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El Papá De Mi Alumno

El Papá De Mi Alumno

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un

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Capítulo 11 — Celos peligrosos

María José se quedó mirando el mensaje completamente inmóvil.

"Es imposible sacarte de la cabeza."

Dios santo.

Ese hombre tenía una capacidad absurda para desordenarle las emociones con una sola frase.

Se mordió el labio intentando no sonreír como una adolescente enamorada.

Fracasó miserablemente.

Porque llevaba exactamente treinta segundos mirando el celular con el corazón acelerado.

Y eso era peligrosísimo.

Muy peligrosísimo.

Apoyó la cabeza contra la almohada y soltó un suspiro largo mientras intentaba convencerse de responder algo normal.

Algo tranquilo.

Algo que no revelara el caos que Alejandro estaba provocando dentro de ella.

"Eso suena un poco grave."

Envió el mensaje antes de arrepentirse.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

"Lo es."

María José soltó una risa nerviosa.

Definitivamente ese hombre no ayudaba.

Se levantó de la cama obligándose a reaccionar. Era sábado, no había clases, pero sí tenía trabajo en la tarde. Debía asistir a una sesión de fotos para una campaña publicitaria con una marca local.

Tenía responsabilidades.

Tenía que recordar urgentemente que Alejandro era el papá de uno de sus alumnos y que besarlo bajo la lluvia no había sido precisamente una decisión inteligente.

Pero el problema era que no podía arrepentirse.

Ni un poquito.

Porque todavía podía sentir el sabor de sus labios.

Todavía recordaba la forma en que él la había mirado antes de besarla.

Como si ella realmente significara algo.

Y eso…

eso era lo que más miedo le daba.

Se arregló más rápido de lo normal intentando distraerse, pero fue inútil.

Cada cinco minutos terminaba revisando el celular.

Y Alejandro seguía ahí.

Metido en su cabeza.

María José pasó toda la mañana intentando actuar normal.

Fracaso absoluto.

Porque cada vez que sonaba una notificación, el corazón le daba un salto absurdo esperando que fuera Alejandro.

Y peor todavía…

casi siempre sí era él.

"¿Ya desayunaste?"

"Samuel preguntó por ti apenas despertó."

"Creo que mi hijo está conspirando para que piense en ti todo el día."

Ese último mensaje la hizo sonreír sola frente al espejo mientras terminaba de arreglarse.

—Esto me va a destruir emocionalmente… —murmuró.

Pero aun así respondió.

"Tu hijo no necesita esforzarse mucho."

Alejandro tardó menos de un minuto en responder.

"¿Ah, no?"

María José mordió su labio.

No debería seguir alimentando eso.

Definitivamente no debería.

Y aun así escribió:

"No después de anoche."

El silencio duró exactamente treinta segundos.

Después llegó el mensaje que volvió a alterar completamente su estabilidad mental.

"Llevo toda la mañana pensando en anoche."

Ella cerró los ojos un instante.

Dios santo.

Ese hombre decía exactamente lo que ella necesitaba escuchar.

Y eso era peligrosísimo.

Guardó el celular antes de terminar diciendo alguna locura.

Porque todavía tenía que ir a trabajar.

Todavía tenía que comportarse como una persona funcional.

Aunque por dentro sintiera que estaba viviendo una adolescencia tardía completamente ridícula.

La sesión de fotos comenzó a las tres de la tarde.

Entre cambios de ropa, maquillaje, grabaciones y fotografías, María José estuvo tan ocupada que apenas tuvo tiempo de respirar.

Por primera vez en todo el día dejó de pensar un poco en Alejandro.

Solo un poco.

Porque incluso mientras sonreía frente a la cámara, su mente terminaba regresando a él.

A sus ojos.

A sus manos.

A ese beso que le había desordenado completamente la vida.

Cuando finalmente terminó la campaña, ya eran casi las siete de la noche.

Agotada, tomó su bolso y revisó el celular por primera vez en horas.

Tenía varios mensajes.

Uno de Isa.

Y otro de Alejandro.

Abrió primero el de Isa.

"Hola, nena. Te tengo una invitación. En la empresa donde trabajo van a hacer una integración y no quiero ir sola. Por favor acompáñame. Vamos a una discoteca, di que sí."

María José frunció el ceño inmediatamente.

"Hola… ¿me estás hablando de la empresa de Alejandro? Estás loca."

La respuesta llegó enseguida.

"¿Qué pasa, bonita? Somos los trabajadores los que vamos a estar ahí, los jefes no tienen nada que ver. Además, te hace falta distraerte. Hace cuánto no salimos a bailar. Y quién quita… hasta conoces un hombre que te haga olvidar ese amor imposible que tienes."

María José soltó una risa suave.

Isa tenía razón en algo.

Necesitaba distraerse.

Necesitaba dejar de pensar tanto en Alejandro antes de terminar enamorándose de verdad.

Aunque sospechaba que tal vez ya era demasiado tarde.

"Está bien. ¿A qué hora?"

"Paso por ti a las nueve. Estate lista."

María José sonrió y luego abrió el mensaje de Alejandro.

Y automáticamente dejó de respirar por dos segundos.

"Hola. Veo que no quisiste contestarme más. Me dejaste en visto… pero quiero decirte que, por más que intento, no puedo olvidar esos labios tan deliciosos. Nadie me había puesto así con solo un beso."

María José sintió calor recorrerle el cuerpo.

