¿Puede un corazón de hielo derretir una maldición de sangre?
Devil lo tenía todo: una belleza insultante, una estatura imponente de 1.87 m y unos ojos violetas que eran la perdición de cualquier mujer en la capital. Pero su arrogancia lo llevó a cruzar el jardín equivocado. Tras un desafortunado encuentro con una hechicera, el joven seductor despierta atrapado en el cuerpo de un gato negro. La condena es simple pero devastadora: no recuperará su humanidad hasta que alguien lo ame de verdad.
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Capítulo 2: La Gran Guerra del Agua (y el Jabón de Lavanda)
La mañana en la Mansión Blackwood comenzó con un aroma traicionero. No era el olor a café recién hecho que solía despertar a Devil en su antigua vida de lujos humanos, sino una fragancia empalagosa y floral que se filtraba por debajo de la puerta de la cocina. Lavanda. Devil, arrugado en su cesta de mimbre, abrió un ojo violeta y olfateó el aire con sospecha. Sus instintos felinos, lamentablemente más agudos que sus instintos humanos, le gritaron una sola palabra: PELIGRO.
Minutos después, la puerta se abrió de par en par y Rose apareció, radiante como un sol pelirrojo con sobredosis de cafeína. Llevaba un delantal impermeable de plástico amarillo chillón sobre su uniforme y sostenía, con una sonrisa que Devil ya había aprendido a temer, un cepillo de cerdas duras y una botella de champú con la etiqueta "Brillo Celestial para Mascotas Exigentes".
—¡Buenos días, Cuchurrumin! —canturreó Rose, avanzando hacia la cesta con una determinación aterradora—. Hoy es tu gran día. ¡Vamos a quitarte todo ese olor a calle y a dejarte oliendo como un jardín de hadas!
Devil se puso de pie de un salto, su pelaje negro erizándose instantáneamente. ¿Baño? ¿Jardín de hadas? ¡Soy un hombre de un metro ochenta y siete, mujer demente! ¡Los hombres de verdad no huelen a lavanda, huelen a sándalo, a tabaco caro y a victoria!
Intentó sisear, un sonido que pretendía ser una amenaza de muerte pero que salió como el escape de una olla a presión defectuosa.
—Oh, no pongas esa carita, cosita —dijo Rose, agachándose para atraparlo—. Va a ser divertido. ¡Como un día de spa!
¡Un día de spa implica masajes y champán, no ser sumergido en veneno líquido por una criada hiperactiva!
Rose se lanzó al ataque. Devil, con la agilidad que solo un humano atrapado en el cuerpo de un depredador ágil puede poseer, esquivó sus manos y saltó sobre la mesa de la cocina, derribando un tazón de harina en el proceso. Una nube blanca envolvió la escena.
La Persecución Harinosa
—¡Cuchurrumin! —exclamó Rose, tosiendo y frotándose la harina de la cara, su sonrisa flaqueando por una milésima de segundo antes de volver a brillar con más intensidad—. ¡Jajaja! ¡Qué travieso! ¡Ahora sí que necesitas un baño!
Devil aprovechó la distracción para salir corriendo de la cocina. Sus garras tintinearon sobre el mármol del pasillo principal. Se sentía rápido, eléctrico. Tal vez ser un gato no es tan malo... si puedo escapar de esta lunática.
Pero Rose era persistente. Apareció detrás de él, el delantal amarillo ondeando como una capa de superhéroe defectuoso.
—¡Ven aquí, gatito, gatito!
La persecución se trasladó al gran salón. Devil saltó sobre un sofá de terciopelo, rebotó en una mesa auxiliar (esquivando por milímetros un jarrón Ming que Suseth seguramente valoraba más que la vida de todos sus sirvientes combinados) y subió por una pesada cortina de brocado. Se quedó colgando cerca del techo, mirando hacia abajo a Rose con un triunfo felino. Técnicas de escalada avanzadas, humana. A ver cómo subes aquí.
Rose no subió. En su lugar, tomó el plumero y empezó a hacer cosquillas en la panza de Devil.
¡Maldita sea! ¡Eso es trampa!
Devil, incapaz de resistir el cosquilleo, soltó las cortinas y cayó directamente sobre una alfombra persa, rodando para recuperar el equilibrio. Rose se lanzó sobre él como un tacleador de la NFL. Logró atraparlo, pero Devil, usando sus cuatro patas y la desesperación de un hombre que no quiere oler a flores, empezó a patalear.
—¡Ay! ¡Cuchurrumin, no arañes! —protestó Rose, aunque sin soltarlo.
Lo levantó en el aire. Devil, suspendido, intentó morderle el brazo, pero el delantal de plástico era un escudo impenetrable. Estaba perdido. La dignidad humana se desvanecía, reemplazada por el terror animal al agua.
El Juicio de la Viuda de Hierro
Rose cargó a Devil, que luchaba sin descanso, hacia el baño de servicio cerca de la cocina. Era una habitación pequeña, fría y con una bañera de peltre que parecía un instrumento de tortura medieval. Rose ya había llenado la bañera con unos pocos centímetros de agua tibia y una cantidad obscena de champú de lavanda. La espuma flotaba en la superficie, como nubes de perdición.
—Muy bien, señorito. A la cuenta de tres... ¡Uno, dos...!
¡No, no, no! ¡Por favor, tengo secretos de estado! ¡Tengo una reputación que mantener!
