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Casada Con El Cruel CEO

Casada Con El Cruel CEO

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / CEO / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:220.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Mi nombre es Daniela Stevens, pero para el mundo —y para mi familia— soy invisible. Siempre viví a la sombra de Erika, la hija perfecta que todos adoraban y que los hombres más poderosos codiciaban. Pero la perfección tiene un precio, y cuando llegó el momento de pagarlo, mi familia decidió que no sería Erika quien cayera. Así comenzó mi infierno: siendo el sacrificio para que el sol de mi hermana nunca dejara de brillar.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El sello de la inocencia

El silencio en la habitación de la cabaña era tan denso que parecía tener peso propio. Arturo estaba frente a mí, y por un segundo, su figura recortada contra la luz de la ventana me recordó a los antiguos dioses que exigían sacrificios para calmar su ira. Yo era ese sacrificio. Mis piernas aún vibraban por el esfuerzo de subir las escaleras, y el nudo en mi garganta era una barrera física que me impedía incluso suplicar por piedad.

Él no esperó a que yo diera el primer paso. Acortó la distancia con una zancada decidida, una que desprendía la seguridad de quien sabe que posee todo lo que pisa. Sus manos, grandes y cálidas, se cerraron sobre mi rostro con una firmeza que me obligó a mirarlo. Sus ojos oscuros, antes cargados de sospecha y desprecio, ahora brillaban con una urgencia que me quitó el aliento. Sin mediar palabra, reclamó mis labios.

El beso fue, en un principio, una invasión. Era brusco, exigente, impregnado de la furia que Arturo arrastraba desde que vio aquel hematoma en mi brazo. Era el beso de un hombre que creía estar reclamando un territorio ya explorado por otro, un hombre que quería borrar cualquier rastro de su primo de mi piel. Sus labios presionaban los míos con una fuerza que rozaba el dolor, y yo cerré los ojos con fuerza, apretando los puños, esperando que la tormenta pasara rápido.

Sin embargo, algo cambió en el aire.

Arturo, siempre tan analítico y observador, pareció detenerse ante mi rigidez. Al sentir mi falta de respuesta, mi torpeza absoluta y el temblor involuntario de mis labios que no sabían cómo encajar con los suyos, su ritmo comenzó a vacilar. La agresión se evaporó, siendo reemplazada por una vacilación que nunca antes había visto en él. Sus manos, que antes me sujetaban como si fuera a escapar, se deslizaron hacia mi nuca con una suavidad desconcertante. Sus dedos se enredaron en mi cabello, y el beso se transformó.

Lo que empezó como un incendio forestal se convirtió en una brasa lenta y exploratoria. Sus labios se volvieron suaves, casi protectores, pidiéndome permiso en lugar de dar una orden. Esa inesperada ternura fue mi perdición. Sentí cómo la armadura de hielo que había construido alrededor de mi corazón empezaba a agrietarse. Por primera vez en mi vida, no me sentí como la "hija del sótano" de los Stevens, ni como una moneda de cambio. Por un instante efímero, el contrato, la enfermedad de mi madre y la traición de Erika desaparecieron en el fondo de mi mente.

Me relajé contra él, dejando que mis manos, por voluntad propia, buscaran apoyo en sus hombros firmes. Arturo soltó un gruñido bajo, un sonido que no era de ira, sino de algo parecido a la derrota. Se estaba dejando llevar por la misma corriente que yo.

Cuando finalmente nos movimos hacia la cama, el mundo exterior dejó de existir. Pero el momento de la verdad llegó de forma inevitable.

En el instante en que Arturo intentó consumar nuestra unión, su cuerpo se tensó de una manera violenta. Se detuvo abruptamente, apoyando sus brazos a ambos lados de mi cabeza, obligándome a abrir los ojos. Su respiración era errática y su rostro era una máscara de puro asombro. La evidencia física, el dolor punzante y la resistencia de mi cuerpo le gritaron la verdad que él se había negado a creer.

