Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 22
Ante mi confesión, Dargan aprieta el puño, pero no dice nada, y al ver que no parece muy dispuesto a hablar, yo vuelvo a hacerlo.
- Te lo cuento porque esto es algo que nos compete a los dos, y tenías derecho a saberlo; también te lo cuento para pedir tu ayuda; yo no tengo los recursos para proteger a mi familia, pero tú sí.
Si bien la única persona entre los Láska a la que considero familia es a Lorena, no les deseo ningún mal a mis progenitores; ellos solo actúan como esta sociedad lo impone, y nos trataron a Lorena y a mí con respeto, cuidándonos y dándonos lo que ellos consideraban que necesitábamos, sin agredirnos ni maltratarnos. Tal vez no fueron los mejores, pero tampoco los peores y para nada se merecen terminar presos de un monstruo como es el príncipe o sus padres.
- Tenlo por seguro, mandaré a vigilar y proteger a tus padres y hermana, nada les pasará – me dice y yo suspiro de alivio.
- Gracias – le digo a la vez que me levanto y, al llegar a su lado, me agacho para poder abrazarlo y también le doy un breve beso en los labios.
Cuando me separo de él, me dirijo a la puerta para dejarlo trabajar, pero antes de llegar me detengo.
- ¿Qué deseas comer? – le pregunto, cambiando el ambiente por completo.
- ¿Tú cocinarás? – me pregunta, y puedo ver cómo una sonrisa se forma en su rostro, borrando toda la rabia que había estado allí hace un momento.
- Por supuesto, te dije que yo te cocinaría una vez nos casáramos; tal vez no pude hacerte el desayuno porque me levanté tarde, pero la comida sí la haré.
- Me gusta mucho la carne, en casi todas sus preparaciones, siempre y cuando no sea casquería – me responde, a lo que yo tomo una nota mental.
- Ya sé qué haré; en ese caso me voy, asumo que ya desayunaste, ¿no es así? – le digo mientras lo miro de manera amenazante, o eso intento.
- Sí, ya lo hice, y espero que tú hagas lo mismo.
- Y así será, te llamaré cuando esté la comida.
Salgo de la oficina y una sombra me espera, la cual me guía a la cocina, en donde comienzo a buscar lo que voy a usar, y para mi grata sorpresa está todo lo que necesito, por lo que, tras comer algo de fruta, y es que, si como algo más contundente, no tendré apetito para la tarde, me pongo manos a la obra.
Decido hacer un filete bien cocido, acompañado de un puré de zanahoria y algunas verduras asadas.
Una vez termino, me fijo en la hora, y puedo ver que terminé justo a tiempo, por lo que voy a buscar a Dargan para comer juntos.
- Es hora de comer – le digo a Dargan, con una sonrisa, y ambos nos dirigimos al comedor, en donde una sombra trae los platos que acabo de preparar – espero que te gusten.
- Eso es seguro.
Ambos comemos en silencio, pero no es necesario hablar cuando se disfruta de una buena comida.
- Estaba delicioso, gracias por hacerlo.
- No tienes que agradecer, me gusta consentir a mi familia con mi comida, y ahora tú eres mi familia – le digo, mientras tomo su mano, y es que estamos sentados uno al lado del otro.
- Me gusta ser tu familia.
- A mí también me gusta ser tu familia.
Estuvimos en silencio un rato, solo disfrutando de la compañía del otro, hasta que Dargan se separó un poco de mí y de su bolsillo saca un anillo y me lo dio.
- Este anillo contiene 11 sombras; ellas te servirán, pídeles lo que quieras y ellas lo harán, también te protegerán en todo momento – me explica Dragan mientras me coloca el anillo.
- Es muy hermoso y práctico, gracias, eres el mejor.
- Solo quiero que estés a salvo.
- Aun así, gracias. Ahora hay que dar un paseo, debemos bajar la comida.
Salimos al jardín, en donde hablamos de todo un poco mientras caminamos por el pequeño bosque que es el jardín.
- ¿Cuándo nos iremos? – le pregunto.
- Mañana por la mañana – me responde y ante su respuesta yo solo asiento satisfecha con esta y es que ya me esperaba algo así.
Cerca del atardecer, volvemos a la mansión y, mientras Dargan va a su oficina, aún tiene trabajo que terminar; yo me dirijo a la mansión, en donde le escribo una carta a mi hermana, hablándole de mi mudanza y explicándole que a partir de ahora nuestra correspondencia será entregada gracias a las sombras. No le cuento nada sobre el príncipe, no tiene caso, no me creería; ella debe ver su verdadero rostro por ella misma para desencantarse; de lo contrario nunca lo creerá realmente.
Ya terminada la carta, le pido a una de mis sombras, mis sombras, qué raro se oye, que se la entregue.
Al caer la noche, después de cenar junto a Dargan, me dirijo a la habitación para prepararme para dormir, y me doy cuenta de que Dargan se está tardando, me dijo que haría algo antes de dormir, pero sea lo que sea, ya se demoró mucho, así que voy a buscarlo y lo encuentro en la habitación de lado.
- ¿Qué haces aquí?
- Me preparo para dormir.
- Eso no contesta mi pregunta, ya deja de jugar y vámonos a dormir – le digo mientras tomo su mano para llevarlo a nuestra habitación.
- Pero dijiste que no querías compartir el lecho conmigo, que estabas adolorida.
- Que compartamos habitación no significa que debamos tener sexo obligatorio, simplemente podemos dormir disfrutando la presencia del otro. Además, este lugar parece un mausoleo; la única habitación decente es en la que dormimos ayer, y no soy tan cruel como para dejarte pasar la noche en esta deprimente habitación. Dargan, somos esposos, y para mí los esposos duermen juntos.
Mis palabras, como no podía ser de otra manera cada vez que hablo de sexo, causaron que Dargan se sonrojara, pero aun así se dejó guiar por mí, y ambos nos acostamos juntos en la habitación de ambiente cálido, en donde dormimos en los brazos del otro.