Mía una de 19 años es obligada a casarse con un mafioso por culpa de su hermana gemela ella está pagando
su hermana era una drogadicta siempre estaba en problemas mano a la mujer de un mafioso y el por venganza decide casarse con ella para hacerla pagar todos los días por haber arrebatado al amor de su vida
sus padres por proteger a su princesa entregaron a mía una hija que ellos cautiva
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 10
—Perdón, señor… esa niña estúpida… ¿cómo pudo hacerle eso? Prometo buscarla y traerla ante usted.
Black bajó la mirada, nervioso, esperando una explosión.
Pero Renzo no respondió de inmediato.
Estaba demasiado quieto.
Demasiado frío.
Sus ojos se movieron lentamente hacia la mujer que estaba a su lado.
Alma.
La observó de arriba abajo.
Un piercing en la nariz.
Un perfume diferente.
Una energía distinta.
Y ahí lo entendió.
—No es ella… —murmuró.
Alma frunció el ceño.
—¿Qué estás diciendo?
Renzo dio un paso adelante.
—Yo busco a mi esposa.
Silencio.
Black tragó saliva.
—Señor… nosotros—
Renzo levantó la mano cortándolo.
—Me entregaron a la persona equivocada.
Sus ojos se afilaron.
—Pensaron que iban a engañarme.
Alma sonrió con soberbia.
—¿Y qué importa? Las dos somos iguales.
Renzo la miró fijo.
—No.
Un golpe seco de tensión.
—Mía no es como tú.
Alma se tensó.
—¡Soy mejor que ella!
Renzo dio un paso más cerca.
—Tú cállate.
Su voz bajó.
Peligrosa.
—Si vuelves a hablar así… te corto la lengua.
El silencio fue absoluto.
Black dio un paso adelante.
—Señor, por favor…
—Los tres van a ir presos —dijo Renzo sin apartar la mirada de Alma—. Pero no los voy a matar… todavía.
Alma se puso pálida.
—¿Qué…?
—Porque primero… quiero encontrar a mi esposa.
Se giró.
—Milo, llévatelos.
—¡NO! —gritó Alma.
Black intentó protegerla.
—Por favor… ella no tiene nada que ver.
Renzo se detuvo un segundo.
—Sí tiene.
—Es la razón por la que Mía está desaparecida.
Horas después.
Renzo estaba frente a una casa vieja.
La casa de la abuela.
Respiraba pesado.
—Está acá… —murmuró.
Milo estaba detrás.
—Señor…
Pero antes de entrar…
un hombre salió golpeando la puerta.
—¡Lucas! —dijo alguien dentro.
Renzo se quedó inmóvil.
—Ve —ordenó.
Milo fue.
Minutos después volvió.
—Señor… es un tal Lucas.
El aire cambió.
—Dice ser novio de Mía.
Silencio.
El rostro de Renzo se endureció.
—¿Novio?
Su mano bajó lentamente hacia el arma.
—Yo soy su esposo.
Apuntó directo.
Milo lo miró.
—¿Señor?
Renzo apretó los dientes.
—Dijo novio…
Su dedo rozó el gatillo.
Celos.
Furia.
Dolor.
Todo explotando en su pecho.
Pero no disparó.
Respiró fuerte.
—Vámonos.
Esa noche.
La mansión era un infierno.
Renzo estaba fuera de control.
Rompiendo todo.
—¡ME MINTIÓ! —gritó tirando un vaso contra la pared.
—¡ME USÓ!
Golpeó la mesa.
Respiraba agitado.
Se dejó caer en el sillón.
Y por primera vez…
no era el jefe.
Era un hombre destruido.
—Mía… —susurró.
Se tapó la cara.
Y una lágrima cayó.
Detrás de la puerta…
Hanna escuchaba todo.
Sonrió.
—Está perfecto…
Susurró.
—Así tenía que ser.
Pero ella no estaba sola.
En su computadora aparecía un nombre:
Matt.
Hanna se rió.
—Qué idiota fui…
Te creí…
pero ahora te voy a destruir.
Mientras tanto…
Joseph D. Lucca caminaba en su casa.
Su esposa lloraba.
—¡Nunca estás!
—¡Cállate, Rocío!
La golpeó.
—Te dije que te calles.
Y salió sin mirar atrás.
En otro lugar…
Mía caminaba con su abuela.
Mercedes.
Reían.
Comían.
Vivían.
Por primera vez en paz.
—Mira esto, abuela…
—Es hermoso, mi niña…
Mía sonrió.
Pero su mirada se perdió un segundo.
Renzo.
Y en la oscuridad…
Renzo también la pensaba.
—Mía… —susurró en su cuarto vacío.
Dos vidas separadas.
Pero unidas por algo más fuerte que la distancia.
La obsesión.