Mía una de 19 años es obligada a casarse con un mafioso por culpa de su hermana gemela ella está pagando
su hermana era una drogadicta siempre estaba en problemas mano a la mujer de un mafioso y el por venganza decide casarse con ella para hacerla pagar todos los días por haber arrebatado al amor de su vida
sus padres por proteger a su princesa entregaron a mía una hija que ellos cautiva
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 21
El aire en la habitación era pesado.
Renzo estaba sentado en el borde de la cama, con el torso vendado, la camisa abierta y manchada de sangre seca. Cada respiración le dolía, pero no decía nada. No le importaba.
Su mirada estaba perdida… pero no en cualquier lugar.
Estaba en ella.
En Mía.
En cómo casi la pierde.
En cómo la tuvo entre sus manos otra vez… y aun así no la tenía.
La puerta se abre sin tocar.
—¿Vas a seguir así? —dice Hanna, cruzándose de brazos desde la entrada.
Renzo ni la mira.
—Salí —responde seco.
—No.
Silencio.
Ella avanza unos pasos.
—Tenemos que hablar.
Renzo levanta la mirada lentamente.
Y ahí está.
Esa mirada fría.
Rota.
Pero peligrosa.
—No tengo nada que hablar con contigo
Hanna aprieta la mandíbula.
—Claro que sí. Todo esto…
—TODO ESTO ES TU CULPA.
La voz de Renzo estalla en la habitación.
Hanna se queda quieta.
—Si no te hubieras metido donde no debías… —continúa él, levantándose con esfuerzo—. Si no hubieras ayudado a Mía a escapar… NADA de esto estaría pasando.
—Yo la salvé —responde Hanna, firme—.
—LA METISTE EN ALGO PEOR.
Silencio.
Pesado.
Cortante.
—¿Sabés dónde estuvo? —dice Renzo acercándose—. ¿Sabés con quién estuvo?
Hanna lo mira, confundida.
—Renzo si lo sé
—CON JOSEPH.
Las palabras caen como un golpe.
Hanna abre los ojos.
—No…
—Sí —escupe él—. Con mi enemigo. Con el tipo que quiere destruirme.
Hanna niega con la cabeza.
—Eso… no fue mi intención
—La tocó.
Silencio.
—La tuvo.
Silencio.
—Y todo… gracias a ti
Hanna siente el golpe directo al pecho.
—Yo… no sabía… Que esto podría pasar
—No, claro que no sabías —responde con sarcasmo—. Porque vos siempre pensás que tenés el control de todo.
Renzo se pasa la mano por el rostro, frustrado.
—Te metiste donde no debías… jugaste a ser heroína… y mirá dónde estamos.
Hanna baja la mirada por un segundo.
Pero vuelve a levantarla.
—Yo lo hice porque vos la estabas destruyendo.
Renzo se queda quieto.
—La tratabas como una basura.
—ESTABA CAMBIANDO —grita él.
—NO FUE SUFICIENTE.
Silencio.
Ambos se miran.
Dolor.
Rabia.
Verdad.
—La obligaste a casarse —continúa Hanna—. La humillaste. La hiciste sufrir.
Renzo aprieta los puños.
—Y ahora… ¿qué? —dice ella—. ¿Ahora sos la víctima?
Renzo no responde.
Pero sus ojos lo dicen todo.
—Yo la saqué de ahí porque ella no merecía eso —termina Hanna.
Silencio.
Largo.
—Ahora arreglalo —dice Renzo en voz baja.
Hanna frunce el ceño.
—¿Qué?
—Vos la metiste en esto.
Levanta la mirada.
Directo a ella.
—Vos la sacás.
—Renzo…
—Quiero que hables con ella.
Hanna duda.
—No es tan fácil…
—HACÉLO FÁCIL.
El grito la hace tensarse.
—Convencela de volver.
—Ella no va a querer —responde—. Vos mismo sabés eso.
—Entonces hacé que quiera.
Silencio.
—No puede quedarse en Colombia —continúa él—. Acá no tengo poder. No puedo protegerla como corresponde.
Hanna lo observa.
Esta vez… no ve solo rabia.
Ve miedo.
—Joseph puede volver por ella —dice Renzo, más bajo—. Y esta vez… no voy a llegar.
Hanna traga saliva.
—No puedo perderla otra vez.
Ahí está.
La verdad.
Cruda.
Real.
Hanna suspira.
—¿Y qué querés? ¿Que la obligue?
—No.
—¿Entonces?
—Que la convenzas.
Silencio.
