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Reencarne En El Cuerpo De La Esposa De Duque.

Reencarne En El Cuerpo De La Esposa De Duque.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Época
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: KeniaLV.

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El encuentro con el duque.

La puerta se abrió lentamente, y el aire de la habitación pareció enfriarse de repente.

Entró él.

No necesité que nadie me lo dijera, lo supe en el mismo instante en que lo vi. Su presencia era imponente, dominante, como si el espacio mismo se hiciera pequeño a su alrededor.

El Duque Kaelen Blackwood caminaba con pasos lentos y seguros. Era alto, mucho más de lo que recordaban los fragmentos de memoria que tenía. Vestía una túnica oscura de terciopelo negro con bordados plateados que representaban cuervos y espadas, y unos pantalones ajustados que dejaban ver su complexión fuerte y atlética.

Pero lo que más me impactó fue su rostro.

Era increíblemente guapo, con facciones marcadas y perfectas, pero su expresión era de una frialdad aterradora. Tenía el cabello negro azabache, peinado hacia atrás dejando ver una frente amplia, y sus ojos... ¡sus ojos eran de un gris plateado tan claro que parecían dos pedazos de hielo! Me miraron fijamente, y sentí como si me estuviera desnudando el alma, analizando cada rincón de mi ser.

Se detuvo a unos metros de la cama, cruzándose de brazos. Su mirada recorrió mi cuerpo de arriba abajo, sin mostrar emoción alguna, ni alegría, ni preocupación. Solo... curiosidad fría.

—Así que has despertado —dijo. Su voz era grave, profunda y resonó en toda la habitación como el sonido de un tambor lejano—. Pensé que la fiebre te llevaría con los muertos.

Su tono no era amable, ni siquiera preocupado. Sonó casi como una observación cualquiera, como si estuviera comentando el clima.

Sentí un nudo en la garganta. La antigua Elena debía estar acostumbrada a este trato indiferente, pero yo... yo era una extraña aquí, y sus palabras me dolieron más de lo que esperaba.

Me quedé paralizada frente al espejo, sin saber qué hacer ni qué decir. ¿Debía saludar? ¿Debía llamarlo "marido"? ¿O simplemente bajar la mirada como hacía la esposa original?

Recordé lo que Lila había dicho: "Él no la ama, solo la tolera".

Tragué saliva y reuní todo el valor que no tenía. Hice una pequeña reverencia, tal como dictaban las costumbres que ahora estaban grabadas en mi mente.

—Mi Señor... —susurré, bajando la vista hacia el suelo, porque no tenía el valor de seguir soportando esa mirada penetrante—. Gracias por preocuparse.

Se hizo un silencio pesado, tenso. Escuché sus pasos acercarse lentamente. Toc... toc... toc... Cada golpe de sus botas en el suelo parecía marcar el ritmo de mi corazón acelerado.

Se detuvo justo frente a mí. Estaba tan cerca que podía sentir su calor corporal y oler su aroma: una mezcla de madera de sándalo, menta y un ligero toque metálico, como de espada recién afilada.

Levantó una mano, y yo me tensé instintivamente, creyendo que me iba a golpear o a empujar. Pero no lo hizo. Con dos dedos fríos, me tomó suavemente del mentón y obligó a levantar la cara para que lo mirara a los ojos.

—Me sorprendes, Elena —murmuró, acercando su rostro al mío. Su aliento rozó mis labios—. Antes, apenas podías mirarme a los ojos sin temblar. Hoy... hay algo diferente en ti.

Su mirada escudriñó la mía, buscando algo. ¿Mentiras? ¿Miedo?

Yo estaba petrificada. Estaba tan cerca de él que podía ver el reflejo de mi propia cara asustada en sus ojos grises. Sentía una mezcla de miedo y una extraña atracción por su belleza oscura.

—Yo... solo me siento un poco débil aún, mi Señor —logré articular, intentando que mi voz no saliera temblorosa—. Tal vez la enfermedad me ha cambiado un poco.

El Duque soltó mi rostro de golpe, como si tocarme le hubiera causado asco, y dio media vuelta, caminando hacia la ventana.

—Espero que sea solo la fiebre —dijo con sequedad, mirando hacia el jardín—. No me gustan las sorpresas, y menos en mi propia casa. Recuerda quién eres y cuál es tu lugar. Eres mi esposa por conveniencia, nada más. No esperes cariño ni atenciones de mí.

Esas palabras fueron como un golpe seco en el pecho. Dolieron. Pero al mismo tiempo, algo dentro de mí se rebeló.

¿Nada más?, pensé. Pues veremos. Si él quería frialdad, tendría frialdad. Yo no era la misma Elena sumisa y triste que él conocía.

—Entiendo perfectamente, Su Excelencia —respondí, y para mi propia sorpresa, mi voz sonó tranquila y firme—. Solo soy una pieza en su juego. No le causaré problemas.

Kaelen se giró levemente, y una sombra de sorpresa cruzó por sus ojos por un milisegundo, antes de volver a ponerse su máscara de hielo.

—Me alegra que lo tengas claro —dijo—. Descansa. El médico vendrá más tarde.

Sin decir nada más, salió de la habitación con la misma majestuosidad y frialdad con la que entró.

En cuanto la puerta se cerró, mis piernas fallaron y tuve que apoyarme en el mueble del espejo para no caer al suelo. Respiraba agitada, el corazón me latía a mil por hora.

—Vaya... —susurré, pasándome una mano por el pecho—. Este hombre es realmente aterrador... y arrogante.

Pero mientras tocaba mi propio mentón donde sus dedos habían estado segundos antes, sentí un extraño cosquilleo.

—Pero no voy a dejar que me trate así —me prometí a mí misma, mirando mi reflejo con determinación—. Esta vida es mía ahora. Y voy a hacer lo que quiera con ella.

1
Giovanna Rosas
buena ...buena ...quien es el asesino?
Ma Guadalupe Ruiz
gua desperto está de sospecha creo que el duque sí la quiere solo que si muestra amor alguien la puede lastimar
Ma Guadalupe Ruiz
👏 bravo así se aplasta a una lagartija
Rubiia sanz
si estás en peligro lo más lógico es que aprendas a defenderte no. Elena, sirve de recordatorio la puñalada que te quieron y casi mueres
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