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EL TRONO DE ÁMBAR

EL TRONO DE ÁMBAR

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Época / Posesivo
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

El destino de los imperios no siempre se decide en los campos de batalla, bañados en sangre y acero. A veces, el rumbo de la historia se tuerce en el silencio de un pasillo de seda, en el suspiro de un Omega que se niega a ser quebrado y en la mirada de un Sultán que descubre que su mayor conquista no es una tierra, sino un alma.

Dorian no era un regalo. Era una tormenta envuelta en gasa y orgullo. Selim no era solo un monarca. Era un fuego que lo consumía todo. En el corazón del Imperio Otomano, donde las leyes de los Alfas y Omegas son tan antiguas como el mismo Bósforo, un vínculo prohibido está a punto de nacer. Un vínculo que podría ser la salvación del Sultán... o el incendio que reduzca a cenizas su trono.

NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: El Ritual del Cáliz de Fuego y el Silencio del Sol

El Patio de los Cipreses estaba iluminado por cientos de antorchas que proyectaban sombras alargadas y amenazantes. Según la antigua tradición otomana, cuando un heredero estaba rodeado de sospechas, el consorte debía someterse al Ritual del Agua y el Humo: caminar sobre un sendero de brasas cubierto por una fina capa de seda mojada y beber del Cáliz de la Verdad ante el Consejo de los Ulemas. Si el cuerpo flaqueaba, el niño era considerado impuro.

Dorian apenas podía mantenerse en pie. Sus manos temblaban bajo las largas mangas de su túnica blanca, y su respiración era un silbido débil. El veneno en el aceite de masaje había empezado a atacar su sistema nervioso; sentía las piernas de plomo y un sabor a sangre constante en la boca.

Selim observaba desde su trono de piedra, pero su rostro ya no mostraba la dureza de un juez. Al ver a su "Sol", a su Dorian, tan demacrado, con los ojos hundidos y la piel casi transparente, una punzada de arrepentimiento le atravesó el pecho. La duda que su madre había plantado empezó a disolverse ante la cruda realidad: Dorian se estaba muriendo frente a sus ojos.

—¡Comenzad! —ordenó la Valide Sultan, cuya mirada brillaba con una anticipación macabra.

Dorian dio el primer paso. El calor de las brasas bajo la seda mojada era insoportable, pero el dolor físico era lo único que mantenía su mente despierta. Con cada paso, sentía que su corazón iba a estallar. Se aferraba a su vientre, no porque hubiera un hijo, sino para fingir la protección que Selim esperaba ver.

A mitad del camino, Dorian vaciló. Sus ojos se pusieron en blanco y un hilo de sangre oscura corrió por la comisura de su boca.

—¡Basta! —Selim se puso en pie, su voz quebrada por una angustia que no pudo contener—. ¡Mirad su estado! ¿Acaso no veis que no puede más? ¡Llamad a los médicos de inmediato, esto es una locura!

—Hijo mío, si se detiene ahora, la ley dirá que es culpable —advirtió la Valide con frialdad—. Dejad que demuestre su lealtad.

Dorian alzó la vista y encontró los ojos de Selim. Vio la culpa, el miedo y el amor desesperado del Sultán. Con un esfuerzo sobrehumano, usando hasta la última gota de su voluntad norteña, Dorian terminó el recorrido. Al llegar al final, tomó el pesado Cáliz de la Verdad. Sus dedos apenas tenían fuerza para sostener el metal.

Bebió. El líquido quemó su garganta, pero Dorian no soltó el cáliz hasta que estuvo vacío. Miró a la corte, a los visires y a la Valide con un orgullo que ni la muerte podía arrebatarle.

—He... cumplido —susurró Dorian, su voz apenas audible.

En el momento en que terminó la última palabra del ritual, la fuerza que sostenía a Dorian se esfumó. El cáliz de plata rodó por el mármol con un sonido metálico que pareció eterno. Dorian se desplomó, no con un grito, sino como una marioneta a la que le cortan los hilos.

—¡DORIAN! —Selim bajó los escalones del estrado de un salto, empujando a los guardias y ministros.

Llegó a él antes de que su cabeza golpeara el suelo. Selim lo estrechó contra su pecho, sintiendo lo ligero y frío que estaba el cuerpo de su consorte. El Sultán empezó a llorar, unas lágrimas amargas que caían sobre el rostro inconsciente de Dorian.

—¡Médicos! ¡Si no lo salvan, degollaré a cada hombre en este palacio! —rugió Selim, su mente ahora completamente despejada de las mentiras de su madre. Al ver a Dorian así, comprendió que el embarazo, la duda y el ritual habían sido una trampa mortal—. ¡Dorian, despierta! ¡Mírame, mi sol! ¡Perdóname!

Dorian no respondió. Había caído en un sueño profundo, un coma inducido por el agotamiento y el veneno que finalmente había alcanzado su punto crítico. Su pulso era tan débil que los médicos que se acercaron intercambiaron miradas de desesperanza.

Selim cargó a Dorian hacia la alcoba real, apartando a su madre violentamente cuando ella intentó decir algo. —Si muere, madre —le dijo Selim con una voz muerta y letal—, no habrá rincón en este imperio donde podáis esconderos de mi furia. Habéis destruido lo único que me mantenía humano.

Esa noche, el palacio quedó sumido en un silencio sepulcral. Selim no se apartó de la cama de Dorian. Sostenía su mano fría, suplicando a un Dios en el que a veces no creía que le devolviera a su compañero. Los médicos trabajaban frenéticamente, pero pronto descubrieron lo que Dorian ya sospechaba: no había rastro de un heredero, solo el rastro negro de un veneno persistente en su sangre.

Dorian estaba en el umbral entre la vida y la muerte, perdido en un sueño profundo donde los secretos del norte y las sombras del harén se mezclaban, mientras Selim, el León del Imperio, lloraba como un niño junto a su sol apagado.

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Andy Gomez
Muchas gracias 🫶
Espero disfruten esta nueva aventura
Patricia Manasse
Autora totalmente feluz con tus novelas! las boy leyendo todas👏
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