Madison Smith, profesora de 24 años.
Adam Brooks, chico de 19 años.
Dos personas que se vuelven a ver después de años, ahora ella siendo su profesora y él su alumno...
Ser su profesora y acostarse con su alumno podría traer problemas... ó quizás no
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Capítulo 23
...Madison...
¡Uff! Por fin un descanso, casi muero.... bueno no tan así, pero muero de hambre.
-Sam. -Llamo a mi secretaria que también es una buena amiga, al salir de mi oficina y no encontrarla me alarmo un poco mucho, ya que ella está con mis pequeños y le di órdenes claras de que no se moviera de aquí, sé que Dylan, no le dará problema alguno, la que me preocupa es Felicity, tiene la mania de cortar la ropa o cualquier cosa con tijeras y que aún me pregunto de dónde saca tantas de esas.
Busco por todo el piso pero no los encuentro, asi que bajo al piso donde se encuentra la oficina de Logan y Adam.
Busco por un lado pero sólo encuentro a Sam y a mi pequeño Dylan. ¡Joder! Seguro se le escapó Felicity y quién sabe qué cosas estará haciendo, de seguro tiene un par de tijeras.... Como siempre.
-Hijo. -Me acerqué a ellos, levanté a mi hijo en brazos y le di un pequeño beso en la mejilla para luego dirigir mi mirada a Sam.- ¿Dónde está Felicity?
-Yo... -Su mirada, su voz, prácticamente toda ella era puro nerviosismo.- Lo siento Maddie, me distraje un momento con Dylan, y cuando me quise dar cuenta Felicity ya no estaba. Al parecer tiene un par de tijeras, he visto a compañeros de trabajo que les falta un pedazo de tela.
-¡Maldita mocosa, arruinaste mi falda y mi cabello! -Eso se escuchaba desde la otra punta de donde nos encontrábamos nosotras.
M
e alarmó un poco bastante.
Al llegar donde provenían los gritos, pude ver a Emergilda, o como demonios se llamé, gritándole a mi pequeña.
Eso sí que no, esta chica con nombre raro y chistoso no le va a gritar a mi hija.
-Tú. -Casi que le grité.. bueno está bien, si le grité, llamando aún más la atención de los empleados que iban pasando.- Deja de gritarle. -Mi pequeña vino corriendo y se lanzó a mis brazos mientras lágrimas salían de sus ojos.- Ya esta, amor -Le susurro limpiando sus lágrimas.
Sabía que lo que hizo mi pequeña estaba mal, pero nadie le grita y la hace llorar de esta forma. Admito que le hizo un favor al cortarle el cabello.
- Sam, lléva a los niños a mi oficina. -Espere que se fueran para volver mi mirada a Emergilda.- Y tú, no le vuelves a gritar a MÍ hija ni hacerla llorar. -Estaba seria, realmente seria.
-Esa maldita mocosa cortó mi cabello y mi falda ¿Sabes lo cara que es? -Gritó.
¿Maldita mocosa dijo? Esta perra hija de fruta.
-Cállate antes de que haga que te despidan.
La falda te la puedo pagar, no vuelvas a gritarle, Emergilda o como sea que te llames.
En cuanto me estaba por marchar la escuché murmurar una grosería.
Si no fuera profesional le daría un puñetazo aquí mismo.
(...)
-Felicity. -Dije apenas entré a mi oficina.- ¿Qué te he dicho sobre las tijeras? No debes cortar la ropa de las personas, ¡Te lo dije miles de veces!
-¿Su cabello si? -Preguntó.
-¡No, no puedes cortar nada de nada! Entrega todas las tijeras que tengas ahora mismo.
De los pequeños bolsillos de su pantalón sacó unas cinco tijeras.
¿Cómo caben tantas tijeras en un pequeño bolsillo? No tengo idea.
(...)
Hoy era el cumpleaños de Honey, cumplía tres años.
Con Natalie, estábamos arreglando el jardín, haremos una pequeña fiesta donde asistirán familiares y sus compañeros de guardería.
Honey estuvo muy emocionada toda la samana con que tendría su fiesta de cumpleaños, tan emocionada que estuvo más pegada a Felicity, y cogió la maña de cortar la ropa al igual que ella.
Mi pequeño estaba normal, con normal me refiero a siempre callado y solitario. Mi pequeño es un niño muy retraído, el psicólogo dijo que puede ser por la falta de una figura paterna en su vida.
