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El Cazador De Princesas

El Cazador De Princesas

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía épica / Héroes
Popularitas:545
Nilai: 5
nombre de autor: victor91

En un mundo donde la realeza no es sinónimo de inocencia, existe alguien dispuesto a romper todas las reglas.

Un misterioso cazador recorre los reinos con una misión peligrosa: encontrar y eliminar princesas. Pero no lo hace por ambición ni riqueza… sino por una verdad oculta que pocos conocen. Detrás de cada corona se esconden secretos, traiciones y poderes que podrían destruirlo todo.

A medida que avanza en su cacería, el cazador comienza a cuestionar su propósito, especialmente cuando se cruza con una princesa diferente a las demás… alguien que podría cambiarlo todo.
Entre conspiraciones, batallas y emociones prohibidas, la línea entre enemigo y aliado se vuelve cada vez más difusa.

¿Qué pasa cuando el cazador deja de ver a su presa como un objetivo… y empieza a verla como algo más?

NovelToon tiene autorización de victor91 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Dónde comenzar...

Preus cae de rodillas sobre el pasto. Apoya los nudillos en el verde y grita con el rostro hacia abajo. Adopta una postura torcida, abatida, de cara al suelo. Suelta el hacha que le quedaba, se maldice y golpea la tierra con los puños. La saliva cae por su mentón y se mezcla con las lágrimas y la sangre que ya estaban allí.

La imagen de la niña —sus ojos color miel, el miedo que transmitía— carcome su mente. Lleva las manos a la cabeza, estira su ondulado cabello, intenta escapar de las imágenes, abre la boca desmesuradamente y sigue gritando. Hundiendo las manos en la tierra, nota que los golpes ya habían perforado el suelo. De repente se queda inmóvil, tieso, como si una parálisis se apoderara de su cuerpo.

El filo de una katana se posa sobre su cuello. El arma brillante lo rosa, dejando un corte superficial. El cazador no le da importancia; No moriría por ese rasguño. Mantiene la mirada fija en el suelo.

—Di tu nombre, cazador —se oye a un costado.

Preus abandona su estado de arrepentimiento desmedido y gira apenas las pupilas hacia el origen de la voz. La palabra cazador lo hace volver en sí y atender las intenciones del extraño.

—No voy a repetirlo dos veces —exclama el hombre—. Di tu nombre.

Preus gira el rostro. El filo de la katana se desliza por su piel, alargando el corte inicial, pero no es nada preocupante. Observa a los ojos al extraño: un hombre alto, corpulento, con cañas en su barba corta y el pelo suficiente como para no parecer calvo. Preus lo observa sin decir palabra.

—Se te acabó el tiempo —dice el atacante. Da un giro rápido y eficaz, propinándole un golpe de codo en el mentón. El cazador cae desmayado al suelo.

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Preus abre los ojos por un instante. Un hermoso reino lo recibe. Las casas flotan sobre el agua y la gente pesca a sus costados. Corrientes cristalinas recorren tubos que alimentan maquinaria hidroeléctrica, abasteciendo de energía al reino.

Ve a los niños con pequeñas cañas, a los padres ayudándose entre sí para recolectar la pesca, a mujeres conduciendo botes de transporte. Intenta mantenerse despierto, pero el cansancio lo vence. Vuelve a desmayarse.

Las personas lo observan intrigadas: su ropa manchada de sangre, una mano colgando del bote y rozando el agua clara.

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Cuando vuelve a abrir los ojos, se encuentra maniatado sobre una cama. Su ropa es distinta: una tela suave, limpia y perfumada con alguna flor que no recuerda. La habitación es de madera, precaria, con una ventana sin cortina y una silla a un lado.

La puerta se abre y entra el hombre que lo había desmayado. Debes agacharte para pasar. Camina hasta la silla y se sienta. Ambos miran por la ventana.

El hombre suspira, apoya las palmas sobre las rodillas y contrae los dedos, nervioso, aunque su rostro se mantiene firme y serio.

—¿Cómo es tu nombre, cazador?

Preus se detiene en la imagen de los niños jugando en el agua, chapoteando junto a las casas. Cada detalle que el sol alcanza a iluminar le parece mágicamente luminoso.

