Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 24
Comemos en silencio, y tras terminar, una sombra se encarga de los platos sucios.
- Dargan, necesito salir de compras, ya que necesito ir a comprar los ingredientes de la comida, así como algunas otras cosas que necesito, pero no quiero llamar la atención, ¿por casualidad no hay algún vestido sencillo en la casa? – le pregunto.
Esta es una idea que se ha formado en mi cabeza desde que comencé a cocinar: necesitamos víveres, tanto perecederos, para usarlos al instante, como no perecederos, todo aquello que podamos almacenar para no tener que comprarlo a cada rato, pero mis vestidos eran demasiado voluminosos, por lo que no me sería cómodo andar con ellos, así que necesito algunos más sencillos; por lo que, aparte de los ingredientes para la comida, pensaba también ir a comprar algunos vestidos nuevos.
- Aquí no hay más ropa que la nuestra, pero si quieres una sombra puede ir a buscar lo que necesites.
- Eso sería una buena idea si no fuera porque a casi toda la gente de este reino les dejaron de funcionar sus neuronas y cada vez que ven alguna de tus sombras actúan como si la muerte hubiera llegado a ellos.
- Eso tiene una solución – me dice, mientras se ríe de lo que acabó de decir.
Dargan invoca una sombra, la cual no es diferente a las que suele invocar; luego se acerca a ella y pasa su mano frente a la sombra, y en los lugares en donde va pasando su mano, la sombra comienza a tomar forma, la forma de una persona.
- Así podrá ir sin levantar sospechas – me dice Dargan, y crea tres sombras más, que pasan por el mismo procedimiento – pídeles lo que quieras, ellas lo traerán, y si deseas que alguna de las sombras que te di haga lo mismo, con gusto las modificaré para ti, solo tendrás que decirles qué características desees que tengan y ellas las tomarán, pero eso sí, este hechizo solo dura algunas horas, por lo que deberás tener cuidado con el tiempo – me explica Dargan.
- Esto es increíble, gracias, eres el mejor, nunca lo dudes – le digo para luego darle un beso en la mejilla y procedo a explicarle a las sombras lo que quiero.
Durante mi explicación, Dargan volvió al trabajo, y yo me quedé con las sombras con forma humana.
Una vez estas se fueron, decido ir a ver a Dargan, y es que, al casarme con él, tengo entendido que me convertí en vizcondesa, por lo que debo tener deberes, así que decido preguntarle por ellos.
Guiada por una de mis sombras, llego a la oficina de Dargan, pero antes de siquiera poder tocar la puerta, esta se abre y Dargan me deja pasar.
La oficina de Dargan es hermosa, toda forrada de madera; el lugar tiene un aspecto increíble, y es que, a pesar de que era casi por completo del mismo material, al ser este madera, un material natural, no era de un color marrón monocromático, sino que se podían ver distinta tonalidades que le daban vida al lugar, el piso, como no podía ser de otra forma manera era de madera y sobre él había una alfombra con un diseño en dorado, rojo y azul que lo cubrían casi por completo, el lugar tenía un ventanal que le brindaba la iluminación necesaria, y los muebles que había en el lugar era un escritorio, una silla forrada de cuero marrón, dos libreros incrustados en la pared llenos de libros, y dos sillas un poco más sencillas que la que estaba detrás del escritorio pero del mismo color, y como no podía faltar, en medio de los dos libreros, detrás del escritorio, había dos cuadros, uno era un paisaje de un bosque, el otro, más pequeño, era un campo de flores, ambos cuadros que le daban el toque de color perfeto al lugar.
- ¿Qué te trae por aquí?, ¿hubo algún problema con las sombras? – me pregunta Dargan.
- No, para nada, con ellas todo bien; vine a preguntarte por mis deberes como vizcondesa.
- Así que era eso, la vizcondesa se encarga de administrar los gastos de la casa, así como del pago de los sirvientes y los deberes que estos deben hacer, pero aquí no hay sirvientes; si deseas, te puedo explicar los deberes que hacen las sombras, y sobre los gastos de la casa, puedo darte los registros para que puedas encargarte de ellos de ahora en adelante, aunque no hay mucho – me explica Dargan.
- Aun así, quiero verlo, y si hay algo en lo que creas que puedo ayudar, con gusto lo haré; soy buena aprendiendo – le digo con una sonrisa que Dargan me regresa.
- Lo tomaré en cuenta.
Dargan invoca una sombra, que trae con ella algunos libros, que asumo yo que son los gastos de ambas mansiones, y yo los tomo, y tras despedirme de Dargan con un beso en la mejilla, dejo su oficina y le pido a una de las sombras que me guíe a algún lugar en donde pueda leer cómodamente.
El lugar elegido por la sombra en una hermosa sala de estar, esta es de color crema en su totalidad, pero toda las paredes tienen distintos adornos en relieve pintados de dorado, desde líneas rectas hasta espirales y distinta formas más, que dan como resultado un diseño hermoso y elegante, que para nada lucia recargado, el suelo era de madera y está cubierto casi en su totalidad por una alfombra que solo era un poco más oscura que las paredes, también había una hermosa chimenea de color blanco con adornos en tono marrón, y sobre esta había un reloj y un par de candelabros dorados, los muebles consistían en algunas mesas colocadas para exhibir hermosos juegos de té, así como algunos floreros muy bellos, que lamentablemente no tenían flores en ellos, algo que yo pensaba cambiar, en el lugar habían tres sillones de dos plazas cada uno, de un color marrón claro con detalles en dorado, que en verdad lucían muy cómodos, y como no podía ser de otra manera, había unos pocos cuadros en el lugar, todos de menor tamaño, comparados con los que había en el resto de la casa, pero no por eso eran menos hermosos.
Sin dudarlo tomo asiento en uno de los sillones, el cual, tal y como imaginé, es muy cómodo, pero a pesar de eso, este no es el mejor lugar para trabajar, así que tendré que pedirle a Dargan que me adecue una oficina, pero por el momento esto sirve.
Al leer los papeles, veo que Dargan tenía razón: no hay mucho, y es que mes con mes Dargan destina parte de las ganancias del vizcondado para los gastos de la casa, y de eso no se toca casi nada. Sin empleados, no hay sueldos que pagar, ni tampoco gastos en comida más allá de la que consume Dargan, y ahora yo; tampoco existen gastos extraordinarios, como fiestas, reuniones o cosas por el estilo, así que los gastos son muy mínimos.
- Qué estúpidos – no puedo evitar decir en voz alta.
Y es que el dinero destinado al mantenimiento de ambas mansiones es enorme; si tuviéramos empleados, estos tendrían un salario más que justo, además de que las tareas de alto riesgo las seguirán haciendo las sombras, por lo que su trabajo también sería muy seguro, pero refieren creer tontos rumores antes de darle una oportunidad a Dargan; solo espero que el día que eso cambie no tarde mucho en llegar.