Ece
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capitulo 6
Creo que Bianca es la mejor amiga que puede tener, pero hay días en que la odio jajaja.
Veo a mi gata en el baño se estiro con pereza. Qué flojera tan inmensa tenemos ambas creo que por eso somos la una para la otra.
Me siento sobre la cama y muevo mis pies de un lado a otro mirando a la nada, mi vista pérdida.
«¡Ah! Que vida tan inútil tengo».
Me acuesto de nuevo sobre la cama, tallo mis ojos y bostezo. Quiero dormir otra vez
—Ece, ¿estás despierta, cielo?,grita mí abuelo desde abajo.
¿Sería malo fingir estar dormida?
Creo que sí, posiblemente si no le contesto venga y me levante a punta de cosquillas y chistes que no estoy dispuesta a soportar.
Decido que lo más sensato es contestar.
— ¡Sí! -grito para que me escuche.
— Necesito que vayas a hacer las compras, respondió mi abuela
¡Ah, maldita sea! Mis días sagrados se están yendo a la mierda. Supongo que es el precio de crecer y pedir que te traten como una mujer y no como una bebé.
Suspiro en busca de paz interior.
Vamos, Ece. Inhala paz, exhala amor.
Está bien, sólo...voy a darme un baño.
Reúno todas las fuerzas posibles hasta que me logro levantar de la cama. Me estiro ya de pie y abro las cortinas.
Dios, el día está precioso: el cielo está azul, aves cantando... el día perfecto para quedarse a dormir todo el día ja, ja, ja.
Lastima que mis abues y mejor amiga arruinan los planes, digo, son expertas en hacerlo.
Me doy una ducha rápida que me energiza por completo. Salgo del cuarto de baño envuelta en una toalla, mi ventana está abierta por lo cual se ve el cuarto de mi irritante mejor amigo, por suerte a ésta hora está dormido, creo.
No me preocupo en cerrar las cortinas pues confío en que todo el mundo está durmiendo como yo debería estarlo, me quito la toalla mientras camino hacia mi armario.
Ya cerca de éste tomo una de mis prendas favoritas de ropa interior, unas bragas de algodón y sostén a juego. Amo las prendas íntimas en colores gris, negro y blanco. Mi armario está llena de ellas, también tengo una que otras de series animadas de TV Sí, Bob esponja, spiderman y Toy Story están ahí.
Me la coloco rápidamente para luego caminar hacia la cama mientras pienso en que demonios ponerme. Remuevo con más violencia de la que deberías las perchas de ropa en el armario, como podrán ver soy bastante impaciente.
Algo cómodo...
Alzo un camisa de color negro con un dibujo raro en ella, no es mi preferida pero es cómoda, la lanzo sobre la cama y sigo buscando. Al final de cuentas termino eligiendo un short de mezclilla, es sencillo aunque algo viejo.
«Ah, no voy a un concurso de súper modelos, voy a la tienda».
Mis ojos se desvían al espejo de cuerpo completo que hay junto a mi armario.
Dios, de la nada he agarrado un par de kilos de más, no voy a negar que estas vacaciones he comido como un demonio y algo me dice que debo ejercitarme. Aunque la última vez no salió nada bien. Creo que casi sufro un paro cardíaco jajaja.
Sigo escaneando mi reflejo; mis piernas se agrandaron al igual que mis glúteos (no me quejo por eso), no puedo decir lo mismo de mi pecho más o menos plano, pero me gusta mi apariencia.
Me hago una coleta improvisada para poder vestirme.
Camino hacia el frente de la cama con ganas de analizar brevemente mi elección de atuendo. De la nada un silbido me saca de mis pensamientos.
—Guau, guau... ¿todo eso es tuyo?,la irritante voz de mi amigo se filtra por mis oídos.
El calor sube a mi cara al recordar que estoy en ropa interior, aunque no es nada nuevo debo admitir, siempre es tan entrometido y ve por mi venta que me cacha en ropa interior o en pleno intento de vestirme.
