Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.
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El Rescate en la Cumbre
El estruendo de las alarmas en el complejo de Sion era un recordatorio constante de que el tiempo se había agotado. Las luces rojas de emergencia bañaban los pasillos de metal y hielo, dándole a la escena un aire dantesco. Valeria corría junto a Adrián, con el relicario brillando en su pecho como una brújula de luz azulada. La adrenalina había borrado el cansancio del viaje; solo quedaba el instinto de una hija que se negaba a perder a su madre por segunda vez.
—¡Por aquí! —gritó Adrián, señalando una puerta blindada que acababa de abrirse gracias al código de liberación de Valeria.
Detrás de la puerta, un pasillo de cristal conectaba el laboratorio con el ala médica del santuario. A través del cristal, Valeria vio cómo un equipo de seguridad de Luciano se movía frenéticamente hacia la zona de servidores. Iban armados con rifles de asalto y visores térmicos. Eran los "Sabuesos del Círculo", una unidad de élite que no conocía la piedad.
—Sebastián, ¿me recibes? —dijo Valeria por su auricular, esperando que la señal satelital de Thorne Enterprises fuera lo suficientemente fuerte.
Recibido, jefa. El caos que creaste en el sistema nos ha dado una ventana. Estoy a dos kilómetros con un helicóptero de extracción, pero las defensas antiaéreas de Sion se han activado. Tenéis que neutralizarlas desde dentro.
—Lo haremos. Primero sacamos a Elena —respondió Valeria.
Llegaron a la celda de hospital. Al entrar, Valeria vio a su madre. Elena Soler estaba intentando levantarse de su silla de ruedas, con una fragilidad que rompía el corazón de Valeria. Al ver a su hija entrar, sus ojos se llenaron de una luz que no era de este mundo.
—Valeria... —susurró Elena, su voz sonando como el roce de las hojas secas.
—Mamá, estoy aquí. No hables, tenemos que irnos —Valeria la ayudó a levantarse, sintiendo lo poco que pesaba. Elena era apenas una sombra de la mujer vibrante de las fotos.
—*¡No la dejaré ir!* —La voz de Luciano Soler resonó desde los altavoces del ala médica—. *Valeria, has cometido un error fatal. Al liberar las puertas, has activado también el Protocolo de Purgado. En tres minutos, este nivel se llenará de gas nitrógeno líquido. Moriréis congelados junto a vuestros secretos.*
—Adrián, la consola —ordenó Valeria.
Adrián se lanzó sobre el panel de control del ala médica. —Está bloqueado desde el nodo central, Valeria. No puedo anular el purgado desde aquí.
Valeria miró a su madre. Elena tomó el relicario que colgaba del cuello de Valeria con sus manos temblorosas.
—*Busca la luz dentro de la sombra, Valeria* —dijo Elena, repitiendo la frase de Alberto—. *Gira el cristal hacia la izquierda, tres veces. El código de anulación no está en el software... está en el hardware del relicario.*
Valeria hizo lo que su madre le indicó. Al tercer giro, el cristal negro se abrió, revelando un pequeño puerto USB de fibra óptica. Lo conectó a la consola de Adrián.
En la pantalla, miles de líneas de código verde empezaron a fluir a una velocidad increíble. No era código humano; era la arquitectura de la inteligencia cuántica de Fénix.
—*¡Anulación confirmada!* —dijo la voz sintética del laboratorio—. *Protocolo de Purgado cancelado. Iniciando evacuación de emergencia del núcleo.*
—¡Maldita seas! —el grito de Luciano fue lo último que escucharon antes de que Adrián disparara al altavoz.
Cargaron a Elena entre los dos, avanzando por los túneles de servicio. En cada esquina, el sonido de los disparos de los Sabuesos se acercaba. Adrián se detenía de vez en cuando para cubrir su retirada, demostrando una habilidad táctica que Valeria nunca había visto. No era solo un magnate; era un hombre entrenado para la guerra.
—¡Están en el nivel de las defensas! —gritó un guardia al doblar una esquina. Adrián lo neutralizó con un disparo preciso antes de que pudiera levantar su arma.
Llegaron a la sala de control de las defensas antiaéreas. Era una habitación llena de radares y controles de misiles tierra-aire.
—Si no apagamos esto, el helicóptero de Sebastián será derribado antes de aterrizar —dijo Adrián.
—Yo me encargo —Valeria se sentó en la silla de control—. Mamá, ¿cuál es el código de desactivación global?
—*Es tu fecha de nacimiento, Valeria* —respondió Elena, apoyada contra la pared—. *Pero a la inversa. Alberto siempre decía que tú eras el principio y el fin de todo.*
Valeria introdujo los números. Los radares en las pantallas se apagaron uno tras otro. El zumbido de las baterías de misiles en el exterior cesó.
