cuando toda una manada está en un guerra con razas su única esperanza es alguien quien menos esperan..
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¿ Yo soy uno de esos?
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El viaje fue corto; en la entrada, algunos lobos ya los esperaban. Alex miró cómo el bosque estaba sin vida y sintió una inquietud y dolor en su oído. Empezó a morderse las uñas; pudo percibir un fino ruido punzante en sus orejas y sentidos –el bosque y todo a su alrededor sufría.
– ¿Qué ocurre?–
– Es el bosque… Puedo sentir cómo grita.–
Los hombres se miraron; no entendían lo que decía, pero notaban que estaba muy incómoda y alterada.
Llegaron a la casa del alfa, quien ya estaba afuera esperando con su gama.
– Bienvenidos. Les presento a mi gama, Charls.– Dijo mirando a Alex.
– Hola, gama.– Apretó los dientes aguantando los chirridos. –Tiene un gran problema aquí, alfa.– Meneó la cabeza, tapándose suavemente los oídos.
– Quisiera que vea dónde empezó todo.– Cristian la llevó junto a él y los demás, notó su malestar. –¿Está bien?–
– No sé si me entenderá, pero el bosque grita en cada parte… Y lo siento en mi interior como si pasaran un cuchillo sobre un vidrio.–
Cristian frunció el ceño; no sentía eso a simple vista, pero solo pensarlo era molesto.
– ¿Cómo empezó todo? ¿Recuerda algo en especial, una planta o algún animal?–
– Fue después de la guerra, cuando peleamos con los brujos en el límite: sentimos un retumbar en el suelo, pensamos que fue algún poder… Pero el bosque empezó a morir poco a poco.–
Caminaban mientras Alex tocaba de vez en cuando algunos árboles y observaba su alrededor.
– ¿Vieron a alguien hacerlo?–
– El padre del príncipe vampiro…–
Alex frunció el ceño. Si los vampiros habían encontrado algo para enfermar al bosque y que la plaga se esparciera, entonces esta guerra solo fue una trampa para otra cosa.
– Es aquí.–
Alex miró la gran tierra quemada, como si las llamas se hubieran apagado hace poco; todo era ceniza. Soltó un suspiro: el dolor y la punzada eran más intensos.
– ¿Puedo acercarme?–
Cristian asintió. Alex se quitó el calzado y la campera, caminó por el centro del lugar; algunos huesos estaban intactos, y de uno brotaba una sustancia negra.
– Ese es el cuerpo del vampiro.–
Alex pasó su mano por el aire recorriendo el cuerpo mientras unas luces verdes envolvían sus manos.
– ¿Qué hace…?–
– Está buscando algo…–
– ¿Buscando algo?– Preguntó Cristian.
– Sí, Alex puede sentir la maldad pura. El bosque es parte de ella; a veces pienso que es más elfo que lobo.– Decía Héctor, mirando atentamente junto a los demás.
Alex asintió: había una gran pudrición de plaga donde estaba el corazón del vampiro, y tendría que cortarla de raíz –no sería fácil.
– Será más que difícil; necesitaré de Max y Cesar.–
– ¿No puede sola?–
– Sí, pero tendrán que sostener el cuerpo del chupasangre.–
– Puedo pedir que mis hombres lo hagan.– Dice Cristian.
– No lo digo por la fuerza; lo que está ahí adentro matará a todo lobo que se acerque.–
La cara de todos reflejaba espanto.
– ¿Está segura? Pero cómo usted…–
– Se lo explicaré: lo que hay ahí dentro es una peste que mata lobos, un veneno con actónita. Mientras pongamos su cuerpo en un lugar sellado, podremos tratar al bosque.–
– Él es como la raíz.– Balbuceó Héctor. Alex asintió.
– A mí no me afecta… Nayla la sintió y se bloqueó, pero ustedes corren peligro aquí.– Miró a todos.
Cristian asintió cumpliendo su petición; Seba y Fede fueron a buscar a Max y Cesar.
– ¿Hay personas enfermas, alfa?–
– Sí, están en un refugio.–
– Puedo ir… Necesitarán mi ayuda con ellos.–
– ¿Usted puede curarlos?– Pregunta Charls.
– Sí, solo necesito un poco de tierra que no esté enferma.–
El gama asintió. Alex fue con Cristian a su casa mientras preparaban el antídoto.
– Pensé que sería más ostentoso… Veo que lo juzgué mal.– Sonrió.
– Yo pensé que usted me llamaría… Veo que también me equivoqué.–
Alex sonrió. –Le dije que no sería fácil conocerme.–
– ¿Tienes novio?…–
“Porque todos comienzan preguntando eso…”
– No, y por lo que veo usted sí.– Apuntó a la foto con una rubia muy provocativa en su escritorio.
Cristian la sacó y la tiró a la basura nervioso, sonriendo ante su vista.
