Oriana despierta en el cuerpo de la mujer que, en una historia que conoce demasiado bien, destruyó la vida de un poderoso duque. Ahora, atrapada en una nobleza en ruinas y con un padre al borde del colapso, decide no seguir el camino que ya estaba escrito para ella.
Sin buscar redención ni protagonismo, empieza de nuevo desde lo más simple: trabajar, crear, sobrevivir y pagar las deudas de una vida que ya no siente suya. Pero el destino no se queda quieto. El mismo duque al que una vez hirió comienza a mirarla con sospecha, luego con interés, como si algo en ella no encajara con el pasado que recuerda.
Sin embargo, cuanto más intenta escapar del rol que le fue asignado, más se acerca a un futuro que nadie en esa historia original llegó a ver venir.
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Capitulo 6
El viaje hacia el ducado Hall tomó casi medio día.
Mientras más se alejaban de la capital, más silencioso se volvía el camino. Incluso los carruajes comenzaron a aparecer con menos frecuencia y los pueblos cercanos parecían demasiado tranquilos para una región perteneciente a uno de los ducados más poderosos del imperio.
Lara observaba por la ventana con evidente nerviosismo.
—Este lugar da un poco de miedo.
Priscilla seguía mirando hacia adelante.
—¿Por qué?.
—Todo está demasiado callado.
—Tal vez la gente aquí solo tiene mejores modales.
—O tal vez todos murieron y nadie nos avisó.
Dorian soltó una pequeña risa cansada desde el otro lado del carruaje.
—Lara , intentemos no asustarnos antes de llegar.
—Lo siento, mi lord, pero hasta los árboles aquí parecen raros.
Priscilla terminó sonriendo apenas, aunque la ansiedad seguía instalada dentro de su pecho desde que partieron de la mansión.
Porque mientras más se acercaban al ducado Hall, más recordaba escenas de la novela.
La soledad de Ender.
El accidente que lo dejó ciego.
La manera en que la Priscilla original destrozó lo poco que le quedaba de orgullo después de eso.
Y ahora ella iba a presentarse frente a él pidiendo ayuda.
La sola idea era incómoda.
Cuando finalmente el enorme portón negro del ducado apareció frente al carruaje, Lara dejó escapar un pequeño sonido de impresión.
Incluso Priscilla tuvo que admitirlo.
El lugar imponía.
El castillo Hall era enorme, oscuro y demasiado silencioso. No tenía la apariencia cálida de las residencias nobles de la capital. Todo se veía más sobrio; piedra negra, jardines perfectamente cuidados y ventanas altas que apenas dejaban escapar luz.
Los guardias revisaron la invitación enviada por Dorian antes de permitirles entrar.
Y aun así el ambiente seguía sintiéndose tenso.
Un mayordomo los recibió en la entrada principal.
—Bienvenidos al ducado Hall.
Su voz era tranquila, aunque su mirada se detuvo apenas un segundo más sobre Priscilla.
Claro.
Todos aquí debían conocerla.
—El duque los recibirá en su despacho en unos minutos —continuó el hombre—. Por favor, síganme.
Mientras caminaban por los largos pasillos del castillo, Priscilla comenzó a notar algo.
No había ruido.
Ni conversaciones innecesarias.
Ni empleados corriendo de un lado a otro.
Todo funcionaba de forma ordenada y silenciosa, como si la misma residencia se hubiera acostumbrado a hablar menos desde que su dueño perdió la vista.
Lara se acercó un poco más a ella.
—Siento que si rompo algo aquí me ejecutan.
—Compórtate normal.
—Eso hago.
Dorian tosió suavemente detrás de ellas.
Priscilla disminuyó el paso para caminar junto a él.
—¿Está bien?.
—Sí.
Mentira.
Se veía agotado.
Y eso solo hizo que el nudo en su pecho empeorara.
Cuando llegaron frente al despacho, el mayordomo se detuvo.
—El duque Hall los recibirá ahora.
Priscilla sintió las manos frías.
El hombre abrió la puerta lentamente.
Y entonces lo vio.
Ender Hall estaba sentado detrás de un escritorio amplio lleno de documentos. Llevaba ropa oscura sencilla, perfectamente acomodada, y tenía una postura recta que hacía difícil apartar la mirada de él.
Era incluso más serio de lo que imaginaba.
El cabello blanco caía sobre parte de su frente y sus ojos grises, completamente tapado por la ceguera.
Aun así, daba la sensación de que percibía absolutamente todo.
El ambiente cambió apenas entraron.
Ender fue el primero en hablar.
—Barón Van.
