NovelToon NovelToon
Nuestro Destino 1 El Comienzo

Nuestro Destino 1 El Comienzo

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:78
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Una chica que cree en el amor… incluso cuando el amor no cree en ella.
Después de enamorarse de alguien que nunca cambió, descubre la verdad de la peor forma: a través de sus propias amigas. Aun así, decide no romperse, no cerrarse… porque, en el fondo, sigue creyendo que en algún lugar existe ese amor que siempre soñó.
Entonces aparece él.
Un chico marcado por su propio pasado, que también conoció el dolor, pero que en lugar de rendirse… se volvió más fuerte. Más decidido. Más real.
Cuando sus caminos se cruzan, algo cambia.
No es inmediato.
No es perfecto.
Pero es diferente.
Con la ayuda de quienes los rodean, comienzan a acercarse, a confiar… a sentir algo que ninguno de los dos esperaba volver a vivir.
Sin embargo, el pasado no se queda atrás tan fácilmente.
La exnovia de él está decidida a interferir, intentando arruinarlo todo durante un momento clave: el baile.
Pero esta vez…
Las cosas no serán como antes.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Me desperté muy temprano.

Demasiado temprano.

Pero no por obligación…

Sino porque me sentía bien.

Extrañamente bien.

Había quedado con Tay.

Íbamos a ir juntos en nuestras motos a la prepa.

Y solo de pensarlo…

Sonreí.

Me metí a bañar.

El agua fría terminó de despertarme por completo.

Mientras me cambiaba…

No podía dejar de pensar en lo mucho que había cambiado todo.

Mi vida.

Mis días.

Yo.

Me puse el uniforme.

Me miré al espejo.

Y por primera vez en mucho tiempo…

Me gustó lo que veía.

Bajé las escaleras silbando.

Cantando bajito.

De buenas.

Muy de buenas.

Al llegar a la cocina…

Ahí estaba mi mamá.

Con el desayuno listo.

Como siempre.

Pero había algo distinto.

Su pancita.

Ya se notaba más.

Y eso…

Me hacía sonreír sin darme cuenta.

—Buenos días, hija —dijo con dulzura.

—Buenos días, mamá.

Desayuné rápido.

Con esa emoción que no podía ocultar.

Subí a lavarme los dientes.

Y bajé casi corriendo.

Porque justo en ese momento…

Escuché la moto de Tay.

Mi corazón dio un pequeño salto.

—Ya me voy —les dije a mis papás, dándoles un beso rápido.

Abrí la cochera.

Saqué mi moto.

Me puse el casco.

Y ahí estaba él.

Esperándome.

—¿Lista? —preguntó Tay, con esa sonrisa que ya empezaba a conocer.

—Lista.

Y nos fuimos.

El viento.

La velocidad.

La libertad.

Así pasó la semana.

Rápida.

Ligera.

Casi perfecta.

Hasta el viernes.

Esa noche…

Todo cambió.

Mi celular vibró.

Un mensaje.

De las chicas.

—Cris… necesitamos que veas esto.

Sentí algo raro en el pecho.

Pero lo abrí.

Era un video.

Le di play.

Y en cuanto empezó…

Mi mundo se rompió.

Robert.

Luna.

Hablando.

Riendo.

Planeando.

Cada palabra…

Era una puñalada.

“Solo tienes que enamorarla…”

“Es parte del trato…”

“Después haces lo que quieras…”

Mi respiración se volvió pesada.

Mis manos comenzaron a temblar.

No…

No podía ser real.

Pero lo era.

Todo.

Había sido una mentira.

—Cris… sentimos que te enteraras así… —escribieron mis amigas— pero hay más…

Sentí miedo de leer lo siguiente.

Pero lo hice.

—Están juntos… son novios… y parece que va en serio.

Silencio.

Mi corazón…

Se rompió en mil pedazos.

Pero no lloré de inmediato.

Solo me quedé ahí.

Mirando la pantalla.

Sin poder creerlo.

—Gracias… —escribí finalmente— gracias por decirme la verdad.

Y en ese momento…

Algo dentro de mí cambió.

No iba a ser la misma.

El silencio en su habitación era pesado.

Asfixiante.

