Después de seis meses trabajando en la empresa del patriarca de una poderosa familia, Carmen Lobos decide llevar a su hijo a sus primeras vacaciones… hasta que una tragedia lo deja gravemente enfermo. Apenas una semana antes ella descubrió que su nuevo jefe será Federico, uno de los nietos de su jefe, pero un escándalo sacude la empresa y lo aparta del puesto.
El lunes vuelve al trabajo y se encuentra con que su nuevo jefe es Santiago Calderón: arrogante, clasista, prepotente y mujeriego. Desde el primer momento, se detestan.
Cuando Santiago la despide de manera injustificada, la ira y el deseo de venganza llevan a Carmen a cometer una imprudencia que cambiará sus vidas: un matrimonio por contrato donde ella asegura el tratamiento de su hijo y él protege a la empresa que tanto desea.
Pero nada será sencillo. Tras la boda, el patriarca impone una estricta condición que sacude sus vidas.
Los acuerdos pueden tener letra chica, pero muchas veces se firman en una cama grande.
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EXTRA DULCE
NARRADOR
Carmen lamentaba no tener su cámara de fotos allí. Ver al desgraciado que tenía por ex jefe en tales aprietos con un cliente tan importante mirando la escena era digno de enmarcarse. Sería un gran amuleto para las malas vibras, se reiría cada vez que lo viera.
Los tres hombres le indicaron como esperaban el café, pero Santiago aún tenía su mano aferrada con fuerza esperando hacerle daño o algo.
-Terroncito, se que no puedes estar sin mi, pero voy a preparar el café. Deberías soltarme. ¿Cómo no amarlo si es tan dulce y cariñoso?- Ella apretó su mejilla y le dejó un sonoro beso allí
Por primera vez había visto a Santiago sonrojarse y no saber que decir. Aquel maldito hijo de Lucifer que siempre la humillaba estaba de piedra, porque no podía hacer nada, de haber estado solos podría haberla arrojado por la ventana.
-Lobita, recuerda como siempre te pido el café- Se recompuso usando su apellido para pretender ser cariñoso. No tenía idea de cómo fingir, mucho menos con ella
-Siempre lo recuerdo, Terroncito- Ella notaba que ese apodo le molestaba sobremanera, pero ella más gozaba verlo tan molesto. Una dosis de venganza en su medida justa
Carmen se dirigió a la puerta y antes de salir le guiñó el ojo a Santiago que para ese momento sentía una furia asesina hacia ella por tales atrevimientos.
Santiago mostró una carpeta sobre el proyecto, pero Mariano la apartó con elegancia dándole una mirada de advertencia. Sus ojos brillaban por la claridad que entraba por la ventana y se veían amenazantes, entre un color naranja y dorado.
-Su prometida es una joven encantadora, me recuerda mucho a mi esposa Esperanza en nuestros inicios- Mariano mostró una sonrisa que escondía muchos secretos y Santiago debió imitarlo
-Lo es, ella es tan ocurrente. Siempre me sorprende- En eso no mentía, únicamente
Cuando Carmen entró a la oficina lo hizo con una sonrisa que anunciaba problemas y Santiago tragó grueso al ver la bandeja.
-Les traje algo para comer. No sé si les gusten tanto los dulces como a mi Terroncito- Ella comenzó a dejar las tazas sobre el escritorio
-Una excelente elección, futura señora Calderón- Mariano los observó a los dos con una sonrisa leve, aunque por dentro estaba muriendo de risa
-A ti te traje brownie, Terroncito. Tu favorito- Santiago quería asesinarla allí mismo sin importarle tener testigos y apretó la mandíbula para no insultarla
-Que considerada, Lobita. Me gustaría acompañarte a la joyería- Ella sintió el auténtico peligro e ideó una salida urgente
-No, Terroncito. Lo olvidas todo hoy. Tienes turno en el veterinario- Santiago la miró sin entender
-¿Yo?- Los presentes soltaron una carcajada y él se obligó a reír ante tal humillación
-Ay, Terroncito. Tienes que llevar a Congo, ¿No lo recuerdas?- Él pensó "¿Que diablos es Congo?"
-Tienes razón, Lobita. Insisto en que me gustaría que pasemos el resto del día juntos- Ella pensó que el desesperado era su ex jefe y rápidamente ideó una salida triunfal para salvar su vida
-No, Terroncito. Mañana pasaremos el día juntos- Ella le dió un beso en la comisura del labio y se despidió de los tres caballeros con formalidad antes de retirarse
Ella recogió sus pertenencias sin ningún tipo de cuidado y se apresuró hasta el ascensor. Mordió sus labios y cuando las puertas cerraron se permitió reír. Ante todo el desastre, se había vengado de Santiago. Desempleada, pero vengativa. De solo imaginar a ese amargado tomar el café que tenía cinco cucharadas colmadas de azúcar y mordiendo el brownie que tanto detestaba su risa solamente aumentaba.
Por la mañana al día siguiente tendría que buscar trabajo. Quieta no se quedaría hasta encontrarlo.
Ella llegó a casa, vio a su hijo y lo llevó al hospital porque nuevamente tenía mucho malestar y allí lo dejaron hospitalizado. Solamente eso logró que ella pudiera olvidar lo acontecido en su trabajo.
Mientras tanto, en la empresa Santiago estaba intentando tomar el café extra dulce que Carmen le había preparado. Sentía que le daría diabetes en cualquier instante.
Cuando acabó el café intentó retomar el proyecto y Mariano Silver Bonnet junto a sus acompañantes se pusieron de pie. Eso lo desconcertó.
-Creímos que no trataríamos con un hombre comprometido. Fue una grata sorpresa- Dijo Mariano y Santiago no supo que responder
-¿No le gustaría ver el proyecto?- Mariano negó y miró su reloj
-Iremos mañana a cenar si le parece bien. Mi esposa, Esperanza, siempre está presente cuando tenemos negociaciones así. No olvide llevar a su encantadora prometida- Mariano le informó el restaurante donde quería dicha reunión, estrechó su mano y se fue
Santiago hervía de rabia. No podía creer la osadía de esa mujer y mucho menos que tendría que negociar estando ella presente. La quería matar, pero dadas las circunstancias no podía hacerlo.
Cuando él estaba por salir de la empresa buscó la dirección de Carmen. Tendría que negociar con ella para seguir la farsa un día, pero no imaginaba lo que podría pedirle a cambio. Además, deberia comprar un anillo de compromiso.
-¡Maldita mujer!- Bramó enojado y salió de la empresa con tal mal humor que ninguno de los empleados se atrevió siquiera a mirarlo a los ojos
Ingresando la dirección de Carmen en su GPS, condujo hacia allí. Vio una sencilla vivienda de un solo piso con una modesta entrada para un solo vehículo en el frente y fue a golpear la puerta.
Quién lo atendió fue un hombre mayor que dedujo que era el padre de su antigua secretaria.
-Busco a la señorita Carmen Lobos
-¿Quién es usted?- Preguntó con curiosidad
-Su jefe. ¿Puede llamarla? Tenemos un asunto urgente que atender- Pidió impaciente
-Regrese más tarde, ella no se encuentra- Santiago se dirigió a su vehículo y se sentó a esperar allí dentro
Al cabo de una hora, ella no había llegado. Su humor empeoró con el correr de los minutos que rápidamente se convirtieron en tres horas sin rastro de esa malvada y descarada mujer.
Él estacionó su vehículo bloqueando la entrada de Carmen. Cuando llegara, no tendría más opciones que hablar con él. De allí no se iría hasta conseguirlo.