En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 14: Donde duele quedarse
Catalina ya no contaba los días.
Al principio lo intentó. Marcaba el tiempo, trataba de mantener un orden, una idea de cuánto llevaba en ese mundo que ya no sentía suyo. Pero poco a poco… dejó de hacerlo.
Porque cada día era igual.
Y cada día pesaba más.
Su departamento seguía lleno de plantas, de luz, de vida… pero dentro de ella todo estaba distinto. Ese lugar que antes era su refugio, ahora se sentía vacío.
No por falta de cosas.
Sino por falta de alguien.
Henry.
Ese nombre se repetía en su mente incluso cuando intentaba evitarlo.
Pero no podía quedarse quieta.
No en ese mundo.
No en esa vida.
Tenía que comer.
Tenía que pagar cuentas.
Tenía que sobrevivir.
Así que trabajaba.
El restaurante no era nada especial. Era un lugar sencillo, con mesas pequeñas, luces cálidas y un constante murmullo de clientes. El olor a comida llenaba el aire y el ruido de platos y voces no dejaba espacio para pensar demasiado.
Y quizás…
eso era lo único bueno.
Porque cuando trabajaba…
no pensaba tanto en él.
O al menos… lo intentaba.
Los días se volvieron rutina. Levantarse temprano, arreglarse rápido, salir sin ganas, trabajar durante horas, volver cansada, comer algo simple y dormir.
Y repetir.
Pero el cansancio no era solo físico.
Era emocional.
Era ese peso constante en el pecho.
Era ese vacío que no se llenaba.
Hasta que un día…
su cuerpo ya no quiso más.
Se despertó y no se movió.
Miró el techo.
En silencio.
—No quiero ir…
Su voz fue apenas un susurro.
Su cuerpo se sentía pesado, como si cada músculo estuviera agotado. Pero no era solo eso.
Era el alma.
—No quiero…
Cerró los ojos un segundo.
Pero los abrió otra vez.
—Tengo que ir…
Porque en ese mundo…
nadie la iba a cuidar.
Nadie la iba a esperar.
Se levantó.
Se vistió.
Y salió.
El día estaba gris.
Como ella.
El restaurante estaba lleno cuando llegó. Como siempre. Ruido, movimiento, órdenes, clientes entrando y saliendo. Todo igual.
Catalina comenzó a trabajar sin pensar demasiado. Atendía mesas, llevaba platos, sonreía cuando tenía que hacerlo, aunque no sintiera nada.
Hasta que—
lo vio.
Su cuerpo se tensó.
Su respiración se detuvo por un segundo.
No.
No podía ser.
Pero lo era.
Su ex.
Sentado en una mesa.
Con otra mujer.
Riendo.
Como si nada hubiera pasado.
Como si ella no existiera.
Catalina bajó la mirada de inmediato.
Intentó ignorarlo.
Seguir.
Respirar.
Pero era imposible.
Porque él…
la vio.
Y sonrió.
Esa sonrisa que antes conocía… ahora le daba rechazo.
Se levantó.
Y caminó hacia ella.
—Catalina…
Su voz.
Familiar.
Pero vacía.
Ella no respondió.
Siguió caminando.
Pero él la alcanzó.
—No me vas a saludar…
Intentó tomar su brazo.
Catalina se detuvo.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente.
—No me toques.
Su voz fue firme.
Fría.
Distante.
Pero él no entendió.
O no quiso entender.
—Vamos… no seas así…
Su mano volvió a acercarse.
Y entonces—
—¿Qué haces?
La voz de la otra mujer.
Su novia.
La miraba.
A Catalina.
De arriba abajo.
Con desprecio.
—¿Ella es…?
El ambiente se tensó.
Catalina no dijo nada.
No quería.
No tenía fuerzas.
Pero la otra mujer sí.
Tomó un vaso.
Y sin pensarlo…
se lo lanzó.
El agua cayó sobre Catalina.
Empapándola.
Fría.
Humillante.
El restaurante quedó en silencio.
Todos miraban.
Catalina no reaccionó al instante.
Se quedó quieta.
Sintiendo el agua correr por su rostro.
Por su ropa.
Por su dignidad.
Y algo dentro de ella…
se rompió.
Ya estaba cansada.
Demasiado cansada.
De todo.
De ese mundo.
De esa vida.
De sentir que no pertenecía.
Y entonces—
lo hizo.
Le dio una bofetada.
Fuerte.
Directa.
El sonido resonó en todo el lugar.
La mujer se llevó la mano al rostro, sorprendida.
El ex retrocedió.
—¿Estás loca?
Pero Catalina ya no estaba escuchando.
Sus ojos estaban llenos de enojo.
Y de dolor.
Y de todo lo que había guardado.
—No me vuelvas a tocar.
Su voz temblaba.
Pero no de miedo.
Sino de límite.
En ese momento, el gerente apareció.
—¿Qué está pasando aquí?
Miró la escena.
A los clientes.
A Catalina empapada.
Y no dudó.
—Estás despedida.
El mundo se detuvo un segundo.
Catalina lo miró.
—Pero—
—Ahora.
No hubo discusión.
No hubo oportunidad.
Solo una decisión.
Y Catalina…
no luchó.
No tenía fuerzas.
Se quitó el delantal.
Lo dejó sobre una mesa.
Y se fue.
Afuera, el aire era frío.
La noche había llegado.
Caminaba sin rumbo.
Sin pensar.
Solo avanzando.
Sus pasos eran lentos.
Pesados.
—¿Qué estoy haciendo…?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No quiero estar acá…
Se abrazó a sí misma.
—Quiero volver…
Henry apareció en su mente.
Su mirada.
Su voz.
Su forma de estar.
—Extraño ese mundo…
Su voz se quebró.
—Te extraño…
Y sin saberlo…
no estaba sola.
Porque en otro lugar…
Henry la miraba.
A través de la máquina.
En silencio.
Observando cada paso.
Cada gesto.
Cada lágrima.
Su mano se apretó contra la superficie.
—…
No podía tocarla.
No podía hablarle.
No podía hacer nada.
Y eso…
lo estaba destruyendo.
Catalina siguió caminando.
Bajo la luz tenue de la ciudad.
Perdida.
Rota.
Extrañando un mundo que no era suyo…
pero donde había encontrado algo real.
Y Henry…
la miraba.
Desde lejos.
Sin que ella lo supiera.
Pero con una certeza clara.
No iba a dejarla ahí.
No esta vez.
💕💕💕💕..... 💕💕💕💕..... 💕💕💕💕.....
Porque a veces… no es el otro mundo el que lastima…
sino volver al que ya no sientes tuyo
Catalina está cansada…
de luchar, de sostenerse sola, de fingir que está bien…
cuando en realidad… su corazón sigue en otro lugar
Y lo peor…
es encontrarse con un pasado que ya no le pertenece…
y darse cuenta de cuánto cambió
Pero mientras ella sufre…
él la está viendo
sin poder tocarla, sin poder ayudarla…
solo sintiendo lo mismo desde lejos…
Y eso… es aún más doloroso
Este capítulo es de esos que aprietan el pecho…
de los que te hacen sentir la distancia, el vacío y el amor que empieza a doler de verdad
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quiero leerte y saber qué sentiste
Con cariño,
Luna Auol 🌸