Morí una vez por ser quien era.
Reencarné en una historia donde el villano estaba destinado a caer.
El héroe eligió al omega correcto.
El mundo celebró.
Yo elegí al villano.
Sethiel, un omega que recuerda su vida pasada, decide quedarse al lado del hombre condenado por amar demasiado.
Un BL omegaverse oscuro sobre obsesión, elección y destino reescrito.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 17 El salón donde dejaron de subestimarlo
La invitación no llegó como una orden.
Llegó como una elección.
—Hay una recepción en el palacio esta noche —dijo Draven Blackthorne, apoyado en el marco de la puerta—. No es obligatoria.
Hizo una pausa breve, deliberada.
—Pero quiero que vayas conmigo.
Sethiel Raviel levantó la vista del libro que sostenía. No sonrió de inmediato. Lo observó con esa calma estratégica que siempre parecía desarmar defensas.
—¿Quieres que vaya… o quieres que vaya contigo?
Draven sostuvo la mirada sin retroceder.
—Quiero que vayas conmigo.
Sethiel cerró el libro con cuidado.
—Entonces yo me encargo de los trajes.
—Puedo mandarlos a hacer.
—No —respondió Sethiel, firme—. Quiero hacerlo yo.
No era un capricho.
Era una decisión.
La tarde previa a la recepción, Sethiel apareció en el despacho con dos fundas oscuras colgadas del brazo. Las dejó sobre el escritorio sin ceremonia.
—El tuyo —dijo—. Pruébatelo.
Draven abrió la funda. Negro profundo, líneas precisas, corte impecable. Sin adornos innecesarios. El traje no buscaba destacar… lo hacía inevitable.
—¿Cómo…?
—Te observo —respondió Sethiel—. Eso basta.
Draven cerró la funda con una exhalación lenta.
—¿Y el tuyo?
Sethiel sonrió apenas.
—Lo verás mañana.
Se inclinó ligeramente hacia él.
—Quiero que combinemos. No para ocultarme… sino para que quede claro.
Draven sostuvo su mirada, con algo oscuro encendiéndose en sus ojos.
—Ya lo está.
La noche de la recepción, la casa de Blackthorne permanecía en un silencio expectante.
Draven aguardaba al pie de la escalera, ajustándose los guantes con gesto automático.
Entonces escuchó pasos.
Alzó la vista.
Sethiel descendía con una calma medida.
El traje oscuro se ceñía a su cuerpo con una elegancia peligrosa, delineando cada línea sin exceso. La tela capturaba la luz con sutileza. El maquillaje resaltaba sus rasgos sin suavizarlos, sin pedir permiso.
Draven se quedó inmóvil.
—¿Está bien? —preguntó Sethiel al llegar frente a él—. Puedo cambiarlo.
Draven negó despacio.
—No cambies nada.
La voz le salió más grave.
—Vas a ser imposible de ignorar.
Sethiel sonrió, satisfecho.
—Ese era el punto.
Salieron juntos.
No como acompañantes.
Como una sola presencia.
El palacio estaba diseñado para impresionar, no para acoger. Mármol pulido, candelabros altos, música contenida.
Cuando cruzaron las puertas del salón, el murmullo se apagó.
Las miradas se giraron.
Las conversaciones se suspendieron.
Sethiel avanzaba con la espalda recta, la mirada firme. Draven caminaba a su lado, consciente del efecto que provocaban.
Entonces apareció el pasado.
Lucien Arvayne, Conde de Arvayne, se acercó con una sonrisa tensa. A su lado, Milo Everlyn, un omega joven de belleza dócil, tomado de su brazo con una discreción que hablaba de dependencia.
—Sethiel —saludó Lucien—. No esperaba verte aquí.
Luego miró a Draven.
—Duque Blackthorne.
—Conde Arvayne. Vizconde Everlyn.
Sethiel inclinó apenas la cabeza.
—Espero que disfruten la velada.
Lucien tensó la sonrisa.
—He oído comentarios… sobre tu cercanía con Blackthorne.
—Los comentarios viajan rápido —respondió Sethiel—.
—Los hechos, más lejos.
Algunos nobles cercanos se detuvieron a escuchar.
—No es personal —añadió Lucien—. Pero ciertas decisiones generan inquietud.
Sethiel lo miró de frente.
—La inquietud suele surgir cuando las suposiciones se rompen.
Un noble intervino con condescendencia:
—La elocuencia no es poder.
Sethiel asintió, sereno.
—Cierto.
—El poder es resultado.
Y habló.
De fronteras sostenidas por estrategia.
De decisiones que no buscan aprobación.
De los errores que nacen al subestimar a quien parece débil.
No alzó la voz.
No lo necesitó.
Cuando terminó, el silencio fue absoluto.
—Disfruten la noche —cerró Sethiel—.
—Algunos tenemos futuro que atender.
Se alejó junto a Draven. El murmullo regresó distinto. Más bajo. Más cuidadoso.
—Estabas celoso —dijo Sethiel cuando ya estaban lejos del salón.
—Sí.
—No lo estés.
Sethiel tomó su mano sin pedir permiso.
—Ven. Quiero aire.
El jardín del palacio estaba envuelto en luces suaves y setos altos. La música llegaba amortiguada.
Sethiel se detuvo frente a él.
—Mírame.
Draven lo hizo.
—Yo ya elegí.
No esperó respuesta.
Lo besó.
Un beso firme, profundo, cargado de decisión. Tomó la mano de Draven y la guió hasta su muslo, sosteniéndola allí como una afirmación silenciosa.
—Soy tuyo —susurró, sin vacilar—.
—No lo cuestiones.
Draven respondió con la misma intensidad, afirmando el contacto, presente, decidido.
Cuando se separaron apenas, respirando el mismo aire, Sethiel apoyó la frente en la suya.
—Por elección —añadió.
—Y tú eres mío —respondió Draven—.
—Sin dudas.
En ese jardín no hubo promesas vacías.
Hubo certeza.
Y el mundo, aunque no lo oyera, ya había sido advertido.
en esa relación no existen las medias naranjas, existen los iguales que se consideran mutuamente, con el entendimiento de que nadie necesita de sobre protección o sumisión, solo la presencia de ese ser bastan.
Los errores siempre estarán, como siempre estarán las decisiones tomadas de entonces, lo único que siempre se podrá cambiar es la actitud , criterio y el entendimiento de uno mismo cuando sepa cuales fueron sus resultados respecto a las desiciones tomadas.
escritora no dejes de escribir, ya que con una escritura perdida tuya, perdemos una lectura llena de emociones variadas que nos pueden hacer disfrutar tanto de una lectura.
quizás quieras descubrir otras historias mías 👀✨
📖 Puedes encontrarlas como Annyeliza
cada comentario, cada lectura y cada emoción compartida significaron mucho para mí 🥺✨
¿Cuál fue tu momento favorito? 👀
🔍 Annyeliza