—*Defensas desactivadas* —confirmó el sistema.
—¡Sebastián, entra ahora! —gritó Valeria.
Salieron a la plataforma de observación exterior. El aire gélido de los Alpes les golpeó el rostro, pero era el aire de la libertad. A lo lejos, el helicóptero negro de Thorne Enterprises se acercaba, volando a baja altura entre las crestas de las montañas.
Pero el peligro no había terminado. De la entrada principal del complejo salió Luciano Soler, rodeado de cuatro Sabuesos. Llevaba un rifle de francotirador en la mano.
—¡Valeria! —gritó Luciano—. ¡Si das un paso más hacia ese helicóptero, le volaré la cabeza a tu querido Adrián!
Luciano apuntó a Adrián, que estaba ayudando a Elena a subir a la plataforma.
Valeria se detuvo. Se giró hacia su primo, con la mirada de quien ya ha visto el final de cien batallas.
—Luciano, mírame —dijo Valeria, dando un paso adelante, poniéndose entre Luciano y Adrián—. Tú quieres el Proyecto Fénix. Quieres la inmortalidad que este laboratorio promete. Pero te has olvidado de un detalle.
—¿Qué detalle? —siseó Luciano, con el dedo en el gatillo.
—La Llave de Fénix que tengo en mi cuello es también un detonador —mintió Valeria con una convicción que hizo que los guardias retrocedieran—. Mi padre no solo quería proteger el secreto; quería asegurarse de que nadie pudiera usarlo como arma. Si mi pulso se detiene, o si yo activo el comando vocal 'Eclipse', el núcleo cuántico de Sion entrará en una reacción en cadena que borrará esta montaña del mapa.
Luciano dudó. Su ambición era su mayor debilidad. No podía arriesgarse a perder el premio mayor por una venganza inmediata.
—Estás de farol —dijo Luciano, aunque su voz temblaba.
—¿Quieres arriesgarte? —Valeria levantó el relicario—. Eclipse...
—¡No! —gritó Luciano, bajando el arma instintivamente.
Ese segundo de duda fue todo lo que Sebastián necesitaba. El helicóptero llegó sobre ellos, abriendo fuego con sus ametralladoras laterales para cubrir la extracción. El ruido era ensordecedor. Adrián subió a Elena al aparato, mientras Valeria se lanzaba hacia la puerta abierta.
—¡Vámonos! —gritó Sebastián desde el asiento del piloto.
El helicóptero se elevó rápidamente, alejándose del santuario de hielo. Valeria miró hacia abajo y vio a Luciano Soler en la plataforma, empequeñecido por la inmensidad de la montaña, gritando furioso hacia el cielo.
Dentro del helicóptero, el silencio regresó, solo roto por el sonido de las hélices. Valeria se arrodilló junto a su madre, que estaba siendo atendida por el equipo médico de Thorne. Elena le tomó la mano.
—*Lo has logrado, Valeria* —susurró Elena—. *Has abierto la puerta.*
—Solo estamos empezando, mamá —dijo Valeria, mirando a Adrián—. Tenemos que escondernos. El Círculo de los Doce no nos dejará en paz.
—Iremos a la casa de seguridad en la costa de Amalfi —dijo Adrián—. Es territorio neutral, bajo la protección de una familia que le debe la vida a mi abuelo. Allí podremos curar a tu madre y planear el siguiente movimiento.
Valeria miró por la ventanilla. Sion se alejaba, convirtiéndose en un punto en la nieve. Había recuperado a su madre, había descubierto el secreto de su renacimiento, y había humillado a Luciano Soler. Pero sabía que el Círculo de los Doce era como una hidra: cortas una cabeza y nacen dos más.
Y lo más inquietante era la mirada de su madre. Elena no parecía aliviada; parecía aterrorizada. Como si lo que acababan de sacar de Sion fuera mucho más peligroso que lo que habían dejado atrás.
—Mamá... ¿qué es lo que Isabella no quería que encontráramos? —preguntó Valeria.
Elena cerró los ojos y suspiró. —No es un secreto corporativo, Valeria. Es una lista. El Círculo no son solo doce familias. Son doce linajes que han estado esperando el despertar de Fénix para iniciar el "Gran Reinicio". Y tú, hija mía... tú eres la primera de su lista de objetivos.
Valeria apretó el relicario. La venganza contra Julián era un juego de niños comparado con esto. Estaba en medio de una guerra milenaria por el alma de la humanidad.
Y ella era el arma definitiva.
Continuará...