Eso me recordó al inútil de Azael, maldito infeliz, volvió cuando mis hijos tenían tan sólo 5 meses de vida, me plantó una historia de mierda donde él, se hacía cargo de mis hijos, le daba amor y blah, blah, blah. Duró sólo una semana ¡Una semana! Y se largó, no aguantó el llanto, los pañales sucios... Es un maldito imbécil desgraciado.
Al intentar bajar de la silla, donde estaba para poder colgar los adornos, un mareo me invadió y caí.
Solo me golpee la mejilla con una pequeña roca.
-¡Por Dios! -Escuche el grito de Natalie, en menos de un segundo la tenía a mi lado ayudándome a levantar.- ¿Estás bien? -Preguntó, mientras me examinaba el rostro.
-Estoy bien, Natalie. -Le sonreí, bueno, más que una sonrisa fue una mueca de dolor.
¡Joder! Ahora que el golpe se enfrió dolía como la mierda.
-¿Cómo fue que caiste? -Mientras hablaba me arrastraba con ella hasta la cocina y sacaba un poco de hielo del refrigerador.
-Tuve un pequeño mareo y caí. -Me escogí de hombros.
-Los mareos que tienes no son normales, Maddie.
Lo sabía. También sabía que la causa era por mi alimentación, no estuve comiendo bien, últimamente tenía tanto trabajo que apenas si comía algo por la noche.
-Tienes el pómulo muy inflamado -Puso el hielo en la zona afectada.- Puedes quedarte aquí mientras yo termino.
-No, claro que no, sólo es un golpe pequeño -Vaya que no lo era, como dije, ¡duele como la mierda!- Tu estás embarazada y no te debes esforzar mucho. Deja que termine yo.
(...)
Había niños revoloteando por todas partes.
Lo que más llamó mi atención fue ver a un niño con el ceño fruncido y cruzado de brazos, y lo que llamó aún más mi atención fue ver a Honey y a Felicity... con tijeras en sus manos.
-¡Niñas! -Apenas vieron que me acercaba salieron corriendo tirando las tijeras al suelo.- Cariño. -No tenía idea de quién era este niño.- ¿Cortaron tu ropa?
El niño asintió con el ceño aún más fruncido.
-Vamos cariño, cambiaremos tu ropa ¿Si? -Lo tome en brazos y subimos hasta la habitación de Dylan.- ¿Esto te gusta?
Le enseñe unos vaqueros negros y una camisa blanca con puntos negros, era una camisa que a Dylan no le gustaba así que estaba nueva. Él asintió.
Le quité su camisa con unos agujeros horribles en la espalda. Estas niñas, necesito deshacerme de todas las tijeras de la casa.
Cuando iba a quitar su pequeño vaquero azul, con muchos agujeros, justo entraron corriendo Honey y Felicity, y me detuvo haciendo que lo mire.
-Pipi no.
No comprendí lo que decía hasta que vi como cubría su "Pipi" mientras negaba.
-Niñas. -Las regañe.- Denme todas las tijeras que tienen en este momento -Extendi mi mano hacia ellas y me entregaron las tijeras.- Y las que tienen escondidas -Sacaron demasiadas tijeras y me las dieron.- Y después de la fiesta tendrán un castigo, no pueden ir por ahí cortando la ropa de la gente, ya se los dije miles de veces, niñas. -Hicieron un puchero adorable, con eso no me convencían pero aún así las dejé irse.- Bien. -Me volteo hacia el pequeño niño que aún no sé su nombre y le cambie la ropa.- Vamos cariño. -Él sonrió, la primera vez desde que lo veo.- Buscaremos a tu mami ¿Si?
-¿Mami? No tendo -Sus pequeños ojitos se llenaron de lágrimas haciendo que se me rompa el corazón y quiera llorar con él.
-No llores cariño. -Limpio las pequeñas lágrimas que se deslizaban por sus mejillas.- ¿Viniste con tu papi? -Espero que tenga uno. Juro que lloraria si me dice que tampoco tiene un papá.
-Si.
Un alivio me invadió al oírlo.
-Bien, vamos a buscarlo.
-¡Papi! -Gritó y se empezó a mover como gusano para que lo bajara al suelo. Así lo hice y corrió en dirección a... Adam.
¡Joder! Tiene un hijo.