Además de eso somos mejores amigos, creo que me ha visto semidesnuda o en pañales desde siempre.
—No Roger, es de tu madre,respondo con sarcasmo y me doy vuelta para verlo de frente.
Sus ojos verdes me escanean y me sonríe descaradamente. Sí, es un jodido idiota.
— ¿De dónde sacaste ese cuerpo?,pregunta con curiosidad y diversión, cruza sus brazos y se apoya en el marco de la ventana de su cuarto luciendo interesado.
—Cuéntame ¿como se llama tu nuevo novio?
Alzo una ceja y le muestro una sonrisa cínica.
Se llama Cameron, chismoso, digo mientras le muestro el dedo medio.
Él posa su mano en el pecho fingiendo que guarda aquel momento en su corazón.
No sé cómo Roger llegó a tener tal confianza conmigo. Tal vez porque ambos nos vimos en pañales hasta crecer.
—No sabía que te gustaban maduros, aunque te advierto no te diré mamá te diré mamacita, respondió antes de empezar a reír.
— ¡muérete maldito!
—¿Por qué siempre eres tan agresiva? Responde mientras niega con su cabeza sin parar de reír, desaprobando mi acción anterior.
—Sólo quiero saber porque estoy seguro, cómo hombre que soy, que ese culo no lo conseguiste haciendo ejercicio.
—eso confirma mi teoría, ya que el tuyo lo tienes más grande que el mío digo mientras suelto una carcajada.
— ¿que quieres decir con eso?, yo tengo muchas novias y si quiero serás una de ellas, respondió en tono serio.
Adiós Roger,cierro la cortina con una sonrisa falsa en los labios.
Oye, Ece. Yo podría hacerte tener un mejor cuerpo grita, yo niego mientras ruedo los ojos. Ese chico no tiene remedio.
A Roger, lo conozco desde que nací prácticamente, nos criamos como hermanos, yo me la pasaba en su casa y él en la mía, pero todo cambió cuando llegó la adolescencia (aunque ya volvió a la normalidad).
La pubertad le pegó fuerte, el desarrollo le asentó a la perfección; desarrolló musculatura y facciones de hombre que a cualquier adolescente con hormonas vuelve loca, pasó de ser niño estúpido jugador de baloncesto a un sexy chico estúpido jugador de baloncesto.
Roger es el típico chico ardiente, ojos claros y un cuerpo atlético que me volvía loca. Cuando teníamos 15 años me di cuenta de que estaba enamorada de Roger 2.0 eso creía, aunque fue algo de días. Sé lo dije, yo no le gustaba, me pegó en ese momento pero me di cuenta de que Roger es sólo una cara bonita.
Cuando pasó el "resentimiento" debido a su rechazo me di tiempo para conocerlo muy a fondo, en medio de eso pude notar qué no era, ni es, mi tipo. Y considero que tenemos una muy buena amistad que no quisiera perder por nada del mundo.
Me pongo la ropa con rapidez y luego me coloco mis converses negras ya algo desgastadas. Tomo mi bolsa, teléfono y bajo.
— Bien, abuela. Creo que ya estoy lista,digo aun sin llegar a la cocina, ahí es donde ella se encuentra.
—Está bien, hija, respondió.
Cruzo el umbral de la cocina y ella está ahí barriendo. Saca de su bolsillo la tarjeta de débito, yo la tomo y la guardo en mi bolsillo de una vez.
- La lista está allí,señala la hoja que reposa sobre la barra.
Deposito un beso en su frente y me dispongo a salir.
Adiós, me despido, tomando la lista y saliendo de la cocina.
—Ve con cuidado, hija, gritó mi abuelo desde algún lugar de la casa.
Te amo viejito, grité.
Camino por el pasillo hasta la puerta, me distraigo con mi reflejo mirándome en el espejo cerca de la entrada.
Mi cabello está asqueroso aunque eso no es novedad, andar despeinada es lo mío.
Hago un intento de coleta baja y tomo mis lentes de sol sobre la mesita de al lado.