Irina Vólkov es la vergüenza de su familia. Omega sin loba, gorda y relegada a fregar platos mientras su hermana gemela Astrid brilla como la bendecida por la diosa luna. La noche de su cumpleaños 18, su padre la anuncia como ofrenda al Rey Theron Blackmoor — un alfa maldito del que nadie habla sin bajar la voz.
Lo que nadie sabe es que antes de esa noche, en un lago escondido entre las montañas, una bestia enorme la encontró desnuda bajo la luna. No la atacó. Solo la miró. Como si la estuviera esperando.
Ahora Irina está encerrada en un castillo oscuro con un rey que la desprecia de día y una bestia que duerme a sus pies de noche. Con una ceremonia que puede unirla a él para siempre — o matarla si la diosa luna decide que no es suficiente. Con una hermana dispuesta a todo por quitarle lo que tiene. Y con una loba despertando dentro de ella que le susurra lo que Irina se niega a aceptar:
Que la bestia la eligió primero.
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CAPÍTULO 7 Kira
Esa noche, Irina no cerró la puerta.
No supo por qué. O sí lo supo, pero no quería admitirlo. Después de un día soportando a Catalina, comprando un vestido para una ceremonia que podía matarla, escuchando a Selene restregarle sus tardes con Theron y casi siendo atropellada por una camioneta, lo único que quería era que algo en su vida tuviera sentido.
Y lo único que tenía sentido era la bestia echada en su piso.
Se acostó. Apagó la luz. Esperó.
No tuvo que esperar mucho.
Los pasos pesados vibraron en el pasillo. La puerta abierta se oscureció con la silueta enorme que ya conocía. Los ojos amarillos la encontraron en la oscuridad.
—Pasa —dijo en voz baja.
La bestia entró. Cuidadosa. Cada pata colocada con esa delicadeza absurda. Se detuvo junto a la cama.
Y entonces la voz habló.
No fue un instinto. No fue un empujón. Fue una voz. Clara, femenina, ronca, con el tono de alguien que lleva demasiado tiempo esperando ser escuchada.
Déjame salir.
Irina se sentó de golpe.
¿Quién eres?
Soy tú. La parte de ti que lleva dieciocho años encerrada. Me llamo Kira.
¿Kira?
¿Esperabas algo más elegante? Tengo dieciocho años de atraso, no estoy para trivialidades. Déjame salir. Necesito estar con él.
¿Estar con él? ¿Con eso?Irina miró a la bestia que la observaba con esos ojos amarillos pacientes.
Eso es nuestro compañero. Y necesita que nos transformemos. Ahora.
No sé cómo hacerlo.
Yo sí. Déjame guiarte.
Irina miró a la bestia. La bestia la miraba a ella. Dos criaturas en la oscuridad esperándose.
Si esto sale mal, Kira...
No va a salir mal. Confía en mí.
Se concentró. Kira la guió desde adentro. El cambio fue diferente esta vez: no la explosión de dolor de aquella noche en el bosque sino algo más suave, como soltar un músculo que llevaba años apretado. Los huesos se reacomodaron. La piel cedió. En segundos estaba en cuatro patas sobre la cama.
La bestia levantó la cabeza. Los ojos amarillos se abrieron con algo que parecía sorpresa. Emitió un sonido bajo, profundo, que no era un gruñido. Era reconocimiento.
Kira respondió. Un gemido suave que le salió del pecho sin permiso. La bestia se acercó y rozó su hocico contra el de ella con una delicadeza que contradecía todo lo que su cuerpo representaba.
Irina lo sentía desde adentro. El calor. La vibración del ronroneo. El pelaje erizándose cuando Kira le lamía el cuello. Era íntimo. No sexual, pero más intenso que cualquier cosa que hubiera experimentado.
La bestia se subió a la cama. La cama crujió pidiendo clemencia. Kira se acurrucó contra su costado, el hocico hundido en su pelaje, las patas sobre su lomo.
