Una vez más Thiago (Rayo) tendrá que enfrentar a sus amigos, pero está vez su estrategia será otra,.
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Decisiones.
—A mí no me verás la cara nuevamente. —Furioso, Alberto cayó en cuenta de la vestimenta que llevaba la chica.
—Déjame en paz, no te quiero ver —respondió Mariana con frialdad.
—¿Qué es esto? ¿Otra farsa? ¿A qué juegas ahora?
—No, no es ninguna farsa. He decidido ser monja… así nadie más me hará daño. —Intentaba sonar firme, pero por dentro se estaba quebrando.
—Ahora resulta que fuiste la ofendida… ¡por Dios! Pedro me quería ver muerto, y tú lo sabías. No te hagas la que no sabías nada.
El silencio que siguió fue suficiente para que Alberto entendiera que tenía razón.
—Tu silencio lo dice todo… me has decepcionado. En realidad, te quería.
—¿Me querías? —preguntó ella débilmente.
Alberto miró alrededor con disimulo y apretó los puños. De pronto olvidó el hábito que cubría a la joven y, sin más, la besó.
—¡Santos cielos! —exclamó Gertrudis al dejar caer el vaso de leche que llevaba para el niño. Había estado atenta a la conversación.
La reacción de Mariana fue inmediata: lo empujó hacia atrás y lo abofeteó.
—¡No me vuelvas a besar! —su voz tembló—. A ella también la besaste, y lo disfrutabas. Yo los vi.
Sin más explicaciones, se volvió hacia la monja.
—Hermana Gertrudis, le dije que no era buena idea. Mi padre también puede encontrarme… volveré al convento.
Al lado, la mirada de Alberto se ensombreció.
—Señorito, deberíamos irnos —Berni lo instó con urgencia.
Alberto regresó a su auto en silencio. Sacó la medalla y sonrió de lado.
—Mariana Larios… qué bien te escondes. Ni yo lo hubiera pensado. —La había encontrado por casualidad, como si el destino mismo se la hubiera puesto enfrente.
Ella estaba a salvo… y eso le daba la oportunidad de actuar contra Larios sin que Mariana sufriera.
Por eso sonrió.
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En el Grupo Medical, Rayo realizaba llamadas al extranjero; jamás descuidaba el trabajo.
—Señor… — después de un rato, la secretaria lo interceptó en la puerta—. Este documento es el permiso que envía el gerente de la fábrica de Delaware. Es necesario cambiar una de las máquinas.
—Bien, déjame ver. —Rayo lo revisó con detenimiento, firmó y se lo devolvió—. Hazlo llegar cuanto antes. Esa área está varada y la producción no puede detenerse.
Su mirada se dirigió al ascensor justo cuando este se abrió y de él salió su hijo.
—Papá… —Alberto apresuró los pasos.
—Ven conmigo al laboratorio —ordenó Rayo.
Ambos se colocaron el equipo especial y entraron. El lugar estaba lleno de actividad. Kenneth supervisaba, pero había algo que inquietaba a Rayo: un lote de vacunas había tenido que desecharse. Por un error imperdonable, y quería hallar al responsable.
En silencio recogió algunas muestras, las etiquetó y ordenó que fueran enviadas a su laboratorio personal.
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Mientras tanto, Nicole y Victoria discutían decisiones importantes.
—Catalina confirmó que llegará antes del fin de semana. Y no vendrá sola, Douglas y Emily la acompañarán.
—Pero el equipo no está completo. Necesito una modelo joven como Katy; ella es la cara de la línea juvenil.
Victoria bajó la voz y señaló con discreción a Aurora.
—Tiene un rostro bonito. Y aunque viste holgado, se nota que tiene figura.
Había observado cada detalle, pero no sabía que si Aurora aceptaba, también estaría aceptando un destino del que huía.
Roldán Boss llevaba años buscándola por todo el país. Nunca la halló porque su madre la llevó a Francia. Si su imagen aparecía en revistas, no tardaría en dar con ella.
Nicole se mostró más práctica:
—Aurora es quien debe decidir. primer tiene que pensar en lo que Alberto dirá.
—¡No me digas que Alberto está interesado en ella! —Victoria se sorprendió.
—Aunque no lo creas, sí lo está. Pero Aurora decide por sí misma.
—Increíble… dejó atrás su obsesión con la hija de Larios.
—Sí, solo era eso: una obsesión —sentenció Nicole—. Lo mismo pasó con Jordan, ¿recuerdas? Te amaba desde niño.
Ambas fueron hacia Aurora, que contemplaba uno de los vestidos de la colección. Y al llegar a ella, Nicole habló con dulzura:
—Queremos hablar contigo.
Aurora escuchó todo con calma. La idea de independizarse la tentaba: obtener dinero y no depender de Alberto. No pensaba en su padre; no vivía pendiente de él. Por eso aceptó de inmediato.
Las Cedeño tenían ya dos jóvenes para la pasarela. Pero pensaron en ir más allá: llamar a una modelo de renombre.
Su nombre era Gala Boss. Un apellido poderoso, un estatus casi intocable. Convertida en figura pública, rara vez firmaba con alguna marca. Aun así, decidieron intentarlo.
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Al caer la noche, Alberto puso en marcha su plan.
El Grupo Larios recibió la visita de unos hombres. Rayo siempre fue y sería un hombre de armas tomar. No perdonó a Larios, y su furia se sintió en cuanto puso un pie en el edificio.
Pero había algo extraño: el enmascarado no era el mismo. Su físico era más delgado, sus movimientos distintos. Aun así, uno de los hombres que lo acompañaba coincidía con la descripción exacta de Rayo, aunque iba vestido de negro.
—Larios… probaste mi ira. Hoy sabrás lo que es cruzarte en mi camino. —El enmascarado rozó el rostro del empresario, que no se inmutó.
—Hagan lo que quieran —respondió con fría calma.
Entonces, los hombres actuaron. No solo destruyeron oficinas, muebles y cristales… quemaron documentos, borraron archivos, derribaron emblemas. El eco de cada golpe fue un rugido de guerra.
Las sirenas de las alarmas comenzaron a sonar. El humo se mezcló con el miedo de los empleados que intentaban huir, pero fueron contenidos por los encapuchados.
El enmascarado se inclinó sobre Larios y, con voz grave, sentenció:
—Esto no es un ataque… es una advertencia. La próxima vez, no quedará piedra sobre piedra… ni un Larios vivo para contarlo.
Y tras esa amenaza, todo el edificio retumbó con una explosión controlada que hizo vibrar los cimientos. El Grupo Larios había recibido un mensaje imposible de ignorar: la guerra apenas comenzaba. una tormenta que se solamente podía ser controlada por un Rayo furioso. cómo siempre lo hacía.
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ya emos visto como se las gastan las mujeres que persiguen Alos beachs