accidente… y despierta en el cuerpo de un personaje dentro de la novela que estaba leyendo.
No es una heroína.
No es alguien importante.
Es alguien destinada a morir.
Y lo peor… es saber exactamente a manos de quién.
El duque.
Frío, implacable y peligroso, el mismo hombre que en la historia original termina con su vida. Decidida a cambiar su destino, ella hará todo lo posible por mantenerse lejos de él.
Pero hay algo que no estaba en la novela.
Una conexión inexplicable.
Una mirada que la reconoce.
Un lazo que no puede romper.
Porque mientras ella intenta huir de su muerte…
él comienza a acercarse como si siempre le hubiera pertenecido.
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pesadillas
Por las noches tenia constantemente pesadillas
sueños vividos pero no era posible yo no era la verdadera Elara Velnis.
Desperté de golpe sudando a mares y asustada en partes iguales
El frío.
Las miradas.
El juicio.
—Elara Velnis… culpable de traición.
Mi corazón latía con fuerza.
—No… yo no…
Pero nadie escuchaba.
Nunca lo hicieron.
Todo ya estaba decidido.
El matrimonio…
La humillación…
Las mentiras…
Todo había sido una trampa.
Mirel.
Selena.
Todos.
El supuesto escándalo.
Las pruebas fabricadas.
Mi nombre destruido.
Mi vida… arrebatada.
Levanté la mirada.
Y ahí estaba él.
El duque.
Frío. Implacable.
Sin dudar.
Sin preguntar.
Sin saber la verdad.
Mis labios temblaron.
—Yo no…
Pero nunca terminé la frase.
El filo descendió.
Y todo… terminó.
Abrí los ojos de golpe.
Mi cuerpo temblaba.
El aire no entraba bien a mis pulmones.
—Así… fue como morí…
Una lágrima cayó sin darme cuenta.
No fue solo injusto.
Fue cruel.
Silencioso.
Definitivo.
Apreté los dientes.
—No esta vez…
Mi mirada se endureció.
Porque ahora sabía la verdad.
Y esta vez…
No iba a permitir que me convirtieran en una traidora.
—Esta vez… no moriré.
Las palabras salieron firmes.
Sin dudas.
Sin miedo.
Apreté la pluma entre mis dedos mientras observaba el cuaderno frente a mí.
Había comenzado a escribir todo.
Cada detalle.
Cada recuerdo de la novela.
Cada suceso importante.
Nombres. Fechas. Traiciones.
Nada podía escaparse.
—Si voy a sobrevivir… necesito saberlo todo.
Las páginas se llenaban poco a poco.
La princesa.
Nyra.
Virelya Northe.
El matrimonio forzado.
La falsa traición.
Mi muerte.
Mi mano se detuvo por un momento.
Respiré hondo.
—No dejaré que pase otra vez…
Cerré el cuaderno con decisión.
Los días pasaron.
Y con ellos…
Yo cambié.
Elara Velnis ya no era la misma.
El entrenamiento se volvió parte de mi rutina.
Mana por la mañana.
Control por la tarde.
Resistencia… por la noche.
—Otra vez —ordenó Spade.
Apreté la espada entre mis manos.
Pesada.
Demasiado.
Mi cuerpo protestaba.
Mis brazos temblaban.
—No puedo rendirme…
Di un paso al frente.
Ataqué.
El sonido del choque resonó en la sala de entrenamiento.
Spade bloqueó con facilidad.
—Débil.
—Lo sé… —murmuré, jadeando.
Volví a intentarlo.
Una vez más.
Y otra.
Y otra.
Hasta que mis manos comenzaron a adormecerse.
Hasta que mis piernas temblaron.
Hasta que mi cuerpo suplicaba descanso.
—Suficiente —dijo él finalmente.
Pero negué con la cabeza.
—Otra vez…
Porque no tenía opción.
Porque en la historia original…
Nunca fui fuerte.
Nunca luché.
Y por eso…
Morí.
Apreté los dientes y levanté la espada otra vez.
El siguiente golpe fue mejor.
Más firme.
Más preciso.
Spade lo desvió, pero esta vez…
Retrocedió un paso.
Mi respiración se agitó.
—Lo viste… —susurré.
Una pequeña victoria.
Pero suficiente.
Porque significaba algo.
Significaba que podía cambiar.
El agua también respondía mejor ahora.
Ya no era solo una gota.
Podía moldearla.
Moverla.
Atacar con ella.
No era perfecta.
Pero era… mía.
Esa noche, caí sobre la cama agotada.
Mis músculos dolían.
Mis manos ardían.
Pero sonreí levemente.
—Estoy avanzando…
Cerré los ojos.
Pero un pensamiento me golpeó de repente.
Las vacaciones.
Abrí los ojos de golpe.
Mi pecho se tensó.
—La casa…
No había regresado desde que entré a la academia.
Había evitado ese momento.
Había evitado…
verla.
Mi madre.
Mi familia.
Nyra.
Tragué saliva.
Sabía lo que significaba.
Ese lugar…
Era donde todo comenzaba realmente.
Donde las máscaras se volvían más peligrosas.
Donde las sonrisas ocultaban intenciones.
Y donde…
Mi destino original empezaba a cerrarse sobre mí.
Giré el rostro hacia la ventana.
La luna brillaba en silencio.
—Tendré que enfrentarlo…
Ya no podía seguir evitando.
Si quería cambiar la historia…
Tenía que entrar directamente al corazón del problema.
Mi mirada se volvió firme.
—Esta vez…
No voy a ser la misma Elara que regresa a casa para morir.
ya quiero saber que sige ☺️☺️☺️