Una loba Nacida de la raza más fuerte, un Alfa la primera de cuatro hermanos, capas de heredar los más fuertes linajes toma una decisión... – Dejaré esta manada, No soy una máquina de carga –
El Un Gama, último hermano de un Alfa cruel quien lo desprecio por ser un hijo no deseado, en un arranque de guerra quedo solo y sus piernas mal heridas dejándolo en silla de ruedas con solo un aliado su cuidador – Un lobo invalido, es un lobo muerto, Es mejor que termines con tu vida, solo eres un estorbo para este reino–
Ambos de un padre de linaje real un licantropo, pero el no saco nada de eso
El destino los une un día.. ¿ Qué podría pasar ?
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Ahorremos el alago.
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El hechicero y el lobo daban vueltas por el bosque y sus senderos.
–Esa niña… Está jugando con nosotros.– dijo entre dientes el mago.
–Es sumamente astuta. Su rastro potente se dirige por ese rumbo.– sonrió astutamente. –El Rey tenía razón: nos está esperando.–
Ambos se encaminaron hasta el sendero y llegaron al galpón; los demás ya los aguardaban en su interior.
–Tardaron demasiado. Parece que ya te has vuelto viejo, Profesor Grif.–
El hechicero sonrió con malicia ante el comentario de Pedro y la risa de Rice.
–Me complace saber que mis alumnos me han superado. Una excelente emboscada.–
–Ahorre sus elogios, Profesor. Sabemos que nunca nos agradamos. ¿Y bien, ¿por qué vienen?–
El lobo rio. –El Rey Patrick solicita su auxilio: la Manada Luna Oscura pretende apoderarse de su territorio y su hermano no se encuentra en condiciones… Pero eso seguro que ya lo sabe.–
Rice sonrió. –¿Y a cambio de qué?–
–Eso es todo lo que conocemos. Dijo que usted podría intuirlo.–
–Maldito anciano. Espero que no se trate de una trampa… Porque sabe que no soy nada complaciente y no le convendría.– Los miró de reojo.
–Sigues igual de altanera.– agregó Grif. –¿Qué hace el hermano del alfa Lucían por aquí?–
Asher permanecía detrás de Rice; no la dejaría sola. Tomás se encontraba junto a sus hermanos.
–Es mi pareja. ¿Algún inconveniente?… ¿Y cómo está tu esposa?– sonrió maliciosa.
–Mocosa inservible.–
–Viejo cornudo.–
–Basta, los dos.– dijo Pedro, pasándose las manos por las sienes al recordar sus días de entrenamiento con ellos; en aquel entonces, siempre discutían de esa manera.
–Nos iremos con ustedes. Puede avisarle al viejo.–
Grif rechinó los dientes. El lobo ya había comunicado a Patrick, quien sonrió astutamente en su oficina: “Que lleguen sanos y salvos…”
Una vez concluidas las palabras, Nicol se encontraba con Francis en la camioneta, a la sombra de la oscuridad. Tomás les avisó y salieron hacia la avenida con los vehículos; cada grupo se dirigió por su lado: Grif acompañó a Pedro, Valentina, Mario y Silvy.
Por otro camino iban Nicol, Tomás, Asher, Rice y el lobo Leonel; detrás, Carter conducía con Esteban, Celeste y Francis.
–Estaremos bien.–
Susurró Asher en su oído. Rice se acomodó en su hombro y durmió durante el viaje.
“Cuando esto termine… Tendremos una linda casita juntos, ¿qué opinas?”
“No puedo esperar, hermosa.” Le besó la frente.
Leonel arqueó una ceja al verla tan cariñosa con alguien. Pedro sonrió astutamente.
–Lo verás con frecuencia, mejor acostúmbrate, Profesor.–
El mago sonrió y volvió a mirar a Asher: su porte de linaje real era inequívoco, tenía una noble presencia igual a la de su padre.
....
En las oscuras sombras, una mujer susurraba un conjuro cuando otra llegó corriendo, con el corazón intranquilo.
–Ellos se dirigen al castillo del Rey.–
La mujer de cabello rojo alzó la mirada.
–Debo marcharme.–
Tomó sus pertenencias y salió sin más por aquel camino desolado y sin vida, mezclándose con el polvo y el rocío de la madrugada.
...
–Madre… Ellos están llegando.–
–Eso es una excelente noticia, hijo. Sus habitaciones ya están preparadas, no te preocupes.–
Patrick asintió y salió de su habitación. Su madre Carmen continuó con su peinado cuando sintió un viento helado detrás de ella; lanzó su peine al ver el reflejo de su amiga en el espejo.
–Lucinda…–
La abrazó con todo el anhelo acumulado, sin creer que hubiera regresado después de tanto tiempo.
–Hola, Carmen. Mis hijos están llegando, ¿no?–
–Sí… Por la Diosa, pensé lo peor al no tener noticias tuyas durante tanto tiempo.–
–No podía volver antes, pero ahora mis niños me necesitan… más Guillermo.–
Las dos conversaron un rato en la habitación, como si el tiempo y el dolor nunca les hubieran separado.
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