Su voz era tranquila, profunda y demasiado controlada.
Dorian hizo una leve inclinación de cabeza.
—Duque Hall.
Hubo un pequeño silencio.
Luego Ender volvió a hablar.
—Lady Priscilla.
El corazón de ella se tensó apenas escuchó su nombre en labios de él.
—Duque Hall.
La habitación quedó quieta varios segundos después de eso.
Porque ambos sabían perfectamente cómo terminó la última conversación entre ellos.
Lara, que normalmente hablaba demasiado, permanecía completamente callada cerca de la puerta.
Ender apoyó lentamente una mano sobre el escritorio.
—Tomen asiento.
Dorian obedeció primero.
Priscilla se sentó frente al escritorio intentando mantener la calma, aunque sentía la garganta seca.
Ender giró apenas el rostro hacia ella.
Y aunque sus ojos no podían verla, Priscilla sintió claramente que la atención de él estaba completamente sobre su persona.
—Escuché que abrió una pastelería.
La frase la tomó por sorpresa.
Ella pestañeó.
—Sí.
—La capital habla mucho de ella últimamente.
Priscilla no supo qué responder a eso.
Porque no esperaba una conversación normal.
Esperaba frialdad inmediata.
Reproches.
Algún comentario cruel.
Pero Ender seguía manteniendo una calma casi incómoda.
Dorian intervino suavemente.
—No vinimos a causar molestias innecesarias, duque Hall.
—Ya están aquí —respondió Ender—. Sería inútil fingir lo contrario.
La respuesta sonó seca, aunque no grosera.
Priscilla observó las manos de él sobre el escritorio.
Ni siquiera parecían tensas.
Eso la confundía más.
Ender habló otra vez.
—Explique la situación.
Dorian guardó silencio unos segundos antes de hacerlo. Explicó la enfermedad, el deterioro de su estado y las respuestas negativas de los médicos de la capital sin exagerar nada.
Ender escuchó todo sin interrumpir.
Solo al final preguntó:
—¿Cuánto tiempo lleva empeorando?.
—Meses —respondió Dorian.
—¿Y recién ahora decidió venir?.
La pregunta quedó suspendida en el aire.
Priscilla sintió inmediatamente el peso detrás de esas palabras.
Porque sí, también podía interpretarse de otra forma.
¿Por qué volver ahora?.
¿Por qué regresar después de romper el compromiso?.
Dorian abrió la boca para responder, pero Priscilla habló primero.
—Porque fui orgullosa.
El silencio fue inmediato.
Lara levantó apenas la cabeza sorprendida.
Ender tampoco habló enseguida.
Priscilla respiró hondo.
—Y porque pensé que podríamos resolverlo solos.
Ender permaneció quieto.
Luego apoyó lentamente la espalda contra la silla.
—Entiendo.
Eso fue todo.
Ni enojo.
Ni sarcasmo.
Y extrañamente eso hizo que la tensión empeorara más.
Priscilla prefería casi una discusión antes que aquella calma tan difícil de leer.
Ender giró ligeramente el rostro hacia Dorian.
—Necesitaré revisarlo personalmente.
—Por supuesto.
—El tratamiento no será inmediato.
—Lo entiendo.
—Y tampoco será gratuito.
La frase salió completamente seria.
Lara frunció un poco el ceño, claramente confundida por lo directo del comentario, pero Dorian simplemente asintió.
—Esperaba eso.
Priscilla habló rápido.
—Pagaremos todo lo necesario.
Ender giró apenas el rostro hacia ella otra vez.
—Lady Priscilla.
—Sí.
—No necesito promesas emocionales.
La frase le dolió más de lo esperado.
Porque tenía sentido.
Ella bajó un poco la mirada.
—Entonces le pagaré correctamente.
Ender permaneció en silencio unos segundos.
Luego tomó una pequeña campana de plata sobre el escritorio y la hizo sonar una vez.
El mayordomo entró enseguida.
—Prepare habitaciones para nuestros invitados.
—Sí, duque.
Lara abrió los ojos.
—¿Nos quedaremos aquí?
Ender respondió antes que nadie.
—El tratamiento del barón requerirá varios días de observación.
Dorian inclinó ligeramente la cabeza.
—Agradezco su ayuda.
Ender no respondió de inmediato.
Su mano permaneció quieta sobre el escritorio mientras el silencio volvía a llenar la habitación.
Finalmente habló.
—No es necesario que lo haga.
La frase fue tranquila. Y aunque nadie dijo nada después de eso, Priscilla entendió perfectamente que aquella herida seguía ahí.