El hombre se mofa. Alza la mano derecha y la deja caer con fuerza sobre la nuca de Preus. El golpe resulta como una palmada seca. El cazador sigue mirando hacia la ventana, como en trance, como si se viera a sí mismo jugando allí.

—Pregunté tu nombre —repite.

Preus vuelve en sí. Las pupilas tiemblan, como conteniendo un llanto. Desvía la mirada de la ventana y observa a la pequeña princesa que acababa de matar, a sus pies. Ella lo mira mientras juega con su pelo.

—Me llamo Preus.

El hombre retira la mano de su nuca, vuelve a apoyarla en la rodilla y pregunta:

—¿Eres enviado de Maos?

Preus entrelaza la mirada con la niña. Sus ojos eran pequeños; su nariz, casi perfecta, aún en desarrollo; su vestido celeste con puntos lilas mostraba múltiples tajaduras de hacha.

-Si.

El hombre se levanta, se para junto a él y responde:

—Soy Lázaro, el cazador 076. Mi maestro también fue Maos. Salí a cumplir con mi destino hace treinta años.

Preus parpadea y la niña desaparece. Recorre el lugar con la mirada hasta toparse con Lázaro. Lo observa asombrado: estaba ante otro cazador.

— ¿Qué te pasó? ¿Qué sucedió con tu misión?

Lázaro suspira, gira hacia la ventana y observa el paisaje un rato. Levanta la mano y saluda.

—Comencé a cuestionar la misión cuando aprendí a conocer estos mundos —dice, volviéndose hacia Preus—. Estaba dispuesto a acabar con civilizaciones enteras, con maravillas de la naturaleza y con personas únicas, para salvar un planeta sucumbido en la ambición, el terror y la muerte…

—Es nuestro propósito.

Lázaro se aferra a la madera de la cama, los dedos marcando la superficie, furioso.

—Tu propósito no es ser un asesino. No naciste sabiendo cómo hundir una daga o cortar un cuello —camina hasta la puerta, la abre y añade—: El planeta Tierra es el único mundo que tiene argumentos para justificar la muerte.

Venta.

Preus vuelve a mirar por la ventana. Intenta comprender las palabras de Lázaro, entender por qué abandonó su misión, pero es casi imposible pensar con los ojos de aquella niña mirándolo fijamente.

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Toc, toc.

Golpea la puerta y entra. Una muchacha de cabello largo y liso, mirada angelical y estatura promedio. Preus se queda perdido en un lunar junto a sus labios, grande y visible. El tono cálido de su piel atrae su atención.

—Hola —dice ella, mostrando una sonrisa radiante.

Preus estaciona su mirada en sus ojos color turquesa. Nunca había visto un color tan intenso y brillante.

La chica deja un plato sobre la silla, una cuchara a un lado y un vaso de agua al otro.

—Mi papá me pidió que te trajera comida.

El cazador sale de su ensueño y mira el plato: carne cortada en cubos con algunas verduras.

—¿Por qué cuchara? —pregunta.

La chica observa el cubierto y, sin apartar la vista de él, responde:

—Supongo que te conoce demasiado… o simplemente está especulando.

Preus sostiene la cuchara. El cuello de la muchacha está a pocos metros: podría alcanzarlo fácilmente. Duda del filo del utensilio, pero entiende que, con la fuerza justa, podría penetrar la piel. Vuelve en sí y responde:

—Seguramente especula.

Ella sonríe otra vez. Se siente intrigada por el cuerpo tallado del cazador; cierta atracción le eriza la piel, esa piel que no se ve bajo las ropas.

— ¿Qué haces en este mundo?

Preus, con la cuchara en la mano, piensa un instante y contesta:

—Me hablaron muy bien de la comida de este reino… se me antojó probarla.

Toma un trozo de carne y lo saborea con placer.

—Delicioso —dice.

Ella parece satisfecha con la respuesta. Gira hacia la puerta y se marcha sin decir más.

Preus sigue comiendo. Sabe que necesita energías para afrontar lo que venga. Se encuentra en un mundo extraño, donde otro cazador prosperó y formó una familia. Pero lo que más lo intriga es otra cosa:

¿Dónde está la princesa?

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