Entre rejas, mentiras y mafias, un hombre inocente lucha por recuperar su libertad mientras una abogada arriesga todo para demostrar la verdad.
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Empieza el juego.
La madrugada cayó sobre la ciudad como un manto pesado.
Pero esa noche… nadie dormía.
Ni los que huían.
Ni los que buscaban.
Ni los que ya habían decidido matar.
Valentino observaba los documentos frente a él sin realmente verlos.
Nombres falsos.
Rutas.
Contactos.
Refugios.
Todo perfectamente organizado… como si Matteo hubiera estado esperando este momento desde hacía años.
—¿Cuánto tiempo llevas preparándote para esto? —preguntó finalmente.
Matteo no levantó la mirada.
—Más del que crees, muchacho.
Valentino soltó una risa seca.
—¿También estabas preparado para que Salvatore muriera?
El silencio se volvió peligroso.
Matteo levantó la vista lentamente.
—Nadie estaba preparado para eso.
—Pero lo sabías —insistió Valentino—. Sabías que podía pasar.
Matteo no respondió.
Y eso… fue suficiente.
Valentino se puso de pie de golpe.
—¡Lo usaste!
—No —respondió Matteo con firmeza—. Él tomó su decisión.
—Porque confiaba en ti.
—Porque sabía lo que estaba en juego.
Valentino apretó los puños.
—¿Y qué exactamente está en juego? —su voz bajó, cargada de furia—. Porque hasta ahora solo veo muerte.
Matteo se acercó lentamente.
—Está en juego algo mucho más grande que tú, que yo… que cualquiera de ellos.
Valentino lo miró fijamente.
—Entonces empieza a hablar.
Matteo dudó apenas un segundo.
—Los Pantera… ya no son lo que eran.
El silencio se instaló.
—¿Qué significa eso?
—Significa que se fragmentaron —explicó Matteo—. Se dividieron en facciones. Algunas querían mantener el control… otras querían cambiar las reglas.
—¿Y mi padre?
Matteo lo miró directo.
—Tu padre estaba en el medio.
Valentino sintió que el pecho le ardía.
—Eso no explica por qué lo mataron.
—Lo mataron porque sabía demasiado —respondió Matteo—. Sabía quién estaba traicionando a quién… y decidió no quedarse callado.
El aire se volvió pesado.
—¿Intentó detenerlos?
—Intentó destruirlos.
El impacto fue brutal.
Valentino retrocedió un paso.
—¿Y tú?
Matteo no apartó la mirada.
—Yo estaba ahí.
El silencio fue absoluto.
—Entonces… —la voz de Valentino se quebró apenas— tú también eres responsable.
Matteo no lo negó.
—Sí.
Ese “sí” cayó como un disparo.
Valentino avanzó de golpe y lo empujó contra la mesa.
—¡Tú estabas ahí cuando lo mataron!
Matteo no se defendió.
—No fui quien dio la orden.
—¡Pero no lo detuviste!
El silencio se volvió insoportable.
—No pude.
—No pudiste o no quisiste?.
Matteo lo miró con algo que no era debilidad… pero se acercaba.
—Ese día… perdimos más que a tu padre.
Valentino lo soltó con rabia.
—No me hables como si eso cambiara algo.
Matteo se acomodó lentamente.
—No cambia nada.
—Entonces dame una razón para no matarte ahora mismo.
Matteo lo sostuvo con la mirada.
—Porque soy la única persona que puede llevarte hasta ellos.
El silencio fue largo.
Peligroso.
Pero Valentino no se movió.
Mientras tanto…
Isabella intentaba liberar sus manos.
La cuerda le había dejado marcas profundas, pero no cedía.
Respiró hondo, tratando de mantener la calma.
Pensar, eso era lo único que le quedaba.
La puerta metálica se abrió de golpe.
Ella levantó la mirada.
No era su padre.
Era otro hombre, era alto y se veía muy serio.
Con una mirada fría que parecía analizar cada detalle de ella.
—Así que tú eres Isabella Montesini.
Ella no respondió.
—Esperaba algo más… intimidante.
Isabella lo sostuvo sin miedo.
—Y yo esperaba que mi secuestrador tuviera más personalidad.
El hombre esbozó una leve sonrisa.
—Interesante.
Se acercó lentamente.
