Lyhia era una lectora que gritaba a la pantalla: «¡Este tirano es un padre de mierda!» hasta que tropezó con un cable y ¡pum! Despertó como Alice Sigrid, la niña de siete años que en la novela termina con la cabeza rodando por culpa del mismo tirano.
Plan perfecto; escapar antes de que papá Draven afine la guillotina familiar. Pero sorpresa, un sistema le regala puntos por soltar chismes mentales .
Lo peor; sus pensamientos son un megáfono invisible. Alice planea fugas épicas mientras piensa «¡Huyo esta noche, adiós palacio de locos!».
Resultado: todo falla “por casualidad”, mamá la abraza más fuerte y papá la mira como si fuera su posesión más preciada.
Chismes que salvan vidas, pensamientos que la condenan y un tirano que, contra todo pronóstico, empieza a parecer… ¿humano?
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Capítulo 22
Silas llego sin hacer ruido, pero su presencia fue suficiente para romper el silencio en la habitacion. Alice apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando su madre se puso de pie de golpe, como si hubiera estado esperando desde hacia horas. Seraphina cruzo la distancia en segundos, arrodillandose frente a ella y envolviendola en un abrazo firme, casi desesperado. Sus manos temblaban ligeramente mientras la apartaba enseguida, revisandola con rapidez, como si nesecitara comprobar con sus propios ojos que estaba completa, que estaba bien.
—¿Estas bien? ¿Te hicieron algo?
Alice parpadeo un par de veces antes de responder, todavia aturdida por la intensidad de su madre.
—Estoy bien... de verdad.
Ni siquiera terminó de decirlo cuando Seraphina se puso de pie de golpe y, sin previo aviso, le dio dos palmadas firmes.
—¡Alice Sigrid Elowen, no vuelvas a hacer algo así! ¡¿Escuchaste?! — le gritó, su voz tembló... Pero no por debilidad —¿Sabes lo preocupada que estaba? ¿Que haría yo si te pasara algo?.
Alice se llevó las manos a la parte golpeada, haciendo un pequeño puchero.
—¡Ay!... lo siento... no pensé que pasaría algo así...—murmuró —Prometo que la próxima vez avisaré.
—¡¿Proxima vez?! No habrá una próxima vez, señorita. — su respuesta fue inmediata. Firme, sin espacio para discusión—. Sin mi autorización, no volverás a poner un pie fuera de este palacio. Si tu hermano no hubiera decidido seguirte ... — continúo bajando la voz apenas —No sabríamos nada de esos bandidos que te secuestraron.
Alice desvió la mirada, inflando ligeramente los cachetes.
"¿ Cómo iba a saber esta gran señora que esto pasaría? En la novela esto nunca ocurrió...” pensó, frunciendo el ceño con molestia “Definitivamente ya me tienen en la mira. ”
El ambiente aún no terminaba de asentarse, y por supuesto, una madre muy enojada seguía con sus regaños mientras que la pequeña Alice seguía ahí de pie sin poder siquiera responder , solo suplicando a su hermano con la mirada un poco de ayuda... pero este más que ayudar parecía disfrutar en silencio. No pasó mucho cuando la puerta se abrió nuevamente y se vio a Draven ingresar. Su paso fue tranquilo, como siempre, pero su apariencia no lo era. Su ropa estaba manchada de sangre , fresca en algunas partes, seca en otras. Seraphina se tensó al verlo, y rápidamente avanzó hacia él.
—¡¿Está bien…?! ¡¿Lo hirieron en algún lado?!— preguntó ella un poco alterada, Draven solamente se dignó a observarla un segundo más, pues el hecho de que aún se preocupara por él significaba algo.
— Estoy perfectamente bien— respondió él, pero vio como los ojos de ella descendían brevemente hacia las manchas de sangre en su ropa —No se preocupe, la sangre no es mía. — añadió, para luego mirar a Alice— A partir de hoy, Kylian se encargará de su seguridad cuando yo no esté presente.
—Eso... esta bien ¿Y esos hombres? ¿Dijeron algo?—preguntó Seraphina.
— Sí, aunque no lo suficiente — respondió Draven, sin rodeos— . Respecto a quién los contrató. No saben nada... la persona estaba cubierta, así que no vieron su rostro. Pero... dijeron que la voz parecía ser de una mujer.
—Padre... ¿cree que podría ser alguien del palacio? —pregunto Silas pensativo, y el aire se volvió más pesado.
—Es probable.
Alice, en cambio, entrecerro los ojos.
" Por favor. La única que quiere verme muerta es esa víbora de Vespera. "
Pero no dijo nada, no hacía falta. Fue entonces cuando Seraphina habló, en ese momento ya no había temblor en su voz ... mucho menos dudas.
—Parece... que he sido demasiado blanda.—hablo, y todos la miraron. Su expresión había cambiado dando paso a la frialdad, ahora si parecía molesta. —Si en este palacio creen que pueden aprovecharse de mí...—continuó con un tono firme y controlado—Y lastimar a mis hijos sin consecuencias... entonces están muy equivocados.
Nadie respondió, ni añadieron nada más. El silencio se asentó en la habitación, denso, cargado de algo que ya no era simple tensión... sino advertencia. Por primera vez... la consorte dejó de parecer una mujer amable. Y empezó a parecer alguien más peligrosa.
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..........AL DÍA SIGUIENTE...........
⪻SALÓN DE AUDIENCIA⪼
El salón de audiencia se encontraba en completo orden, como cada mañana. La luz del día entraba a través de los altos ventanales, iluminando el amplio espacio donde los ministros ya se encontraban alineados, cada uno en su lugar, esperando su turno para hablar. No había música, no había distracciones… solo el murmullo contenido de asuntos importantes. Draven estaba sentado en el trono, con la postura recta, escuchando sin intervenir más de lo necesario. A su lado, un poco más abajo, Silas permanecía de pie, serio, observando todo con atención. Alice, en cambio, estaba sentada cerca, aparentemente tranquila… aunque sus ojos no dejaban de moverse.
Los informes comenzaron como siempre. Problemas menores, disputas entre territorios, solicitudes de recursos… nada fuera de lo habitual. Hasta que uno de los ministros dio un paso al frente, inclinándose antes de hablar.
— Su Majestad... hemos recibido aviso de que una delegación del Norte llegará en los próximos días. —el ambiente cambio ligeramente. —Solicitan una alianza formal con el Imperio... pero han dejado claro que esperan sellarla mediante un matrimonio.
Un murmullo recorrió en salón al instante.
—Eso es imposible, sabemos cómo actúan. —intervino otro ministro, con el cepo fruncido —. Sus constumbres son... cuestionables. Enviar a una mujer de nuestro reino sería condenarla.
—Pero los beneficios son claros —respondió otro, más pragmático —. Acceso a rutas comerciales, refuerzo militar... y estabilidad en la frontera.
Las voces comenzaron a dividirse.
—¿A costa de qué?
—No podemos ignorar la oportunidad.
—Es una decisión cruel, ministro Sheldon.
—Lo es, pero es necesario.
Mientras tanto, el general dio un paso al frente, con una presencia imponente. —Su Majestad —comenzó con tono firme —, no podemos permitir que la emoción nuble el juicio. Este tipo de decisiones no se toman desde la compasión, sino desde la conveniencia del Imperio. —continuó, y algunos ministros asistieron — Enviar a una mujer no es un sacrificio inútil. Es una inversión, una que podría asegurar años de estabilidad y crecimiento. Negarnos... sería una muestra de debilidad.