Está sufriendo, susurró Kira mientras Irina se hundía en el sueño. Cada noche es una prisión para él. Pero con nosotras descansa. Somos su paz, Irina.
Irina quiso responder pero el calor y el ronroneo la arrastraron.
Durmió mejor que en toda su vida.
La despertó la luz del sol y un brazo alrededor de su cintura.
No peludo. Humano. Musculoso. Caliente. Pegado a ella con la posesividad inconsciente de alguien que duerme profundo.
Estaba desnuda. Él estaba desnudo. Su espalda contra el pecho de él. Las piernas enredadas. Su respiración en su nuca.
KIRA.
¿Mmm?
¿QUÉ HICISTE?
Dormí con nuestro compañero. ¿Cuál es el problema?
¡Estoy desnuda en una cama con un hombre que me trata como un mueble!
Es nuestro hombre. Acostúmbrate. No pasó nada. La bestia y yo dormimos. Él necesitaba descansar y nosotras también.
Te voy a matar. En cuanto descubra cómo matar a una voz dentro de mi cabeza, lo voy a hacer.
Intentó moverse. Imposible. El brazo de Theron la tenía sujeta como una prensa. Cada vez que se deslizaba, él la apretaba más.
Maldito seas, suéltame, maldito animal, maldita loba traidora, maldita diosa luna...
—Puedo escuchar eso —dijo una voz grave detrás de ella.
Irina se congeló.
—¿Qué?
Theron se movió. Su brazo la soltó. Se sentó en la cama con el ceño fruncido y el pelo revuelto.
—Las maldiciones. Las escuché. No las palabras exactas, pero llega algo. Como estática furiosa.
—¿Puedes oír lo que pienso?
—Cuando tu loba grita con esa intensidad, llega algo.
Ahora el hombre que me ignora de día puede escucharme maldecirlo cuando estoy desnuda en su cama. La diosa luna debería dedicarse a la comedia.
—Eso también lo escuché —dijo Theron.
—¡Deja de escuchar!
—¡Deja de gritar mentalmente!
Se miraron. Él desnudo en la cama. Ella tapándose con la sábana. Los dos furiosos.
—¿Pasó algo anoche? —preguntó Irina con los nudillos blancos en la sábana.
—No lo sé. No recuerdo las noches.
—Kira dice que no.
—¿Kira?
—Mi loba. Se llama Kira. Y es una traidora con pésimo sentido de los límites.
Te escuché, dijo Kira.
Bien.
Theron se levantó sin cubrirse. Caminó hacia la puerta.
—Esto no puede seguir pasando —dijo sin voltearse.
—Díselo a tu bestia. Yo no la invité la primera vez y Kira la invitó la segunda. Tu mitad y mi mitad están de acuerdo en algo, aunque nosotros no.
Se detuvo en el marco. Giró la cabeza apenas.
—Tu loba tiene un pésimo sentido de los límites.
—Dile algo que no sepa.
Se fue. Desnudo. Sin cerrar la puerta.
Irina apenas había terminado de vestirse cuando Ezra apareció con cara de malas noticias.
—Tienes visita.
—¿Visita? La única gente que conozco está en este castillo y ninguna me cae bien.
—No son de aquí.
Algo en su tono le heló la sangre. Lo siguió hasta el salón del trono donde Theron ya estaba de pie con los brazos cruzados. Catalina estaba sentada a un lado, con las piernas cruzadas y una taza de té, observando la escena con la calma de alguien que va al teatro.
Y frente a ellos, como si el castillo les perteneciera, estaban Viktor y Astrid.
Viktor llevaba un traje oscuro y esa expresión de autoridad que usaba para impresionar. Astrid, a su lado, con un vestido rojo, pelo platinado en un moño perfecto y una sonrisa que cortaba.
—Hermanita —dijo al verla entrar—. Qué bien te ves. El castillo te sienta.
—¿Qué hacen aquí? —dijo Irina, mirando a su padre.
