Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 6
Amara Láska, ese es mi nuevo nombre, me alegra al menos conservar mi nombre, me gustaba mucho y no quería tener que cambiarlo, bueno como sea, soy la hija de un conde muy rico, y casi nunca veo a mis padres, mi padre siempre está trabajando y mi madre en reuniones con las mujeres de la alta sociedad, esta niña fue criada por niñeras y por su hermana, quien a pesar de ser solo 2 años mayor que ella tomo el rol de madre, la vida de esta chica había pasado sin muchos contratiempos hasta que, tras cumplir 16 años, que es la mayoría de edad en este lugar, se le comunico que se casaría con el temible vizconde Tamsa, que es Dargan, a pesar de que ambas chicas les rogaron a su padres que cancelaran el compromiso, incluso la hermana mayor de Amara le rogo a su prometido que la ayudara a cancelar el compromiso de su hermana, su prometido es el príncipe heredero, nada se pudo hacer, esta era una orden del rey y nada se podía hacer, por lo que Amara se encerró en su habitación, en donde intento quitarse la vida con veneno que consiguió en el mercado negro de la ciudad, un veneno que claramente no funciono, porque ella vive y se casa para luego ser asesinada, fue aquí donde intervino Dios, cambiando mi alma por la de esta chica en su momento más vulnerable, y deseo de todo corazón que pueda ser feliz a donde sea que Dios la lleve.
Ya conociendo la historia del cuerpo que ahora si me acerco al espejo y por el amor de Dios, soy una niña, y es que, según sus recuerdos, tengo 16 años, casi recién cumplidos, por lo que aún son una niña, otra cosa que me impresionó es lo parecidas que somos esta Amara y yo, y es que es como verme joven de nuevo, aunque claro con algunos cambios, como el color de mis ojos y de mi cabello, los cuales pasaron de ser marrones y castaño a ser amarillos y verde respectivamente, la verdad nunca me convenció el color verde en el cabello, en mi vejes una vez me lo teñí de ese color, y no me gusto para nada, pero ahora que lo veo, puedo decir que el problema no fue el color, más bien fue el tono que elegí, porque la verdad se ve muy bien.
No tengo tiempo de seguir admirándome en el espejo cuando la mujer que me vio en el balcón entra acompañada de otras tres mujeres más, quienes visten igual a la primera, y de un hombre con traje que trae un maletín consigo.
- Señorita Láska, no es conveniente que esté de pie, su condición es delicada y debe descansar – me dice el hombre, mientras dos de las mujeres me toman con delicadeza y me guían hasta la cama, en donde, una vez estoy de nuevo acostada, el hombre, que asumo que es un médico, me revisa.
Yo obedezco dócilmente, y es que, si bien me siento en perfecta condición, no puedo asegurarlo, no soy médico, por lo que la opinión del médico me será de mucha utilidad para saber en qué condiciones me encuentro; al fin y al cabo, este cuerpo consumió veneno, por lo que una revisión nunca está de más.
El hombre me hizo una revisión completa; la verdad, no fue tan diferente a las que me hacía anualmente en mi otra vida; si bien los instrumentos no eran los mismos, el resultado sí. La verdad, quedé muy satisfecha con su trabajo; cuando me casara, me aseguraría de conseguir su contacto para que me siguiera tratando. Yo siempre fui del pensamiento de que un buen médico es como un buen hombre: nunca debes dejarlo ir.
- Es todo un milagro, señorita Láska, su salud se ha recuperado por completo, no veo ningún indicio de que haya veneno en su sistema, por lo que con alegría puedo decirle que ya puede retomar sus actividades con normalidad – me dice el médico, a lo que yo sonrío al saber que estoy bien.
- Muchas gracias por tratarme – me agradezco sin quitar la sonrisa de mi rostro.
- No tiene que agradecer, señorita – me dice mientras me mira con algo de lástima.
Después de revisarme, el médico procede a guardar sus cosas e irse acompañado de dos de las mucamas, mientras que las otras dos se quedan en la habitación mirándome fijamente.