Cris dejó el celular sobre la cama.

Sus manos temblaban.

Su respiración era irregular.

—Todo fue mentira… —susurró.

Y en ese momento…

Las lágrimas comenzaron a caer.

No eran suaves.

No eran silenciosas.

Eran lágrimas de dolor.

De decepción.

De traición.

Se llevó las manos al rostro.

—¿Por qué…? —murmuró entre sollozos— ¿por qué jugar conmigo así?

Recordó cada momento.

Cada sonrisa.

Cada palabra.

Cada “te quiero”.

Todo.

Falso.

Eso fue lo que más dolió.

No perderlo…

Sino darse cuenta de que nunca lo tuvo.

Se sentó en la cama.

Respiró hondo.

Intentando calmarse.

Pero entonces…

Algo dentro de ella cambió.

Su mirada.

Su expresión.

—No… —dijo con firmeza— no me voy a quedar así.

Tomó sus audífonos.

Se los puso.

Volumen bajo.

Pero suficiente para sentir.

Una canción empezó a sonar.

Una de Danna Paola.

De esas que no solo se escuchan…

Se sienten.

Cris comenzó a cantar.

Bajito al inicio.

Pero conforme avanzaba la canción…

Su voz temblaba.

Y mientras cantaba…

Comenzó a borrar.

Fotos.

Videos.

Recuerdos.

Cada imagen que desaparecía…

Era como arrancar un pedazo de su historia.

Pero no se detuvo.

—Ya no más… —susurró— ya no más mentiras.

Abrió el chat de Robert.

Sus dedos dudaron un segundo.

Pero luego…

Escribió.

No con miedo.

No con tristeza.

Con fuerza.

Le dijo todo.

Todo lo que sentía.

Todo lo que pensaba.

Todo lo que dolía.

Sin filtros.

Sin suavizar nada.

También le escribió a Luna.

Y cuando terminó…

Leyó el mensaje una vez más.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Pero su mirada…

Era firme.

Lo envió.

Y sin esperar respuesta…

Los bloqueó.

A los dos.

Para siempre.

En ese momento…

Se dejó caer en la cama.

Y ahora sí…

Se permitió romperse.

Lloró.

Con todo.

Hasta que el dolor salió.

Hasta que el pecho dejó de doler tanto.

No supo cuánto tiempo pasó.

Solo escuchó la puerta abrirse.

—¿Princesa…? —la voz de su papá.

Cris levantó la mirada.

Sus ojos rojos.

Su rostro lleno de lágrimas.

—¿Por qué estás llorando? —preguntó su mamá, acercándose rápido.

Y entonces…

Cris ya no pudo contenerse.

—Papá… mamá… —su voz se quebró— Robert nunca cambió…

Las palabras salieron entre lágrimas.

—Todo fue un juego… una apuesta… y Luna… ella… también estaba metida…

El silencio en la habitación se volvió pesado.

Su papá apretó la mandíbula.

—No puedo creer que te hayan hecho esto… —dijo con enojo contenido.

Su mamá se sentó junto a ella.

La abrazó fuerte.

—Mi niña… —susurró— lo siento tanto…

Cris se aferró a ella.

—Me duele… —dijo llorando— me duele mucho…

Su papá se acercó.

Los abrazó a las dos.

—Pero vas a estar bien… —dijo con firmeza— porque tú no perdiste nada…

Hizo una pausa.

—Ellos fueron los que perdieron a alguien que valía la pena.

Cris cerró los ojos.

Llorando.

Pero un poco más tranquila.

—Hay más chicos allá afuera… —dijo su mamá suavemente— chicos que sí te van a valorar…

Hizo una pequeña pausa.

—Como Tay…

Cris no respondió.

Pero su corazón…

Reaccionó.

Esa noche…

No quiso estar sola.

—¿Me puedo quedar con ustedes…? —preguntó en voz baja.

—Claro que sí, princesa —respondieron los dos al mismo tiempo.

Y esa noche…

No durmió sola.

Durmió con sus papás.

Protegida.

Acompañada.

Intentando sanar.

La mañana llegó…

Pero no fue una mañana cualquiera.

Cris abrió los ojos lentamente.

Su cuerpo aún estaba cansado.

