Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
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18. Invitación…
—¿Quieres desayunar? —me preguntó mostrándome el plato.
Asiento en señal de que sí quiero comer; él comienza a caminar y coloca el plato al lado del suyo. Tomó asiento y le agradezco por la comida.
—Está muy bueno este desayuno, ¿tú lo hiciste? —le pregunto.
—Sí me levanté temprano para hacerlo; por cierto, ¿con quién discutían hace unos minutos? —dice interesado.
—No sabía que cocinabas —digo metiendo la chicharra a la boca.
—Es algo que hago como hobby —sonríe al decirlo.
—Genial, respondiendo a lo otro, este mi supuesto prometido me llamó para reclamarle por aceptar modelar en vestido de novia junto a ti —digo terminando de comer.
—No sabía que fuera celoso —pregunta intrigado.
—No lo es, pero supongo que esto tuvo que ver con su madre; sus padres son muy señoriales, les molesta lo que no pueden controlar —respondo tomando mi jugo de naranja.
—Comprendo y te arrepientes de haberlo hecho —fija su mirada en mi rostro.
Arrepentirme jamás; si modelar es algo que siempre me ha gustado, nunca desaproveché esta oportunidad. Además, modelar fingiendo ser pareja con Alessandro fue lo mejor.
—No tengo por qué arrepentirme —dejó el vaso a un lado.
Aless esboza una sonrisa al saber que ella no se arrepiente de haber modelado con él; su mirada baja hasta las manos de ella, dándose cuenta de que no lleva el anillo de compromiso.
—¿Me harías el honor de salir conmigo esta tarde? —me pregunta.
Levantó la mirada pensando en que sería bueno salir con él para despejar mi mente.
—Claro, nomás me avisas a qué hora —digo levantándome y recogiendo los platos.
—¿Te parece a las 7 p. m.? —dice ayudándome a recoger los utensilios para llevarlos a la cocina.
—Es buena hora —afirmó dejando los platos en el fregadero.
Ella comienza a lavar los trastes y Alessandro a acomodar los ingredientes que ocupó y que no había guardado. Veinte minutos después estaban tomando el sol en el jardín; parece que hoy tendrán un día de respirar tranquilidad.
Pero esa tranquilidad no es para todos, porque en Novamoda se está llevando a cabo una batalla feroz con Octave Lemarie, el diseñador de moda más cotizado de Honduras.
—Es que problema no hay en que compren los bordados en Royal Tela, con tal de que no compren las telas e insumos, estamos bien —aplaude Octave; no quiere imaginar que ese par llegué a comprar esas telas e insumos de mala calidad.
—Lo entendemos, nosotros solo compraremos los bordados, nada de telas o insumos —afirma Leonardo.
—Eso espero —dice antes de salir de la sala de reuniones.
Al darse la vuelta, choca con Juliana, quien trae unas carpetas de fotocopias. Abre los ojos tratando de acostumbrarse a esos colores vibrantes; o sea, no están mal, pero es que ella no sabe que esos colores no van con su tipo de piel.
Entrecierra los ojos al verla entrar a la sala, sacude sus manos buscando espantar esos malos espíritus de la moda.
—¿Qué pasa, Tavi? —pregunta Madison, sentada revisando la agenda.
—Viste eso, parece que la visten los enemigos —Sacude sus hombros acercándose a Madison.
—Eso parece, Tavi —asiente.
Él desaparece volviendo a su taller antes que se le peguen esos espíritus, nada que ver con su luz, con su creatividad.
Mientras que Madi trabaja en lo que se va a servir ese día en el desfile y en el cóctel que se hará al atardecer con los inversionistas de la empresa.
—Cariño, pensé que ya te habías ido a almorzar —dice Mateo acercándose a ella.
Parte de su misión es distraer a Mateo para sacarle información, pero el tipo es bien precavido, que no ha podido hacerlo.
—No estoy ocupada preparando el menú —dice Madi sin levantar la vista.
—Ya lo creo, sé que quedamos en ir a comer juntos, pero no puedo, tengo un almuerzo con los distribuidores de telas —Hace un puchero.
—No te preocupes por mí, tú ve tranquilo —afirmó dirigiendo una mirada.
Te quiero, nos vemos en la tarde —Se despide con un beso en los labios.
Al verlo desaparecer junto a Leonardo y Juliana, sonrió; cuando nadie me ve, me limpio los labios asqueada por ese beso.
El sol se estaba ocultando. Ginebra ya estaba preparándose para la salida con Alessandro, que será en una hora; como él no le dijo a dónde irían, no sabe qué ropa usar, así que opta por un vestido café que le llega abajo de las rodillas y tacones color negro.
Al estar lista, baja a la sala; ahí se encuentra con Aless, quien ya la está esperando para partir. Una hora más tarde estamos sentados en una mesa de un restaurante muy lindo y acogedor.
—¿Qué te parece el lugar? —pregunta Aless.
—Es muy lindo —digo.
Toma mi mano y me da un leve apretón; volteo a verlo, sus ojos azules hacen que no quiera dejar de verlo.
Unos minutos después nos traen la comida, que es pasta italiana, dos ensaladas, una de espinacas y la otra de tomate. Aless comienza a servir el vino tinto en las copas.
—Este vino está exquisito —murmuró dándole un sorbo a la copa.
—Lo es, me gusta venir a este restaurante por su comida y bebidas —responde con una sonrisa.
Guardó silencio, comenzando a degustar la comida, y vaya que no miente: la pasta está en su punto, la ensalada está muy fresca, justo como me gusta. Después de comer, pongo mi mirada en las velas encendidas; hasta parece una cita romántica.
—Esto es para ti —giró mi mirada observando cómo un mesero se acerca y le entrega un ramo de flores.
—Son tan hermosas, gracias —dijo tomando el ramo de flores.
Después de pagar la cuenta, salimos del restaurante rumbo a la casa; la verdad es que la pasé genial. Esta noche ha sido maravillosa.
—Gracias por lo de esta noche —digo poniendo el ramo de flores a un lado.
—Es un placer compartir tiempo contigo —responde acercándose a mí.
Su mano roza mi mejilla, su mirada detallando mi rostro. Observó cómo baja la mirada hasta mis labios, su aliento más cerca de mi rostro; sin pedir permiso, estampa sus labios con los míos. Al principio quedó sorprendida, pero después mandó todo al carajo y se concentró en sus labios carnosos.