Tardé como 30 segundos en deducir por qué me miraban tan fijamente sin decir nada; ellas estaban esperando mis indicaciones. Esto es algo que yo nunca he vivido, pero como buena mujer que pasó de los 50 años, vi muchas novelas que puedo usar de referencia para este tipo de situaciones, además de que tengo los recuerdos de la otra Amara, así que tengo suficiente material en mi memoria para hacer frente a estas situaciones que son algo totalmente nuevo para mí.
- Deseo salir de mi habitación, ¿podrían ayudarme a prepárame? – les pido mientras me levanto, solo que esta vez me fue más fácil, ya que estaba a la orilla de la cama.
- Enseguida mi señorita – me dicen ambas, y cada una se dirige a una de las puertas que aún no he investigado, la primera desaparece detrás de una de las puertas, mientras que la segunda mucama abre la otra puerta de par en par mostrándome que de otro lado hay un enorme armario, al que me acerco fascinada por lo que veo, decenas y docenas de hermosos vestidos forran la paredes del armario, así como varias filas de zapatos adornan el suelo y yo sin dudarlo comienzo a revisar todo para elegir por mí misma que ponerme.
La mucama a mi lado me mira extrañada, y es que la otra Amara solía esperar a que ella le eligiera qué ponerse, pero yo no soy así y, aunque esto le cause extrañeza a quienes conocían a la otra Amara, no pienso actuar como alguien más. Además, no me quedaré mucho tiempo, y es que, según lo que me mostró Dios, mi boda será dentro de muy poco y tras esta tendré que mudarme con mi esposo.
Revisó vestido por vestido hasta que encuentro uno que me gusta, este es de color celeste con detalles en encaje de color blanco. También las mangas del vestido, así como el escote de este, son de color blanco; la verdad es que es muy bonito y sé que quedará muy bien con mi nuevo tono de cabello y ojos, por lo que lo saco de su percha enseguida.
- Quiero ponerme este – le digo a la mucama mientras se lo paso, a lo que ella lo toma con una agilidad que me impresiona, y es que a mí me costó sacarlo de su lugar debido a que es un poco pesado, pero ella lo tomó como si nada.
- Así será mi señorita – me dice, a lo que yo le agradezco y salgo de la habitación, en donde puedo ver que la mucama ya me espera dentro de la habitación, junto a otra mujer que no había visto antes, pero por su ropa sé que es otra sirvienta de la mansión.
- Su baño ya fue preparado – me dice una de las mujeres mientras se acerca a mí, y nuevamente las novelas me iluminan y sé qué es lo que quieren hacer.
- Yo puedo sola, esperen aquí, ya que para ponerme el vestido las necesitaré – les digo con una sonrisa mientras entro a la otra puerta, la cual, tal como sospeché, es un baño.
Aunque llamarlo baño es un insulto, este lugar es hermoso; todo está decorado en oro, desde la bañera hasta los demás muebles. El lugar parece ser por completo de mármol de color beige con un tono marrón no muy oscuro; la verdad es que es muy elegante para ser un baño.
Puedo ver que la tina ya está preparada, por lo que me deshago de mi ropa y me meto a dar una ducha, y mientras me aseo, no dejo que mi mente comience a planear mi próximo movimiento. Obviamente, este será encontrarme con Dargan y comenzar a entablar una relación con él, pero la verdad no sabía cómo hacerlo, y tras terminar de asearme, aún no tenía ideas. Lo seguiría pensando a lo largo del día, y en caso de no pensar en nada, improvisaría.
Salgo del baño en donde las tres mucamas me ayudan a vestirme, y bueno, si bien fue una experiencia un tanto extraña para mí, no podía negarme; no había posibilidad de que pudiera ponerme ese vestido yo sola.
Una vez terminaron de vestirme, me peinaron y maquillaron (a petición mía dejaron mi cabello suelto y solo me colocaron una peineta de flores para evitar que el cabello me estorbara en el rostro y también solo me pusieron un poco de brillo en los labios; aún era joven para maquillarme) y me colocaron algunas piezas de joyería que complementaban el vestido y, una vez que estuve lista, salí a explorar el lugar.