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La Esposa Del Ceo Ciego

La Esposa Del Ceo Ciego

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Amor-odio / Romance
Popularitas:8.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Francisco Valois, un magnate que perdió la vista y su imperio tras un atentado, acepta un matrimonio de conveniencia con Andrea, quien promete ser sus ojos y devolverle el poder. Mientras Francisco la desprecia creyéndola una oportunista, Andrea oculta una verdad devastadora: padece una enfermedad terminal y ha planeado su muerte para donarle sus córneas y asegurar el futuro del hombre que ama en secreto.

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capitulo 17

​La mansión de los Valois, una construcción neoclásica que siempre había intentado rivalizar con la de Francisco, estaba iluminada con una opulencia agresiva. Beatriz, la tía que nunca perdonó a Francisco por heredar el control total del imperio, había convocado a la familia bajo el pretexto de una "celebración de unidad". Pero en el aire, mezclado con el aroma de los lirios y el champán caro, flotaba el olor metálico de la emboscada.

​Andrea se ajustó el vestido de seda esmeralda. El color le devolvía algo de vida a su piel, pero el peso de la tela se sentía como una armadura de plomo. A su lado, Francisco caminaba con una elegancia depredadora, su mano apoyada con firmeza en el antebrazo de ella. Él no necesitaba ver las miradas de reojo para saber que estaban entrando en un nido de serpientes.

​Beatriz los recibió cerca de la escalinata principal. Lucía un vestido de pedrería que tintineaba con cada movimiento, un sonido que a Francisco le recordaba al siseo de una cascabel.

​—¡Francisco, querido! Qué milagro que dejes tu cueva —dijo Beatriz, acercándose para darle un beso al aire. Luego, giró su atención hacia Andrea, recorriéndola con una mirada que buscaba la fisura en el mármol—. Y tú, Andrea... pareces un poco pálida. ¿Es que el trabajo de "ojos del rey" te está agotando?

​—El trabajo es estimulante, señora Valois —respondió Andrea con una calma gélida—. Lo que agota es la hipocresía del ambiente.

​Francisco apretó ligeramente el brazo de Andrea, una señal de orgullo silencioso. Pero Beatriz no se amilanó. Notó cómo Andrea se apoyaba sutilmente en Francisco, cómo su respiración era un poco más rápida de lo normal tras subir los escalones. La envidia de Beatriz era una criatura hambrienta; necesitaba encontrar el punto débil de la mujer que había salvado al sobrino que ella quería destruir.

​La fiesta transcurrió entre brindis vacíos y risas ensayadas. Francisco mantenía a Andrea cerca, pero en un momento de la noche, un grupo de inversores lo rodeó para discutir los detalles de la absorción de los Moore. Andrea, sintiendo un pinchazo agudo en el pecho, se retiró hacia una mesa lateral para buscar un vaso de agua.

​Fue entonces cuando Beatriz actuó.

​Caminó hacia Andrea con una copa de Cabernet en la mano, fingiendo un tropiezo con el borde de una alfombra persa. El líquido rojo oscuro voló por el aire, aterrizando de lleno sobre el pecho y la falda del vestido esmeralda de Andrea.

​—¡Oh, Dios mío! ¡Qué torpe soy! —exclamó Beatriz, con una voz que fingía horror pero cuyos ojos brillaban con un triunfo cruel—. Tu vestido precioso... está arruinado. Ven, querida, sube a mi vestidor privado. Tengo algo que puede servirte y mis doncellas te ayudarán a limpiar esa mancha.

​Andrea sintió el frío del vino calando en su piel, pero lo que más le dolió fue la urgencia de su propio corazón, que protestaba ante el susto.

—No es necesario, puedo ir al baño principal...

​—Insisto —dijo Beatriz, sujetándola del brazo con una fuerza sorprendente—. Francisco no querrá que su "socia perfecta" luzca como si hubiera salido de una carnicería.

​Arriba, en la penumbra del vestidor de Beatriz, el aire era asfixiante. Andrea fue conducida a un rincón mientras una empleada le traía una bata de seda.

—Deje su bolso aquí, señorita, yo me encargaré de todo —dijo Beatriz con una amabilidad untuosa.

​Andrea, mareada por el esfuerzo de subir las escaleras y la pérdida de ritmo de su corazón, soltó el bolso sobre un diván antes de entrar al cuarto de baño contiguo. Fue el error que Beatriz esperaba.

​En cuanto la puerta se cerró, Beatriz se lanzó sobre el bolso de Andrea. Sus dedos enjoyados rebuscaron con una urgencia febril. Tiró las llaves, el labial, y finalmente, encontró lo que buscaba: el pequeño pastillero de plata que Andrea siempre llevaba consigo. Lo abrió y volcó el contenido en su palma. No eran vitaminas. Eran las pastillas con el logo del Hospital Central, las mismas que Francisco se negaba a reconocer. Junto a ellas, un pequeño papel doblado: una cita para "Cuidados Pre-Trasplante".

​—Te tengo —susurró Beatriz, sintiendo el sabor del poder—. Una moribunda al mando de los Valdivia. Esto es mejor de lo que imaginé.