—Decile lo que quieras —continúa él—. Pero tiene que irse de acá.
Hanna se pasa la mano por el cabello.
Está atrapada.
Porque sabe que él tiene razón.
—¿Y si dice que no?
Renzo la mira.
Frío.
—si dice que no .. Nos no va quedar de otra que quedarnos en Colombia y traer a más hombres para acá
Hanna lo entiende.
Y no le gusta nada.
Hanna sale de la casa y se dirige a la casa de mía
En la otra habitación…
Mía estaba sentada junto a la ventana.
Mirando afuera.
El pueblo.
Las calles.
La vida simple que tanto le había costado conseguir.
Sus manos temblaban levemente.
Todavía podía sentirlo.
El vacío.
El miedo.
La caída.
El momento en que pensó que todo terminaba.
Cierra los ojos.
Respira profundo.
—Estoy bien… —susurra—. Estoy bien…
Pero no lo está.
Nada está bien.
Joseph.
Renzo.
Todo volvió.
Todo.
La puerta se abre suavemente.
—¿Puedo pasar?
Mía gira la cabeza.
Hanna.
Se miran.
Silencio.
Incómodo.
—Sí… —responde finalmente.
Hanna entra despacio.
Se queda de pie.
No sabe cómo empezar.
—¿Cómo estás?
Mía suelta una pequeña risa sin humor.
—¿Vos qué creés?
Silencio.
Hanna asiente levemente.
—Tenés razón.
Se acerca un poco más.
—Vine a hablar con vos.
Mía la mira.
—Me imagino.
Silencio.
—Renzo te mandó, ¿no?
Hanna no responde.
Y eso es respuesta suficiente.
Mía niega con la cabeza.
—No voy a volver.
Directo.
Claro.
Sin dudar.
Hanna suspira.
—Escuchame…
—No —la interrumpe—. Ya sé lo que me vas a decir.
Se pone de pie.
—Que es por mi seguridad. Que él cambió. Que ahora es distinto.
La mira.
—No me importa.
Silencio.
—No voy a volver a ese lugar.
Hanna la observa.
—No te estoy pidiendo que vuelvas con él.
Mía frunce el ceño.
—Entonces?
—Que te vayas de Colombia.
Silencio.
—¿Qué?
—Este lugar no es seguro para vos.
Mía da un paso atrás.
—Este es MI lugar ahora.
—No —responde Hanna—. Este es el lugar donde casi te matan.
Silencio.
—Joseph te usó —continúa—. Y no terminó.
Mía aprieta los labios.
—No quiero hablar de él.
—Pero tenés que hacerlo.
Silencio.
—Porque sigue siendo un peligro.
Mía mira al suelo.
—Ya lo sé…
Hanna se suaviza un poco.
—Entonces entendeme.
Se acerca.
—No podés quedarte acá.
Mía levanta la mirada.
—¿Y a dónde querés que vaya?
Silencio.
—A Italia.
La palabra queda flotando en el aire.
Mía niega inmediatamente.
—No.
—Escuchame…
—NO.
Retrocede.
—No voy a volver ahí.
—No tenés que volver con él.
—ES LO MISMO.
Silencio.
Mía respira agitada.
—Todo allá me recuerda a lo que viví.
Hanna la observa.
—Pero allá puedo protegerte.
—¿Y acá no?
Silencio.
Hanna no responde.
Y eso… lo dice todo.
Mía baja la mirada.
—No quiero vivir con miedo…
—Entonces dejá de hacerlo —responde Hanna—. Porque acá lo estás haciendo.
Silencio.
—Allá al menos… tenemos el control.
Mía cierra los ojos.
Está luchando.
Con todo.
—No confío en él…
—No tenés que hacerlo.
Silencio.
—Confía en mí.
Mía abre los ojos.
La mira.
—¿Y si te equivocas otra vez?
Golpe bajo.
Hanna lo siente.
Pero lo acepta.
—Entonces esta vez… no me voy a equivocar.
Silencio.
Largo.
Mía se gira hacia la ventana.
—Necesito pensar…
Hanna asiente.
—Pensá rápido.
Se dirige a la puerta.
—No tenemos mucho tiempo.
Antes de salir, se detiene.
—Mía…
Ella no se gira.
—Esta vez… no es una elección fácil.
Pausa.
—Pero es la correcta.
Hanna sale.
La puerta se cierra.
Mía queda sola.
Otra vez.
Mira sus manos.
Tiembla.
Su mente es un caos.
Su corazón… más.
Y afuera…
El tiempo se está acabando.