—Tu padre cree que puede controlarlo todo.
—Se equivoca.
—Lo sé.
El silencio cambió.
Isabella frunció el ceño.
—Entonces… ¿qué haces aquí?
El hombre la observó.
—Asegurándome de que no arruine nuestros planes.
—¿Nuestros?
El hombre no respondió directamente.
—Tu padre… no es el único que mueve las piezas.
El corazón de Isabella se aceleró.
—¿Quién más está detrás de esto?
El hombre se inclinó levemente hacia ella.
—Alguien que tú… conoces muy bien.
El aire se volvió denso.
—No juegues conmigo.
Él sonrió apenas.
—No estoy jugando.
Se enderezó.
—Solo estoy esperando el momento correcto.
—¿Para qué?
El hombre la miró fijamente.
—Para que todo colapse.
El silencio fue absoluto.
Antes de salir, se detuvo en la puerta.
—Y créeme… falta muy poco.
Por otra parte, en el departamento destruido…
Yaya ya no lloraba.
El shock había pasado.
Ahora… solo quedaba claridad.
Y eso era aún más peligroso.
Luca seguía frente a ella.
—Necesito encontrar a mi hermano —dijo ella finalmente.
—No es buena idea.
—No te pregunté si lo era.
Luca suspiró.
—No sabes en qué te estás metiendo.
—Tú sí —respondió ella—. Y aún así estás aquí.
El silencio fue breve.
—Eso es diferente.
—No —negó Yaya—. Es exactamente lo mismo.
Se puso de pie, ignorando el dolor.
—Si él está en esto… necesito verlo a los ojos.
—¿Y qué vas a hacer si todo es verdad?
Yaya lo miró fijamente.
—Entonces voy a decidir si sigue siendo mi hermano.
La frase dejó a Luca sin respuesta.
—Te voy a llevar —dijo finalmente.
Yaya frunció el ceño.
—¿Por qué?
Luca dudó.
—Porque si vas sola… no vas a llegar.
El silencio se cerró entre ellos.
—Pero hay una condición —añadió él.
—¿Cuál?
Luca la miró directamente.
—Confía en mí.
Yaya sostuvo su mirada.
Por un segundo… dudó.
Pero luego… Dijo;
—No tengo otra opción.
De regreso con Valentino…
Matteo extendió un mapa sobre la mesa.
—Aquí empieza todo.
Valentino lo observó.
—¿Qué es?
—Un punto de encuentro.
—¿De quién?
Matteo levantó la mirada.
—De una de las facciones de Los Pantera.
El corazón de Valentino se aceleró.
—¿Y vamos a ir ahí?
—No —respondió Matteo—. Vamos a infiltrarnos.
Valentino sonrió por primera vez.
Pero no era una sonrisa normal.
Era peligrosa.
—Perfecto.
Matteo lo observó con atención.
—Esto no es un juego.
—Lo sé.
—Si algo sale mal…
—No saldrá mal.
Matteo frunció el ceño.
—Eso es exactamente lo que diría alguien que no entiende lo que enfrenta.
Valentino levantó la mirada.
Y por primera vez…
había algo diferente en sus ojos.
Algo frío.
Algo decidido.
—No necesito entenderlos.
El silencio fue tenso.
—Solo necesito encontrarlos.
Matteo no respondió.
Porque en ese momento…
entendió algo.
Valentino ya no estaba huyendo.
Ya no estaba dudando.
Ya no estaba roto.
Se estaba convirtiendo en algo más.
Algo que incluso él…
no podría controlar.
En la oscuridad…
El hombre frente a las pantallas volvió a aparecer.
Observaba todo.
Cada movimiento.
Cada decisión.
Cada error.
—Finalmente…
Sus dedos se movieron sobre un control.
Una nueva imagen apareció.
Isabella.
Atada.
Vulnerable.
—La pieza más importante…
Luego cambió la imagen.
Valentino.
—El arma.
Después…
Yaya.
—La variable.
Y finalmente…
Luca.
El hombre sonrió.
—Y el traidor.
El silencio se llenó de intención.
—Ahora sí…
Se reclinó lentamente.
—Empieza el verdadero juego.
La ciudad seguía viva.
Pero bajo la superficie…
la guerra ya había comenzado.
Y esta vez…
no habría vuelta atrás.