Rose sumergió las patas traseras de Devil en el agua. La reacción fue inmediata. La física y la biología chocaron. El gato negro se transformó en una bola de furia, agua y espuma. Pataleó con tanta fuerza que el agua salió volando, empapando a Rose de pies a cabeza. El champú le entró en los ojos.
—¡AAAH! ¡Mis ojos! —gritó Rose, soltando a Devil momentáneamente para frotarse la cara.
Fue la oportunidad de oro. Devil saltó fuera de la bañera, pero estaba mojado, cubierto de espuma y resbaladizo. Al intentar correr, sus patas no encontraron tracción en las baldosas mojadas del baño. Parecía un dibujo animado, patinando en el sitio antes de salir disparado por la puerta abierta, dejando un rastro de espuma de lavanda a su paso.
Corrió por el pasillo, derrapando en las esquinas. ¡Tengo que esconderme! ¡Tengo que encontrar un lugar donde esa pelirroja no pueda entrar!
El único lugar seguro que se le ocurrió fue la biblioteca principal, una habitación enorme y oscura llena de estanterías que llegaban al techo. Subió a la estantería más alta, escondiéndose detrás de una colección de enciclopedias polvorientas. Se sentía miserable. Estaba mojado, temblando, olía a lavanda (¡puaj!) y su orgullo humano estaba no solo herido, sino pisoteado y triturado.
La Sentencia Final
Una hora después, el silencio reinaba en la mansión. Rose, tras secarse y cambiarse, había estado buscando a "Cuchurrumin" por todas partes, llamándolo con voz quejumbrosa. Arthur, el mayordomo sordo, simplemente había asentido cuando ella le preguntó si había visto al gato, asumiendo que ella estaba hablando del clima.
Suseth Blackwood estaba en su estudio, revisando unos documentos financieros, cuando el aroma a lavanda barato empezó a flotar en la habitación. Frunció el ceño con disgusto. Odiaba ese olor. Se levantó y salió al pasillo, siguiendo el rastro hasta la biblioteca.
Entró y encendió las luces. No vio nada al principio.
—Esa cosa. Sé que estás aquí —dijo Suseth, su voz fría como el viento del norte.
Devil, escondido detrás de las enciclopedias, contuvo la respiración. Si no me muevo, tal vez se vaya.
Suseth caminó hacia la estantería alta. Se detuvo justo debajo de donde él estaba escondido.
—He oído el escándalo que has armado con Rose. He visto la harina en la cocina y la alfombra persa llena de espuma. Arthur dice que pareces un demonio empapado.
¡Arthur no ha dicho eso, mujer mentirosa! ¡Arthur cree que eres una lámpara!
Suseth levantó la vista y sus ojos rojos se clavaron directamente en el pequeño espacio entre dos libros donde Devil se ocultaba. El contacto visual fue tan intenso que Devil sintió que ella estaba leyendo su alma humana y riéndose de ella.
—Escúchame bien, "Cosa" —continuó Suseth, con una calma que daba más miedo que cualquier grito—. Me da igual si eres un gato arrogante con delirios de grandeza o el mismísimo rey de los demonios atrapado en ese cuerpo pulguiento. En esta casa, se siguen mis reglas. Y la regla número uno es la higiene.
Devil asomó la nariz, temblando un poco por el frío y la indignación.
—Rose ha intentado bañarte por tu propio bien. Y tú has respondido destrozando mi propiedad y agrediéndola. No voy a tolerarlo.
Suseth se cruzó de brazos y dio un paso atrás.
—Tienes dos opciones. Opción A: Bajas ahora mismo, vas con Rose, le pides perdón (con un maullido sumiso, si es posible) y te dejas bañar y cepillar hasta que huelas a algo aceptable. Opción B: Sigues ahí arriba, temblando de frío y orgullo, y en cinco minutos Arthur te sacará de aquí y te echará a la calle. Y esta vez, no habrá muros de jardín que te protejan. Te quedarás fuera, en el frío y el hambre, hasta que alguna jauría de perros o la hechicera que te convirtió decida qué hacer contigo.
Devil tragó saliva. La calle. El hambre. Los perros. Maldita sea. Esta mujer es una sádica. Pero la opción B no era una opción real. Su vida humana había terminado, y su vida felina dependía de esta mansión.
Miró a Suseth. Ella no estaba bromeando. Su expresión era de pura indiferencia gélida.
Lentamente, Devil bajó de la estantería, saltando de estante en estante hasta llegar al suelo. Se quedó de pie frente a ella, mojado, patético, con espuma de lavanda aún en las orejas, y lanzó el maullido más sumiso, humillante y doloroso de su existencia. Miau.
Suseth asintió, con una leve sonrisa de satisfacción que no llegó a sus ojos rojos.
—Sabia elección. Rose te está esperando en la cocina. Y Cosa... si vuelves a intentar morderla, yo misma te daré el baño. Con agua fría. Y sin champú.
Devil salió de la biblioteca con la cola entre las patas, rindiéndose a su destino. La Gran Guerra del Agua había terminado, y él había perdido la batalla, la dignidad y, por desgracia, su olor a hombre. Rose lo recibió en la cocina con un grito de alegría y una toalla rosa gigante. La comedia gótica de su vida continuaba, y el amor verdadero parecía estar más lejos que nunca, oculto tras una montaña de espuma de lavanda.
La forma en que transmites las emociones del personaje son tan reales y el crecimiento emocional que vemos en ellos WOW ¡¡Es fascinante!! La estructura de los acontecimiento, el orden con el que se desarrollan
...espero, deseo y agradezco que sigas compartiendo con nosotras historias tan magnificas como estas....🥰🤩😍