– Son solo necesidades… Usted seguro sabe de eso.–
– No realmente.–
Golpeó su pecho. Cristian levantó la ceja; alguien como ella que no había saciado sus necesidades era algo nuevo.
– ¿Quiere decir que sentimentalmente no?– La miró más intrigado.
– Tampoco… Ni físico ni sentimental. No hay hombre que haya podido ganarse eso de mí… Una lástima.– Suspiró mirando la ventana.
Cristian sonrió ladino; había encontrado un tesoro, y muy difícil de alcanzar.
– ¿Y yo soy uno de esos?– Se acercó a ella lentamente.
Alex sintió su aliento caliente en su nuca; su cuerpo la envolvió por completo. En el reflejo de la ventana solo podía ver cómo se perdía en él, así que se dio vuelta y le sonrió.
– ¿Quiere averiguarlo?–
Sus miradas eran profundas. Cristian se acercó más a su rostro, acarició su mejilla con el dedo índice hasta llegar a sus labios, trazando sus comisuras.
Toc… Toc…
– Alfa… Tengo lo pedido, y llegaron los gamas.– Habló Charls detrás de la puerta.
– Será otro día.– Balbuceó Cristian. Sonrió y se puso en marcha al ver la tierra.
– Gracias por ayudar… ¿Vieron la tierra?– Pregunta.
– Sí, encontraste dónde está la plaga.–
– En donde debería estar su corazón.–
Cesar se tocó la cara; no era nada bueno. –Necesitaremos ponerlo en un recipiente de vidrio resistente.–
Los tres hablaron mientras el alfa prestaba mucha atención a lo que decían y Charls anotaba lo necesario.
– Listo… Ahora necesito su jardín.–
Afuera, Alex hizo crecer muchas flores blancas muy pálidas, casi grises. Mientras tanto, Max y Cesar preparaban más antídotos para algunos lobos.
– ¿Qué son?–
– Son banearias, flores de luna: son lo único que podría ayudar a la gente…–
– ¿Y esos que hiciste recién?– Pregunta Cristian.
– Esos son otro tipo, pero igual de potentes. Quisiera saber cuáles son las personas más afectadas, las que tienen marcas en el cuerpo.– Mostró el frasco. –Esto los ayudará: solo seis gotas cada uno.– Apuntó las flores. –Eso es para los alfas y gamas.– Arrancó dos hojas. –Coman…–
Se las dio a Charls y Cristian, quienes no dudaron en comerlas al instante.
– ¡No sabe a nada, ah!– Dijo Cristian. Alex reía al ver sus caras.
– Pasará… Una cada día hasta que logremos curar a todos y al bosque. Pero primero llévenme con la gente; necesito barbijos y ustedes no pueden entrar.–
– Yo la llevaré.–
Cristian tomó la caja con los frascos llenos junto a Cesar y Max. Fede y Héctor volvieron a la manada; tenían que hacer el registro de todo.
– Gama, puede avisar a los médicos que hay más dosis y explicarles que son seis gotas por día.– Charls asintió.
Llegaron al refugio. Alex le hizo poner doble barbijo a Cristian aunque no entraría.
– Jorge los acompañará; es quien cuida a algunos pacientes.–
Dicho esto, Alex atendió paciente por paciente con ayuda de Max y Cesar. La gente tenía mucha plaga en el cuerpo, pero poco a poco empezaron a sentirse bien; los médicos también fueron tratados. Alex dejó más cajas y volverían a hacer más. La gente le agradecía: estaban moribundos esperando lo peor, incluso muchos niños que empezaron a sentarse horas después de recibir el tratamiento.
– Ya fueron todos…– Suspiró Alex con la última caja de frascos vacíos.
– Alfa Alex, no sabe cuánto le agradecemos. Si necesita algo, no dude en avisarnos: el refugio está a su disposición.–
– Gracias. Solo preparen cubos y muchas compresas, porque después de tres días empezarán a vomitar todo.–
El médico asintió; conocía bien el antídoto, pero esa flor no era fácil de encontrar –con una planta solo se podía llenar un frasco para tres personas. Sabía que vomitarían por lo que leían al respecto, pero las marcas eran algo nuevo para ellos.
La noche los invadió. Cristian estaba más tranquilo ahora; pudo entrar al refugio con la máscara y vio a la gente con color en los rostros. La gente le sonrió y agradeció por buscar ayuda a la “Diosa Elfo” –ese fue el nombre que le dieron.
– Pueden quedarse; hay habitaciones disponibles y listas.– Decía Cristian.
– Ay, me convenciste…– Bostezó siguiendo a la sirvienta. –Después de todo, tendremos que quedarnos hasta que llegue el ataúd del viejo mosquito.– Levantó las manos con los hombros alzados.
– Gracias, alfa… Y disculpe a mi prima: es muy confiada.– Dice Max.
– Me agrada; necesitamos más como ella.– Sonrió. Cesar agradeció y también subió a descansar.
Alex se bañó, solo se puso una remera que había en el placard y se tiró como una estrella de mar en la cama.
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