Porque ella estaba exactamente igual.

Dios mío.

¿Qué estaba haciendo ese hombre con ella?

Se quedó mirando la pantalla varios segundos antes de responder.

"Señor Alejandro, por favor no me complique más la vida."

Después guardó el celular rápidamente en el bolso, como si alejarlo pudiera ayudarla a recuperar la cordura.

Spoiler: no funcionó.

Alejandro estaba sentado en el despacho de su casa cuando el mensaje llegó.

Sonrió apenas lo leyó.

"Por favor no me complique más la vida."

Qué ironía.

Porque ella también le estaba complicando completamente la existencia.

Se pasó una mano por el rostro soltando un suspiro cansado.

Tal vez María José tenía razón.

Tal vez debían detener todo eso antes de que fuera demasiado tarde.

El problema era que ya parecía imposible.

Desde aquella noche bajo la lluvia no podía pensar con claridad.

Todo le recordaba a ella.

Su sonrisa.

Su voz.

La forma en que había temblado cuando él la besó.

En ese momento la puerta del despacho se abrió.

Valentina apareció junto a Samuel, ambos completamente arreglados.

—¡Papi! —gritó Samuel emocionado—. ¡Vamos a cine!

Alejandro levantó la mirada inmediatamente.

Y el mal humor apareció apenas vio a Valentina sonriendo como si fueran una familia feliz.

Eso era justamente lo que más le molestaba.

Ella seguía insistiendo en algo que jamás iba a pasar.

—Samuel, si quieres vamos tú y yo, campeón —dijo Alejandro con calma.

—¡No! Quiero ir los tres, papi.

Antes de que Alejandro pudiera responder, apareció María, su exsuegra.

—Ay, Alejandro, vayan juntos. No tiene nada de malo. Mi hija estaría feliz de verlos unidos.

Alejandro tensó la mandíbula.

—Señora María, por favor deje de alimentar algo que no va a suceder.

El ambiente se tensó inmediatamente.

Pero Samuel los miró con tristeza y eso bastó para que Alejandro se sintiera culpable.

—Papi… no pelees con mi abuelita —murmuró el niño—. Vamos al cine, por favor.

Alejandro cerró los ojos un instante.

Y terminó cediendo.

Porque por Samuel hacía cualquier cosa.

La salida fue más tranquila de lo que esperaba.

Vieron una película animada, Samuel no dejó de reír en toda la noche y después fueron a comer hamburguesas.

Al menos su hijo estaba feliz.

Y eso bastaba.

Cuando regresaron a casa, Samuel cayó dormido apenas tocó la cama.

Alejandro sonrió mientras lo acomodaba y le daba un beso en la frente.

Después salió de la habitación dispuesto a bañarse y acostarse temprano.

Pero en ese momento recibió una llamada de José Luis.

—Hermano, vamos a una discoteca nueva que abrieron. Necesitas distraerte porque pareces viudo.

Alejandro soltó una risa seca.

—Qué considerado eres.

—Entonces cámbiate y deja de pensar tanto.

Alejandro dudó unos segundos.

Tal vez sí necesitaba distraerse.

Tal vez necesitaba dejar de pensar en María José aunque fuera por unas horas.

Porque la verdad era que estaba perdiendo la cabeza.

—Está bien. Envíame la ubicación.

Treinta minutos después llegó a la discoteca.

La música retumbaba con fuerza.

Las luces iluminaban el lugar entre colores azules y violetas.

José Luis ya lo esperaba con un trago en la mano.

—¡Por fin! —dijo riéndose—. Pensé que te habías arrepentido.

—Todavía puedo hacerlo.

—Ni se te ocurra.

Alejandro negó divertido y avanzó entre la multitud.

Y entonces ocurrió.

La vio.

Todo el ruido del lugar desapareció por completo.

María José estaba al otro lado de la pista de baile.

Hermosa.

Peligrosamente hermosa.

Llevaba un vestido negro ajustado que dejaba sus piernas al descubierto y el cabello suelto cayéndole sobre los hombros.

Y para empeorar las cosas…

estaba bailando con otro hombre.

Alejandro sintió algo oscuro atravesarle el pecho.

Celos.

Celos absurdos.

Violentos.

Inmediatos.

Porque ese idiota tenía las manos sobre la cintura de María José mientras ella sonreía.

José Luis siguió la dirección de su mirada.

—Uy… creo que ya entendí por qué te quedaste sin respirar.

Pero Alejandro ni siquiera escuchó.

Porque en ese momento María José levantó la mirada.

Y sus ojos se encontraron directamente con los de él.

El mundo se detuvo.

Otra vez.

1
Maria Garcia
ay no vieja envidiosa que Alejandro la saqué de su casa y cuide amaría jose
Maria Garcia
Alejandro abre los ojos y cuída.y alluda amaría José te BA a necesitar y despide atu cuñada y suegra mandalas avolar
Maria Garcia
ayno pinche vieja de Valentina ojalá y todo le salga mal y Alejandro las saque de su casa
Rosana Ochoa
para leer la segunda parte por q lo cortas así como la busco
Maria Garcia
si que descubra aValentina y que se de cuenta que lo quiere separar de ella
Maria Garcia
si por fin están juntos
Maria Garcia
si que vien que se dejen de jugar
Maria Garcia
si que se balla de esa casa y viva aparte sin cuñada ni suegra que las mande avolar
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