenes alimenticios, la descartaban por completo para un puesto de camarera.
—Yo soy el problema en esto, Amanda; deberías seguir buscando un trabajo tú, no tiene sentido que yo siga haciendo esto —Susurró, mirando a unos niños jugar en los juegos dispuestos para ellos. Emily tenía sus ojos castaños, casi negros; ocultos tras unas gafas de pasta gruesa, muy al estilo de Harry Potter, mientras que su cabello castaño oscuro, le caía por los hombros en una melena recta.
Tenía una nariz pequeña de botón, heredada de su padre, unas manos pequeñas y delicadas, con dedos igual de pequeños. Era una chica hermosa, de cuerpo curvilíneo y sonrisa tímida cubierta por los metales de los brackets. Pero, desde que salió de la clínica, no se arreglaba; prefería estar encerrada en su habitación, escribiendo fanfics de Harry Potter y de Larry Stylinson, pareja supuestamente secreta; entre Harry Styles y Louis Tomlinson, dos de los integrantes de esa banda para chicos, llamada One Direction. Ella ya no era la misma pequeña dulce y risueña de cinco años. Los resquicios de esa niña se perdieron entre todo lo que ocurrió.
—No digas eso, que se vayan a la mierda, tú eres muy inteligente y aprendes rápido; si no quieren tomarte por algo tan estúpido cómo tú internación, ese no es el lugar dónde debamos trabajar ambas —Le aseguró su hermana, dejando que su corto cabello azul le cayera en los ojos—. Suficiente mierda has pasado, cómo para recibir más de otras personas ajenas a nuestra familia. Encontraremos otro sitio, podemos tomarnos el autobús e irnos a Londres para buscar trabajo. No nos rindamos ahora, Emily.
—Papá perdió su trabajo por mí culpa, Amanda; y yo no puedo ni siquiera conseguir un estúpido trabajo de camarera para ayudarlo a él y a mamá a pagar las facturas —Dice la chica, mientras ve a un niño, aún en pañales; caer cómo un árbol talado cerca de los columpios, y tras un breve silencio, se oyó un alarido. La madre, que charlaba animadamente con otra mujer, ni siquiera notó que su hijo se había caído al suelo—. Jamás tendré hijos, porque nunca me casaré; ¿quién querría casarse con una pobre anoréxica cómo yo?
Amanda le miró fijamente con muda desesperación. Sin poder creerse lo que sus oídos estaban escuchando. Pero, lo que ella no comprendía era que las heridas del alma, son las que más tardan en cerrar y también, las que más sangran.
—Sigamos buscando locales, ¿sí? Después podemos ir a Londres si no conseguimos nada aquí —cambia rápidamente de tema, para que su hermana no siga pensando ni diciendo esas cosas.
Emily asiente, poco convencida; volviendo a entrelazar su brazo con el de su hermana. Pasan por entre las diferentes madres con sus hijos, Amanda le cuenta algo animada; pero ella ni siquiera lo nota, por estar pérdida en sus oscuros pensamientos. Así que, esto provoca que no escuché a su hermana, diciéndole que tenga cuidado; porque el impacto del coche contra su cuerpo, es cómo miles de pequeñas dimensiones alternas abriéndose paso en su sistema nervioso.
Siente la sangre deslizarse por el frío asfalto bajo ella, escucha; a pesar del fuerte pitido en sus canales auditivos, los gritos de auxilio de su hermana. Pero, Emily no se siente asustada; no siente el dolor del impacto. Siente una extraña paz, una paz que no sentía en su vida terrenal. Ve las nubes grises cubriendo el cielo, ve sombras cubrirla poco a poco. Descubre que, la frase de Dumbledore al final de Harry Potter y la piedra filosofal, era cierta: «Después de todo, para una mente bien organizada, la muerte no es más
que la siguiente gran aventura».
Había cometido muchos errores en su vida, había permitido que Josephine la pisoteara; que la controlará y le dijera lo que tenía que hacer. Que Marilyn le guiará según su propio criterio y extrema prudencia.
Y a pesar de todo esto, podía decir que no le tenía miedo a la muerte. La iba a recibir cómo lo harías con una antigua mejor amiga, a la cuál no ves hace mucho tiempo.
—Emily, por favor, no te duermas. ¡Ni pienses en cerrar los ojos, Emily Anne Carter! —le chilla, con las lágrimas corriendo por sus mejillas.
—Tranquila, yo la llevaré en mi coche al hospital, la ambulancia nunca es fiable aquí en Newcastle —dice una voz demasiado profunda y desconocida, que es cómo una dulce miel para sus oídos; así que Emily trata de abrir los ojos, para por lo menos, ver una leve silueta humana de ese chico, pero su vista está demasiado nublada cómo para ver nada. Sólo es capaz de sentir su perfume, una mezcla entre cedro y chocolate, que la hacen querer quedarse con vida unos segundos más. Siente unos brazos fuertes tomarla con delicadeza, al estilo nupcial; mientras comienza a caminar con paso acomedido, y cuando le habla de forma delicada a su oído, siente que todo lo que le ha ocurrido a lo largo de sus dieciocho años de vida, se puede ir directamente al carajo, sin escalas ni burdas cortesías—. Descuida, princesa; llegaremos pronto, no morirás.
Amanda mira esto con sus cejas arqueadas, pero no dice nada; más preocupada por llegar al hospital y salvar a Emily, que por increpar a ese extraño chico de ojos verdes, cabello castaño claro y facciones de modelo de Gucci. Suben al coche, y ponen a Emily recostada en el asiento de atrás, cómo en una especie de camilla improvisada. Y mientras que tiene a su hermana sosteniendo su cada vez más fría mano, piensa que el destino, siempre resulta ser bellamente extraño.