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Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor eterno
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maggy Mouses

🚫 Novela en Emisión 🚫

Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.

​Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.

​¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?

NovelToon tiene autorización de Maggy Mouses para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: El Rostro de la Desconfianza

En el último piso del Holding Brunner, el murmullo habitual de las oficinas se cortó en seco cuando una mujer cruzó el vestíbulo hacia el despacho principal. La secretaria de Axel se puso de pie, intentando detenerla sin éxito.

—Señorita, no puede pasar sin... —la voz de la empleada se apagó cuando la mujer simplemente abrió la puerta doble de par en par.

Axel levantó la vista de sus documentos, frunciendo el ceño ante la interrupción. Frente a él estaba una joven de mirada eléctrica y postura desafiante. Le tomó un par de segundos procesar su rostro, la recordaba perfectamente de la reunión de inversores en Madrid y de aquella tensa cena en el restaurante semanas después.

—Chloe Vane —dijo Axel, dejando la pluma sobre el escritorio—. No recuerdo haber agendado una reunión contigo hoy. Y menos una que no requiera llamar a la puerta.

—He hablado con Julien —respondió ella, ignorando su comentario y lanzando su bolso sobre una de las sillas de cuero—. Me ha dicho que te casaste con Molly mientras ella está en coma. ¿De verdad has tenido la poca vergüenza de aprovecharte de que no puede abrir los ojos para ponerle tu apellido?

Axel se recostó en su silla, observando la agitación de la joven con una parsimonia que solo aumentó la irritación de ella.

—Se llama protección. Concepto que veo que no manejas muy bien, dada tu falta de modales —soltó Axel con una voz seria.

—¡Protección mis narices! —Chloe golpeó el escritorio con la palma de la mano—. Esto es un secuestro legal. Eres un tipo frío y calculador que solo ve números. ¿Dónde la tienes? Llévame con ella ahora mismo o te juro que armo un escándalo en la puerta de este edificio que hundirá tus acciones antes de la cena.

Axel se puso de pie lentamente, manteniendo la mirada gélida.

—No me gustan los berrinches, y mucho menos las insolencias —sentenció él—. Iba a dejar que la vieras hoy mismo, pero tu actitud me confirma que solo serías una distracción molesta en la clínica. No vas a verla. No hoy.

—¿Qué has dicho? —Chloe entrecerró los ojos, incrédula.

—Molly será trasladada a mi casa en dos días. Hasta entonces, no tienes mi autorización para acercarte a ella —sentenció Axel, rodeando el escritorio para quedar frente a ella—. Soy su marido ante la ley, Chloe. Mi palabra es la única que cuenta ahora. Vete a un hotel y, si en cuarenta y ocho horas aprendes a dirigirte a mí con el respeto que exijo, enviaré un coche para que vayas a mi mansión.

Chloe apretó los dientes, temblando de rabia contenida.

—Eres un animal, Brunner.

—Y tú eres una visita que acaba de perder su pase de entrada. Largo de mi oficina.

Chloe agarró su bolso y salió del despacho dando un portazo que resonó en todo el pasillo. Segundos después, la puerta lateral se abrió y Stefan entró, negando con la cabeza.

—Te has pasado, Axel —dijo Stefan, cruzándose de brazos—. Es la mejor amiga de Molly. Ha cruzado el océano y la castigas prohibiéndole verla solo porque te ha gritado un poco. No son formas.

Axel soltó un suspiro de frustración y volvió a sentarse, masajeándose las sienes.

—Tenía que hacerlo así, Stefan. Chloe Vane no es una aliada, es un dolor de cabeza. Es insoportable, insolente y si la dejo entrar en la clínica ahora, intentará boicotear cada decisión que tome Hans. Necesito que entienda desde el primer segundo quién manda aquí si queremos que Molly sobreviva.

Stefan suspiró, mirando hacia la puerta por donde Chloe había desaparecido.

—Tal vez tengas razón en que es difícil, pero acabas de ganarte una enemiga que no se va a rendir. Y esa mujer no parece de las que olvidan un castigo.

Chloe abrió la puerta del apartamento y el silencio la golpeó como una bofetada, era el hogar que compartía con Molly. Ver las tazas favoritas de su amiga en el estante y su chaqueta todavía colgada en el recibidor hizo que la armadura de mujer de hierro se desmoronara por completo. Se dejó caer en el sofá, rodeada de los recuerdos de una vida que Axel Brunner había decidido confiscar con un contrato de matrimonio.

Allí, en la soledad de su sala, se permitió llorar. Lloró por la impotencia y por la rabia de haber sido humillada por un hombre que la trataba como a una intrusa en la vida de su propia familia elegida. Axel se creía el dueño del tablero, pero para Chloe, él no era más que un usurpador frío que se había interpuesto entre ellas aprovechando la tragedia.

—¿Quién se cree que es? —susurró Chloe, limpiándose las lágrimas con rabia—. ¿Un guardián? Es un maldito muro de hielo. Cuarenta y ocho horas… —repitió, dejando escapar una risa seca—. Cree que puede manejar todo como si fueran números.

Se puso de pie y empezó a caminar de un lado a otro por el pasillo, mirando las horas pasar con una desesperación que quemaba. Las cuarenta y ocho horas de "castigo" que Axel le había impuesto eran una tortura, una forma de recordarle que ahora él tenía la llave de la celda de cristal de Molly. Pero mientras recorría el apartamento, la tristeza empezó a transformarse en una resolución afilada.

—Disfruta de tu búnker y de tus reglas mientras puedas, Axel —dijo en voz alta, mirando hacia la ventana como si pudiera ver la mansión Brunner a lo lejos—. Cree que me ha dado una lección, pero no tiene ni idea de lo que ha hecho.

Chloe apretó los puños, con los ojos todavía rojos pero cargados de una chispa peligrosa. Axel quería orden y silencio; ella le iba a dar caos.

—Me las vas a pagar todas juntas —sentenció con una sonrisa amarga y decidida—. Te voy a hacer la vida de cuadritos, Brunner. Vas a lamentar el día en que decidiste que yo era una "distracción molesta", porque no voy a salir de tu casa hasta que me pidas de rodillas que me vaya.

Esa noche, Chloe no durmió. Se dedicó a preparar su entrada, sabiendo cuando llegara a la casa de axel no se encontraría con una mujer domada, sino con la peor pesadilla que su estructurado y perfecto mundo había enfrentado jamás.

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Sakura
más
Sakura
ya se terminó
Sakura: a ok ok ya había asustado por que me parece muy interesante
total 2 replies
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