Viktor no le respondió a ella. Le habló a Theron.
—Rey Blackmoor, venimos a formalizar los términos de la unión y la compensación acordada por la entrega de nuestra hija.
Compensación. Dinero. Tierras. Me vendió y viene a cobrar.
Catalina dejó la taza en la mesa con un clic preciso. No dijo nada. Miraba a Astrid con esos ojos grises idénticos a los de Theron, recorriéndola de arriba abajo sin prisa, catalogando cada detalle: el vestido, el maquillaje, la postura, la sonrisa demasiado perfecta. No con hostilidad. Con algo peor: con la frialdad analítica de alguien que evalúa una amenaza y le pone nota.
Astrid sintió la mirada. Se giró hacia Catalina con esa confianza que nunca la abandonaba.
—Usted debe ser la Reina Madre. Es un honor.
Catalina tomó un sorbo de té.
—¿Lo es? —dijo, y no añadió nada más.
El silencio fue más cortante que cualquier insulto. Astrid parpadeó. No estaba acostumbrada a que la gente no respondiera a su encanto. Recalculó, amplió la sonrisa y se volvió hacia Irina.
Se acercó hasta quedar a su lado. Le susurró:
—Linda ropa. Mucho mejor que los vestidos grises. Parece que ser la mascota del rey tiene sus beneficios.
Irina apretó los puños.
Tranquila, le dijo a Kira.
No, respondió Kira. Esa mujer huele a veneno.
—¿Te trata bien el rey? —preguntó Astrid en voz alta, para que todos oyeran—. Papá y yo estamos muy preocupados por tu bienestar. ¿Verdad, papá?
Viktor no respondió. Seguía negociando con Theron como si Irina fuera un artículo despachado cuya garantía no le interesaba.
Catalina observaba. No intervenía. No hablaba. Pero sus ojos no se perdían nada. Pasaban de Astrid a Viktor a Irina como un radar silencioso que registraba cada gesto, cada tono, cada mentira mal disimulada.
Astrid la miró a los ojos.
—¿Te trata bien, hermanita? Porque si no eres feliz aquí, puedo hablar con papá. Podemos buscar una solución. Tal vez alguien más... preparada podría ocupar tu lugar.
Ahí estaba. Dicho en voz alta, delante de todos, con esa sonrisa de seda.
Irina la miró. Dieciocho años de insultos, de humillaciones, de ser la sombra de esta mujer que ahora venía a quitarle lo único que tenía. Que ni siquiera quería. Pero que era suyo.
—No necesito que nadie ocupe mi lugar, Astrid. Ni siquiera sé si quiero estar aquí. Pero de lo que sí estoy segura es de que tú no viniste a ayudarme. Viniste a ver qué podías llevarte.
Astrid parpadeó. La sonrisa se le endureció.
Catalina dejó la taza en la mesa. Habló por primera vez desde que llegaron los Vólkov. Su voz fue suave, clara, y absolutamente letal.
—Ezra, prepara habitaciones para nuestros invitados en el ala sur. —Miró a Viktor—. Lejos del ala principal. Y, señorita Vólkov —miró a Astrid—, le sugiero que durante su estadía se limite a los espacios comunes. El castillo tiene zonas que no son seguras para visitantes.
No era una advertencia.
Era una línea.
Astrid la miró con esos ojos azules que encantaban a todo el mundo. Catalina le devolvió la mirada con esos ojos grises que no se encantaban con nada.
—Por supuesto, Reina Madre —dijo Astrid con una reverencia perfecta.
Pero Irina vio algo en la cara de su hermana que conocía demasiado bien. Esa mirada que Astrid ponía cuando alguien le decía que no podía tener algo.
La mirada que decía: ya veremos.
conchole que toda la energía negativa que carga el hijo de la bruja se le devuelva y nada arruine el ritual de la Luna Roja 🤞🏼🤞🏼🤞🏼🤞🏼
felicidades AUTORA