María, enamorada del príncipe de sus sueños como toda doncella, todo a su alrededor caera cuando descubra que no todo lo que creía, era real, y la desilusión la lleva a tomar una decisión, un sacrificio que cambiará su vida y la de todos los reinos.
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CAPÍTULO 23
Eran las 3 pm ya la hora de la comida, pero Aquiles más que hambre tenía sueño y sin poder evitarlo empezó a cabecear, se sentía cansado, tanto que sus ojos ya no los podía mantener abiertos.
Las olas del mar, el clima cálido, con la brisa solo estaban arrullándolo como si fuera un bebé a punto de dormir, sin querer sus ojos se cerraron por quinta vez y justo cuando su frente pegó con el timón escuchó la voz de Omar diciendo. – Amigo, si te duermes perderemos el rumbo y eso va a retrasar nuestra llegada a casa.
Aquiles abre los ojos y se frota el rostro, aturdido por el sueño que sentía, toma rápido el timón y serio dice. – Omar, no molestes.
Omar le entregó el plato de comida y divertido le dice. – Deja de pensar en María, ya está bien, tus cuidados fueron buenos, eso lo dijo Jack, que por cierto hizo muchas preguntas, las mismas que yo tengo.
Yo me considero tu amigo y en verdad necesito saberlo, ¿te gusta María? Es que es raro que tu estés al pendiente de ella, que la cuides con tanta delicadeza; vamos solo dime ¿Qué sientes por ella? Si lo dices te vas a sentir liberado y hasta te puedo ayudar a convencerla para que te abra las piernas.
Aquiles le aventó el plato de comida en la cara y enfurecido le dice. – eres un lepero, hablas puras tonterías y no tengo hambre, encárgate del timón, iré a dormir, será mejor que nadie me moleste hasta mañana.
Omar se empezó a reír, mientras se limpiaba el rostro, su reacción le hizo entender que no estaba equivocado y mientras lo miraba caminar a los camerinos le grita. – Aquiles, espero que recuerdes que María aún esta débil, no puede cumplirte, sé paciente al estar recostado a su lado.
Aquiles al escuchar lo que le gritaba levanta los hombros, mientras encoje su cabeza, esas palabras fueron como un balde de agua fría, pero prefirió ignorarlo apresuró sus pasos mientras lo escuchaba reír; fue directamente a su camerino, ahí estaba Mía sentada en una de las sillas, mirando a María, fue algo extraño para él, pero estaba tan molesto que la corrió, diciéndole que cuidaría de ella.
Aquiles tocó su frente y al ver que estaba fría se sintió tranquilo, la movió un poco dejando el espacio justo para él, estaba para acostarse, cuando se huele los sobacos, sintió que su olor era malo.
Toma ropa interior y un pantalón, se mete al baño, cierra la puerta se quita la ropa y después se empieza a echar agua encima, estaba fresca algo que le gustó, porque al estar ahí recordó el hermoso cuerpo de María, algo que lo hizo sentir incomodidad en su entrepierna, terminó dándose placer con su mano, realmente era tanto su deseo por ella, que no pudo controlarse.
Estuvo un largo rato en el baño, hasta que se sintió tranquilo, terminó de bañarse, toma la toalla seca su cuerpo perfecto y musculoso, después se pone el bóxer; resopla al ver el pantalón, realmente le gustaba más dormir desnudo, pero al tenerla a ella ahí no le quedó más que ponérselo.
Sale del baño y se recostó en la cama, a un lado de ella, algo que realmente le gustó, tenía su corazón alterado y sin poder controlar sus emociones se pone de lado la abraza pegando su rostro a su cuello; él cerro sus ojos mientras olía su cabello, que le daba un aroma que le encantaba y que poco a poco se fue a dormir.
No despertó en toda la tarde y durmió toda la noche, fue uno de sus mejores sueños, pudo soñar con María, aunque no fue nada erótico: estaban los dos en su reino, en el salón del palacio y él la sacaba a bailar, pero lo que más le gustaba que no era el típico baile discreto, donde apenas se tocaban las manos.
Hizo que ella pasara sus manos por su cuello, aunque también era divertido porque tenía que estar parada de puntas, por lo alto que era y él dejó sus manos en su pequeña cintura.
La pegó a él, tenerla así de cerca era lo que más le gustaba y era su primer baile con una mujer que no fuera su familia, eso lo hacía más interesante para él, pero lo mejor era que podía tenerla en sus brazos aunque fuera con ropa y delante de tanta gente.
Aquiles escuchó que la música paró y en ese momento sube su mano para acariciar su rostro, la atrajo a él, se sentía listo para poder besar sus labios, estaba deseando probar su sabor, darle un beso tan intenso que la hiciera desearlo, pero en ese momento escucha gritos a los lejos y maldiciones hacia su persona.
Aquiles se sentía algo confundido y rápido todo se desvanece para hacerse oscuro, pero los gritos se hicieron más intensos, era ella, que había despertado alterada al verlo acostado a su lado, medio desnudo.
Él no había terminado de abrir sus ojos cuando sintió que ella lo aventaba y lo siguiente que sintió fue un fuerte golpe en su cuerpo; lo había tirado de la cama y eso lo hizo abrir de golpe los ojos, acarició su espalda que había llevado todo el golpe, molesto se pone de pie, no podía creer lo que había hecho, esa mujer realmente hacía que sus días siempre fueran malos.