Pero su mente…

Más clara que nunca.

Recordó todo.

El video.

Las palabras.

La traición.

Y, por primera vez…

No lloró.

Se sentó en la cama.

Respiró profundo.

—Se acabó… —susurró.

Bajó a desayunar.

Sus papás la miraron en silencio.

Observándola.

Midiendo su ánimo.

—Papá… —dijo con calma— hoy amanecí decidida.

Ambos levantaron la mirada.

—Voy a olvidar a Robert.

No lo dijo con dolor.

Lo dijo con firmeza.

—Y voy a hacer lo necesario para lograrlo.

Su papá asintió.

Orgulloso.

—Haz lo que tengas que hacer, princesa… nosotros estamos contigo.

Cris sonrió levemente.

—Gracias, papá.

Subió a su cuarto.

Cerró la puerta.

Y comenzó.

Abrió cajones.

Cajas.

Mochilas.

Fotos.

Cartas.

Pequeños regalos.

Dos años de recuerdos…

En sus manos.

Por un momento dudó.

Pero negó con la cabeza.

—No… ya no.

Tomó un bote.

Y empezó a echar todo ahí.

Sin detenerse.

Sin mirar atrás.

Cada cosa que caía…

Era una parte de su historia que dejaba ir.

Cuando terminó…

Miró el bote.

Lleno.

Pesado.

Pero no tanto como su corazón había estado.

Lo tomó.

Y bajó.

—Mamá… —preguntó— ¿dónde está el encendedor?

Su mamá la miró, confundida.

—En el cajón, hija… ¿para qué lo quieres?

Cris no respondió.

Solo lo tomó.

Y salió.

El aire de la mañana le pegó en el rostro.

Frío.

Real.

Cerró la puerta detrás de ella.

Sus papás se miraron.

—Algo va a hacer… —dijo su mamá.

—Vamos… —respondió su papá.

Salieron tras ella.

Cris colocó el bote en el suelo.

Sus manos estaban firmes.

Sacó un papel.

Lo encendió.

La llama comenzó pequeña.

Temblorosa.

Pero cuando tocó los recuerdos…

Todo empezó a arder.

Las fotos.

Las cartas.

Los regalos.

Todo.

Cris se quedó mirando.

No lloró.

Solo observó.

Cómo el pasado se convertía en cenizas.

—Princesa… —la voz de su papá.

Cris volteó.

—Nos hubieras dicho… —añadió su mamá.

—Lo siento… —respondió— pero necesitaba hacer esto… ya.

Su papá asintió lentamente.

—Ahora entendemos…

Su mamá tomó su mano.

—Es lo mejor que pudiste hacer.

Y justo en ese momento…

Una voz.

—¿Cris…?

Ella levantó la mirada.

Tay.

Su corazón reaccionó sin permiso.

Él vio el fuego.

El bote.

Y sus ojos…

Llenos de emoción contenida.

Se acercó rápidamente.

—¿Qué pasó…?

Y en cuanto lo tuvo cerca…

Cris no lo pensó.

Lo abrazó.

Fuerte.

Como si necesitara sostenerse de algo.

De alguien.

Tay se quedó en shock un segundo.

Pero luego…

La abrazó también.

—Tranquila… —susurró.

Y poco a poco…

Cris comenzó a calmarse.

El calor del fuego.

El frío del aire.

Y ese abrazo…

Todo se mezcló.

—Ahora que estás más tranquila… —dijo Tay con suavidad— ¿me puedes decir qué pasó?

Cris respiró profundo.

—Mi ex… y una amiga… hicieron una apuesta conmigo…

Y le contó todo.

Sin ocultar nada.

Sin suavizar el dolor.

Tay escuchó.

En silencio.

Pero sus ojos…

Mostraban algo claro.

Enojo.

—A mí también me hicieron algo parecido… —dijo finalmente— pero mis papás siempre me dijeron algo…

Hizo una pausa.

—Cuando quemas lo que te lastimó… haces espacio para algo mejor.

Cris lo miró.

Sus palabras…

Le llegaron.

Sus papás intercambiaron miradas.

—Esa frase ya la habíamos escuchado… —dijo su mamá suavemente.

