Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.
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LO QUE EL AMOR EXIGE
El amanecer llegó sin calma.
La ciudad parecía normal desde afuera, con autos avanzando lentamente y personas comenzando sus rutinas, pero para Gabriela todo había cambiado desde la noche anterior. El beso con León aún ardía en su memoria, no como un momento impulsivo, sino como una verdad imposible de negar.
Ya no había distancia entre ellos.
Ya no había excusas.
El peligro los había unido de una forma irreversible.
Sin embargo, la tranquilidad duró poco.
El teléfono de León sonó apenas salió el sol. Contestó inmediatamente, y Gabriela supo que algo estaba mal antes incluso de escuchar una palabra. Su expresión se endureció y el color abandonó lentamente su rostro.
¿Qué pasó? preguntó ella, levantándose del sofá.
León bajó el teléfono con lentitud.
Adrián respondió.
Un silencio pesado llenó la habitación.
¿Cómo?
Atacó uno de mis depósitos esta madrugada. No buscaban dinero. Dejaron un mensaje.
Gabriela sintió un nudo en el estómago.
¿Cuál mensaje?
León dudó.
Era personal.
Minutos después llegaron al lugar acompañado del equipo de seguridad. Las sirenas policiales iluminaban el área industrial mientras agentes revisaban los daños.
El edificio estaba destruido parcialmente, ventanas rotas y vehículos dañados. Pero lo peor no era eso.
Un símbolo pintado en la pared principal dominaba la escena.
Un círculo rojo atravesado por una línea negra.
Gabriela lo reconoció de inmediato.
El mismo símbolo que Adrián había mostrado antes.
Debajo, una frase escrita con pintura oscura:
“Todo lo que amas puede desaparecer.”
El aire se volvió pesado.
Adrián ya no estaba jugando.
Estaba atacando directamente sus emociones.
Matías se acercó lentamente, aún con el rostro marcado por los golpes del enfrentamiento anterior.
Esto es una declaración de guerra, dijo.
León asintió sin apartar la mirada del mensaje.
No. Es algo peor. Quiere quebrarnos.
Gabriela sintió un escalofrío.
Y lo estaba logrando.
Horas después regresaron a la casa segura, pero el ambiente había cambiado. Nadie hablaba demasiado. Todos entendían que Adrián estaba escalando el conflicto.
Esa noche, Gabriela no logró dormir.
Caminó hacia la cocina buscando agua cuando escuchó a León hablando solo en la sala. No parecía una conversación telefónica. Su voz era baja, cargada de culpa.
Ella se detuvo sin ser vista.
Nunca debí involucrarla… dijo él en un susurro.
Gabriela sintió el corazón apretarse.
Entró lentamente.
¿Involucrarme en qué?
León levantó la mirada, sorprendido.
Nada.
No me mientas más, León.
El cansancio emocional rompió la resistencia que él había mantenido durante tanto tiempo.
Hay algo que nunca te conté.
Gabriela permaneció inmóvil.
Adrián no empezó a perseguirme solo por negocios. Todo comenzó por una decisión que tomé hace años… una decisión que destruyó su imperio.
Ella esperó en silencio.
Yo entregué información a las autoridades internacionales. Gracias a eso perdió millones y varios socios terminaron arrestados.
Gabriela comprendió lentamente.
¿Fuiste quien lo traicionó?
León asintió.
Pensé que terminaría allí. Pero Adrián perdió a alguien importante durante esa caída. Su hermano menor. Cree que fui responsable indirecto.
El peso de la confesión llenó la habitación.
Por eso nunca podías acercarte a mí… murmuró Gabriela.
Si sabía que existías, te usaría para destruirme.
Ella sintió lágrimas acumulándose.
Y aun así regresaste.
Porque alejarme no funcionó. Siempre encontré el camino de vuelta a ti.
El silencio entre ambos ya no era incómodo.
Era honesto.
Pero antes de que pudieran continuar, un fuerte golpe sonó en la puerta principal.
Todos reaccionaron inmediatamente.
Uno de los guardias entró apresurado.
Tenemos un problema.
El teléfono de Matías había recibido una transmisión en vivo.
La pantalla mostraba una imagen borrosa que poco a poco se aclaró.
Era uno de los miembros del equipo de seguridad.
Atado.
Golpeado.
Detrás de él apareció Adrián.
Buenas noches, dijo con calma perturbadora.
Gabriela sintió que el frío recorría su cuerpo.
Esto es solo un recordatorio, continuó Adrián. Cada decisión tiene consecuencias.
La transmisión se cortó abruptamente.
El silencio posterior fue devastador.
Una pérdida acababa de ocurrir.
El equipo entendió sin necesidad de explicaciones.
Adrián había cruzado una línea irreversible.
Gabriela sintió rabia mezclada con dolor.
Esto no va a parar, dijo.
León apretó los puños.
No hasta que uno de los dos caiga.
Ella lo observó intensamente.
Entonces terminémoslo.
Todos giraron hacia ella.
Voy a usarme como señuelo.
León negó inmediatamente.
Ni siquiera lo pienses.
Es la única persona que él realmente quiere atraer. Si cree que estoy sola, vendrá.
No voy a permitirlo.
Gabriela dio un paso hacia él.
No puedes protegerme siempre. Ya no soy la mujer que necesitaba esconderse.
Sus palabras eran firmes.
Había cambiado.
El miedo seguía ahí, pero ya no la controlaba.
Matías observaba en silencio, comprendiendo que aquella decisión marcaría todo.
Después de una larga discusión, aceptaron diseñar un plan bajo estricta vigilancia.
Pero León sabía algo que nadie más entendía.
El verdadero riesgo no era la operación.
Era perderla.
Horas más tarde, mientras preparaban todo, Gabriela se acercó a él en el balcón.
Si algo sale mal…
No termines esa frase, dijo León.
Ella sostuvo su mirada.
Necesito que sepas algo.
Él esperó.
Te elegí. Incluso cuando intenté olvidarte. Incluso cuando te odié.
Las palabras atravesaron todas sus defensas.
León la abrazó con fuerza.
Y yo nunca dejé de amarte. Ni un solo día.
El abrazo fue distinto a todos los anteriores.
No había dudas.
No había pasado.
Solo ellos.
Y la certeza de que el próximo paso podría cambiar sus vidas para siempre.
Porque Adrián ya había demostrado que estaba dispuesto a destruir todo.
Y ahora Gabriela estaba dispuesta a arriesgarlo todo también.
El juego final acababa de comenzar.