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QUIERO VOLVER A VERTE

QUIERO VOLVER A VERTE

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencuentro / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lina Garizao

Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.

NovelToon tiene autorización de Lina Garizao para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 17

Guillermo no estaba dispuesto a aceptar un no por respuesta. Para él, este proyecto era mucho más que un encargo de trabajo: era el único puente que le quedaba para no perderla de nuevo. Sabía que Sandra tenía razón, que la situación era complicada y que corría riesgos, pero no podía imaginarse pasar otros seis meses, o incluso más, sin verla, sin hablar con ella, sin tenerla cerca.

Volvió a sentarse frente a ella, cerrando la carpeta con los planos y mirándola directamente a los ojos, con una determinación que no admitía rechazo.

—Escúchame bien, Sandra —empezó él, con voz seria pero suave—. Entiendo tus miedos, y te respeto por poner límites. Pero también sé que esto es una oportunidad que no deberías dejar pasar. No solo por mí, sino por ti misma. Este trabajo te pondrá en la cima de tu profesión, te dará el reconocimiento que te mereces.

—Ya lo sé —respondió ella, desviando la mirada—. Por eso es tan difícil decir que no.

—Entonces déjame convencerte de que podemos hacerlo bien —insistió Guillermo, inclinándose un poco hacia adelante—. Te prometo solemnemente que mantendré las distancias. Todo será estrictamente profesional: reuniones en horario laboral, en mi oficina o en el terreno, nada de encuentros privados, nada de mezclar nuestros sentimientos con el trabajo. Cumpliré cada una de tus reglas al pie de la letra.

Sandra levantó la vista, buscando en sus ojos cualquier señal de falsedad.

—¿Me lo prometes de verdad? —preguntó ella—. ¿Podrás realmente tratarme solo como una proveedora de servicios?

Guillermo asintió, pero en el fondo de su mente sabía que estaba diciendo una mentira. Era imposible para él verla cada día, trabajar codo a codo con ella, y pretender que no sentía nada. Era una promesa que sabía que no podría cumplir, pero estaba dispuesto a decir cualquier cosa con tal de tenerla cerca. Después de todo, ya encontraría la forma de romper esas reglas más adelante.

—Te lo prometo —repitió él, con una seguridad que sonaba convincente—. Seré el cliente más formal y profesional que hayas tenido. No te daré ninguna razón para arrepentirte.

Leondra, que observaba todo desde un rincón, intervino con su tono desconfiado:

—¿Y si no cumples? ¿Qué pasa entonces?

—Entonces me iré para siempre —respondió Guillermo sin dudarlo—. Y no volveré a buscarla nunca más.

Esa promesa fue lo que terminó de inclinar la balanza. Sandra sabía que él no diría eso en vano. Si realmente se comprometía a mantener las distancias, tal vez... tal vez podrían hacerlo funcionar. O al menos, ella tendría el control de la situación.

Suspiró profundamente y asintió lentamente.

—Está bien. Acepto el proyecto. Pero recuerda tus palabras, Guillermo. Si cruzas una sola línea, se acaba todo.

—Gracias, Sandra —sonrió él, sintiendo una alegría inmensa, aunque también sabía que estaba entrando en un terreno peligroso—. No te vas a arrepentir.

Mientras se despedía, Guillermo ya estaba pensando en todas las formas en que podría acercarse a ella, en todas las excusas que encontraría para romper sus propias reglas. Porque para él, mantener la distancia era algo que simplemente no estaba en su naturaleza.

Antes de irse, Guillermo se detuvo en la puerta y se giró hacia ella, con esa mirada que siempre le derretía la voluntad.

—Solo una cosa más —le dijo con suavidad—. Aunque digamos que todo será profesional, no voy a poder evitar mirarte, ni admirarte, ni desearte. Eso es algo que no puedo prometer cambiar.

Sandra sintió cómo se le aceleraba el corazón, pero intentó mantenerse firme.

—Entonces asegúrate de que esos sentimientos se queden guardados donde no interfieran en nuestro trabajo —respondió ella, aunque su voz ya no sonaba tan segura como antes.

Guillermo sonrió levemente, sabiendo que ya había ganado la primera batalla.

—Haré lo que pueda, Sandra. Solo eso te puedo prometer. Solo eso.

Cuando Guillermo se fue, Sandra se quedó mirando los planos extendidos sobre el mostrador, con una mezcla de nerviosismo y emoción. Leondra se acercó a ella, moviendo la cabeza con resignación.

—Sabes que va a romper todas sus promesas, ¿verdad? —le dijo su amiga en voz baja—. No es su culpa, es simplemente imposible para él. Y también para ti.

Sandra suspiró, pasando su mano por encima de los diseños.

—Lo sé —admitió ella con una sonrisa triste—. Pero tú misma me dijiste que necesito avanzar profesionalmente. Y además... —se detuvo, mirando hacia la puerta por donde él había salido— ...tengo que admitir que la idea de verlo cada día es más fuerte que mi prudencia. Ya veremos cómo sale todo.

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