Y en ese momento…

Sin que nadie lo notara del todo…

Algo nuevo…

Comenzaba.

El fuego poco a poco se fue apagando.

Las llamas se hicieron pequeñas…

Hasta convertirse en cenizas.

Cris las miró por última vez.

Y, por dentro…

Sintió algo distinto.

Ligereza.

Como si por fin…

Se hubiera quitado un peso de encima.

Tay seguía a su lado.

En silencio.

Sin presionarla.

Solo… estando.

—Gracias… —dijo ella en voz baja.

Él la miró.

—No tienes que agradecer nada.

Hubo un pequeño silencio.

Pero no incómodo.

Era de esos silencios…

Que se sienten bien.

—¿Quieres salir un rato? —preguntó Tay— despejarte… te va a ayudar.

Cris lo pensó un segundo.

Miró a sus papás.

Su mamá sonrió.

—Ve, hija.

Su papá asintió.

—Diviértete, princesa.

Cris volvió a mirar a Tay.

Y sonrió.

—Sí… vamos.

Caminaron juntos.

Sin prisa.

El aire era fresco.

La tarde tranquila.

—¿Dónde sueles pasar tus vacaciones? —preguntó Tay, intentando cambiar el ambiente.

Cris pensó un momento.

—Hace tres años fui a Puerto Vallarta con mi familia…

Sus ojos se suavizaron.

—Estuve a punto de caerme… pero un chico me salvó…

Tay se detuvo.

—¿Y… lo volviste a ver?

Cris negó con la cabeza.

—No… nunca más.

Él sonrió levemente.

—Yo soy ese chico.

El mundo de Cris…

Se detuvo.

—¿Qué…?

Lo miró fijamente.

Intentando procesarlo.

—Ese día… —continuó Tay— no pude olvidarte.

Su corazón comenzó a latir rápido.

—Yo tampoco… —susurró.

Y en ese instante…

Todo encajó.

Las miradas.

La conexión.

La forma en la que se sentía con él.

No era casualidad.

Era destino.

Llegaron a una heladería.

Se sentaron.

Pidieron lo mismo.

Pero ninguno estaba realmente enfocado en el helado.

Sus miradas no se separaban.

Había algo en el aire.

Algo distinto.

Más profundo.

Cuando terminaron…

Caminaron de regreso.

Frente a su casa…

Se detuvieron.

—Gracias por hoy… —dijo Cris.

—Gracias a ti… —respondió él.

Hubo un silencio.

Uno que decía demasiado.

Y entonces…

Sin pensarlo demasiado…

Tay se acercó.

Y la besó.

Un beso suave.

Pero lleno de intención.

Cris se sorprendió un segundo.

Pero no se apartó.

Lo sintió.

Lo aceptó.

Y en ese momento…

Entendió algo.

—Algo tiene Tay… —pensó— que hace que no quiera alejarme…

Cuando él se separó…

Sonrió nervioso.

—Perdón… no pude evitarlo.

Cris negó suavemente.

—No… está bien.

Y esa respuesta…

Lo dijo todo.

Tay se fue corriendo.

Como si también sintiera demasiado.

Cris entró a su casa.

Sus papás la miraron de inmediato.

—¿Y esa sonrisa…? —preguntó su mamá.

Cris no pudo evitar reír.

—Papás… Tay me besó…

—¿Qué? —dijeron los dos al mismo tiempo.

—Y no es la primera vez…

El silencio fue inmediato.

—¿Cuándo fue la primera? —preguntó su papá, sorprendido.

—En el baile… —respondió— pero ahora…

Hizo una pequeña pausa.

—Se sintió diferente.

Sus papás se miraron.

—Creo que… —dijo su mamá suavemente— ese sentimiento ya estaba ahí desde hace tiempo.

—Desde hace tres años… —añadió su papá.

Cris bajó la mirada.

Sonriendo.

—Tal vez…

Pero lo que sí sabía…

Era que ya no dolía.

Ya no pensaba en Robert.

Ya no.

Porque algo nuevo…

Había comenzado.

A veces…

Lo que más duele…

No es el final de algo.

Sino descubrir…

Que nunca fue real.

Pero también…

Es lo que abre la puerta…

A lo que sí lo es.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play