Él era el primero. No había habido nadie más. Ni Alan, ni ningún otro fantasma de su imaginación.

El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier grito. Arturo me miró fijamente, y vi cómo sus ojos se dilataban mientras procesaba la magnitud de su error. Todas las mentiras que Guillermo Stevens le había susurrado al oído, todo el veneno que Erika había vertido sobre mi reputación, se desvanecieron. En ese lecho, entre las sábanas blancas, la pureza que él creía perdida para siempre estaba allí, entregada a él por una mujer que él había tratado como a una mercancía.

—Daniela… —susurró mi nombre por primera vez con una nota de reverencia, casi de disculpa.

Su actitud cambió radicalmente. Ya no era el demonio que reclamaba una deuda; ya no era el empresario cerrando un trato de fertilidad. Sus movimientos se volvieron increíblemente cuidadosos, casi sagrados. Cada caricia suya parecía un intento mudo de curar las heridas que él mismo había infligido con sus palabras horas antes. Se tomó su tiempo, asegurándose de que cada roce fuera bienvenido, transformando un acto de contrato en algo que se sentía peligrosamente cercano a la entrega total.

Consumamos el matrimonio bajo la luz dorada que entraba por las cortinas, en un acto que me dejó marcada no solo físicamente, sino en lo más profundo de mi alma. Cuando todo terminó, Arturo no se levantó para vestirse y marcharse. Se quedó allí, estrechándome contra su pecho, su corazón latiendo con fuerza contra mi espalda.

Yo me quedé inmóvil, mirando hacia la nada. Había cumplido. Mi madre estaba a salvo. Pero al sentir el brazo de Arturo rodeándome con una protección que nunca había conocido, me invadió un miedo nuevo. Había entregado mi inocencia a un hombre que me odiaba por mi apellido, y ahora que él sabía la verdad, ya no había vuelta atrás. Arturo Villegas ya no solo era mi dueño legal; ahora era el guardián de un secreto que me hacía infinitamente más vulnerable ante él.

Él había ganado la carrera por el heredero, pero en el proceso, ambos habíamos perdido la barrera que nos mantenía a salvo del otro. El silencio de la cabaña ya no era de terror, sino de una nueva y complicada realidad que apenas comenzaba.

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Elvia Crespo
No hay nada más placentero que la Justicia divina🤣🤣de 🥰🥰🥰🥰🥰
Janeth Veronica Avila Paredes
bueno
Gimenez Moni
que machista ñorque tiene que ser un varón no puede pensar que puede salir niña y no niño🤣🤣🤣🤣🤣
ERICA ESTRADA PEREZ
Haces lo mismo con Erika 🤣
Amy Gomez
👏👏👏👏🙏🙏🙏
Mirta Bernaccki
creo que tendría que contarle la verdad y quiza el empiece a ver qué no se vendió por dinero si no para salvar a su madre
victoria ramos
mil gracias Muy linda tu historia
victoria ramos
todos tienen lo que se merecen
victoria ramos
bueno el demonio saco su trinche 🤭 jajaja jajaja jajaja
victoria ramos
que bueno por fin una toma de su propio chocolate 🫕 jajajaja jajajaja
victoria ramos
está historia está súper chévere
victoria ramos
así es que se hace
victoria ramos
espero que no ullas que el es tu esposo
victoria ramos
espero que sea fiel y no se deje llevar por las víboras
victoria ramos
me gusta mucho que el haya reconocido en ella la calidad de persona que es 🥰🥰
victoria ramos
se lo merecen por malos y quién siembra vientos cosecha tempestad es
Josefina Lopez
excelente
victoria ramos
espero no le haga más daño del que ya le hizo su familia 🤥
victoria ramos
por fin ya era hora que los pusieran en su lugar desgraciados todos
victoria ramos
que procuré ponerse las pilas que esa actitud ya me irrita está con el que tiene el poder que lo aproveche y saque las garras como mujer empoderada 😡
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