​Dentro del baño, Andrea se apoyó en el lavabo, respirando profundamente. De repente, el silencio del vestidor se le antojó sospechoso. No escuchaba el movimiento de la doncella, sino el sutil tintineo de las joyas de Beatriz.

​El pánico, puro y eléctrico, le devolvió las fuerzas.

​Salió del baño justo cuando Beatriz guardaba el papel en el bolsillo de su vestido. Sus ojos se encontraron. La máscara de la tía se había caído, revelando una hostilidad pura.

​—Devuélveme eso —dijo Andrea, su voz baja y peligrosa como la de un animal acorralado.

​—¿El qué, querida? ¿Tu sentencia de muerte? —Beatriz soltó una risa seca—. Francisco va a estar tan interesado en saber que su gran estratega tiene los días contados. ¿Crees que te dejará seguir en la empresa cuando sepa que eres un activo defectuoso?

​Andrea dio un paso hacia ella, ignorando el dolor punzante en su costado.

—No tienes ni idea de lo que Francisco siente por mí. Y si crees que voy a dejar que una mujer pequeña y envidiosa como tú destruya lo que hemos construido, es que no me conoces.

​Andrea se lanzó hacia Beatriz. No hubo un forcejeo violento, sino un movimiento de urgencia desesperada. Aprovechando que Beatriz no esperaba que la "enferma" tuviera fuerzas, Andrea le sujetó la muñeca y, con una agilidad que nació del terror, le arrebató el papel de la mano.

​—¡Suéltame, insolente! —chilló Beatriz.

​—Sal de aquí —ordenó Andrea, con una mirada tan gélida que Beatriz retrocedió un paso—. Si le dices una sola palabra a Francisco sobre esto, publicaré los registros de los gastos que has estado cargando a la fundación benéfica de la familia. Francisco no es el único que tiene investigadores, Beatriz. He estado cubriendo tus huellas solo por respeto a su apellido, pero no dudaré en entregarte si intentas tocarlo a través de mí.

​Andrea se cambió de vestido con manos que no dejaban de temblar. El nuevo vestido era negro, sencillo, pero se sentía como un sudario. Guardó sus medicinas y el papel arrugado en el fondo de su bolso, cerrándolo con una cremallera definitiva.

​Bajó las escaleras justo a tiempo para encontrar a Francisco despidiéndose de los inversores. Al sentirla llegar, él se giró hacia ella. Aunque no podía ver la mancha de vino ni el rastro del forcejeo, su nariz captó el aroma del estrés y el perfume pesado de Beatriz.

​—¿Qué pasó arriba? —preguntó Francisco, su voz volviéndose protectora al instante. Notó que la mano de Andrea, al tomar la suya, estaba empapada en un sudor frío.

​—Solo una pequeña diferencia de opinión sobre moda —mintió Andrea, apretando su mano con fuerza—. Vámonos de aquí, Francisco. Este lugar me asfixia.

​Francisco no hizo más preguntas, pero al pasar junto a Beatriz, que los observaba desde la distancia con un odio contenido, él se detuvo.

—Beatriz —dijo Francisco, su voz resonando en el vestíbulo—. Si vuelves a derramar algo sobre Andrea, me encargaré de que lo único que bebas el resto de tu vida sea el agua de los floreros de la casa de beneficencia donde te voy a mandar.

​Caminaron hacia el auto en silencio. Andrea se hundió en el asiento de cuero, sintiendo que cada gramo de energía la abandonaba. Había recuperado sus secretos, pero la urgencia de la situación era ahora una presencia física. Beatriz sabía la verdad. El tiempo de las mentiras piadosas se estaba agotando y, mientras Francisco la rodeaba con el brazo, ajeno a la batalla que ella acababa de librar, Andrea se dio cuenta de que la envidia de la familia era solo el preludio de la verdadera sombra que acechaba: la realidad de que su corazón, ese que él tanto intentaba proteger, estaba llegando a su última nota.

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Carleone Gutierrez
Años como así.?? que tanto tiempo paso pues desde que se conocieron y la operación.??🤔🤔
Carleone Gutierrez
Años como así.?? que tanto tiempo paso pues desde que se conocieron y la operación.??
Elia María Ramírez Rodríguez
Poco a poco se van a ir entendiendo y llevando mejor.....
🌹🌷🥀
Elia María Ramírez Rodríguez
Ojalá no se enamoren de Andrea, es un matrimonio para vengarse de sus tíos.....🥀🌹🌷
Elia María Ramírez Rodríguez
Cuando la ambición corrobr el alma del ser humano no les importa pisotear el dolor de una persona lastimada. En mi pueblo hay un dicho muy cierto a este capitulo con esa víbora de Beatríz Del árbol caído todos quieren hacer leña 🪵.....🥀🥀🥀
Nataly Rodriguez
na había querido comentar nada hasta ver dónde llevaba esto. pero no puede ser que estoy termine con ella muerta y el con vista . noo no lo acepto. autora por favor que ella no muera
Fernanda
me gusta la trama como ella está dispuesta a todo por el 🙏😘🙏❤️
Adriana Ruiz
👏👏👏 excelente novela,, xfa 🙏 más capítulos 💚
celimar
me gusta esta historia 🙏🏽😘
celimar
interesantes 🥰🥰
celimar
me gusta 😍😍
Celina Espinoza
super interesante 🙏😍🥰
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