Reencarné para ser la villana, pero el corazón no entiende de guiones.
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Reconocimiento Peligroso — 2
No era la primera vez que nuestras vidas se rozaban. La novela, mis recuerdos, lo atestiguaban. Pero esta era la primera vez que lo sentía como una danza en el borde de un abismo. Los ojos de Sebastián eran el abismo.
El vals terminó y comenzó una contradanza más enérgica. Un noble, con una máscara de halcón, se acercó para invitarme a bailar. Acepté con una sonrisa, notando de reojo cómo la figura de Sebastián se movía, lenta y deliberadamente, hacia mi dirección. No era una persecución, sino un encuentro inevitable.
La contradanza me llevó en espiral por el salón, la música era un torbellino de violines y flautas. Por un instante, mientras giraba, nuestros cuerpos se rozaron. Su mano, cálida y firme, se posó brevemente en mi espalda. A través de la máscara, sus ojos me buscaron.
—Princesa Aurelia —su voz era grave, apenas un susurro que solo yo podía oír sobre la música—. Se le ve diferente esta noche.
Mi corazón dio un vuelco. Él lo había notado. No era solo la ropa, no era el baile. Era algo más profundo.
—¿Diferente, Lord Sebastián? —respondí, mi voz era sorprendentemente firme. La "Habilidad de Encantamiento" que había adquirido me ayudaba a mantener la calma y el carisma. —La noche de máscaras invita al cambio, ¿no cree? A ser… quien uno desea ser, aunque sea por una noche.
Él sonrió, una curva sutil de sus labios que la máscara no podía ocultar del todo. No era una sonrisa alegre, sino una de conocimiento.
—Algunos cambian sus máscaras. Otros, su rostro.
La insinuación era clara. ¿Sabía él de mi transmigración? ¿O solo percibía la abrupta ruptura con el carácter de la Aurelia original? La incertidumbre me hizo sentir un escalofrío. Si él sabía la verdad, ¿qué implicaciones tendría? Era un riesgo demasiado grande.
—¿Y cuál es su rostro real, Lord Sebastián? —lo desafié, mi mirada no se apartó de la suya. —Porque el suyo, bajo esa máscara, parece guardar más secretos que la noche misma.
Su sonrisa se amplió, un gesto que en la Aurelia original habría provocado un torrente de esperanza. En mí, provocó una mezcla de fascinación y alerta.
—Quizás todos tenemos más de un rostro, Princesa. El truco es saber cuál mostrar, y a quién.
El baile nos separó, nuestros cuerpos se movieron en direcciones opuestas, pero la conexión entre nosotros permaneció, tensa y palpable. Él no era un hombre al que se pudiera engañar fácilmente. Su mirada no era la de un posible amante, sino la de un estratega, un observador. Él no anhelaba a la Aurelia que había sido. Parecía intrigado por la que era ahora.
Me concentré en los pasos de la danza, mi mente a mil por hora. Necesitaba asignarle los 15 puntos de atributo de la Misión 3. Claramente, la interacción con Sebastián había demostrado que la inteligencia y el carisma eran vitales.
—Sistema, asigna 5 puntos a Carisma, 5 a Inteligencia y 5 a Agilidad.
[Atributos Actualizados:]
[Fuerza: 5 (Baja)]
[Agilidad: 16 (Alta)]
[Resistencia: 7 (Media)]
[Inteligencia: 25 (Muy Alta)]
[Carisma: 17 (Muy Alto)]
[Encanto: 18 (Muy Alto)]
¡Inteligencia y Carisma en 25 y 17 respectivamente! Eso me daba una ventaja considerable. Mi agilidad, que ahora era "alta", también me serviría para moverme con mayor sigilo y gracia. Sentí una oleada de confianza. No era invencible, pero ya no era la presa indefensa que había sido.
El baile continuó, y Sebastián me observó desde la distancia, un centinela silencioso. Su mirada me atravesó como si supiera quién había sido en vidas ajenas y quién debía ser ahora.