Renata,es solo una empleada en la mansión de los Morana, una mujer que parece no tener pasado y que soporta las humillaciones más amargas por una sola razón: el amor que siente por el hijo del dueño. Por él, es capaz de cualquier sacrificio, incluso de aceptar un matrimonio forzado con un hombre despiadado que jura hacer de su vida un infierno.
Todos la ven como una mujer débil, una "nadie" sin recursos que se deja pisotear. Pero, ¿por qué Renata nunca llora? ¿Por qué sus ojos brillan con una determinación que no pertenece a una sirvienta?
Mientras el mundo intenta quebrarla, Renata guarda un secreto que podría destruir imperios. Ella ha puesto una fecha límite para su silencio... y cuando el reloj marque la hora, todos los que la humillaron descubrirán que la "pobre empleada" era la única persona a la que nunca debieron traicionar.
¿Quién es realmente Renata y qué poder oculta tras su uniforme de trabajo?
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Capitulo 6
La noche previa a la boda, el silencio en la mansión Morana no era de paz, sino de asfixia. El aire estaba cargado con el aroma de miles de flores blancas que habían llegado esa tarde, un despliegue de lujo que olía más a funeral que a celebración.
Renata estaba sentada en el borde de su pequeña cama, con las manos apoyadas en las rodillas. Ya no limpiaba, ya no servía. Solo esperaba.
Unos golpes suaves y rítmicos en la madera de la puerta rompieron el silencio. No era la forma de llamar de una empleada, ni el golpe imperioso de Ester. Era él.
—Renata, soy yo. Ábreme —susurró David desde el otro lado.
Ella no se movió de inmediato. Se tomó un segundo para ajustar su máscara, aunque la grieta en su corazón ya se había sellado con cemento frío. Se levantó y giró la llave. David entró rápidamente, cerrando tras de sí y echando el cerrojo con un movimiento que pretendía ser furtivo, pero que delataba su miedo a que ella se arrepintiera a última hora.
Él la miró con esa expresión de "perro apaleado" que tantas veces la había desarmado. Se acercó intentando tomar sus manos, pero Renata las mantuvo a los costados, inmóviles.
—Mañana es el gran día —dijo él, forzando una ternura que sonaba a metal oxidado—. He venido a verte porque sé que debes estar aterrada. Marcus puede ser... imponente, pero recuerda por qué hacemos esto.
Él intentó acariciar su mejilla, pero se detuvo al notar la fijeza de su mirada. Renata no parpadeaba. Lo observaba con una intensidad nueva, una lástima gélida que lo hizo sentir extrañamente desnudo, como si ella estuviera viendo a través de su traje de sastre directamente hacia su miseria moral.
—¿Aterrada, David? —la voz de ella era un hilo de seda, pero cortante como un bisturí—. No. El terror es para quienes no saben lo que viene. Yo sé exactamente dónde estaré mañana.
—Me alegra oír eso —respondió él, dejando escapar un suspiro de alivio que no pudo ocultar. Su verdadera intención brilló en sus ojos: solo quería confirmar que ella no huiría por la ventana en mitad de la noche—. Eres tan valiente. Después de la ceremonia, cuando Marcus te lleve a su finca, yo me encargaré de que mis padres no vuelvan a hablarte mal. Serás nuestra heroína, Renata. Siempre tendrás un lugar aquí.
—¿Un lugar aquí? —Renata soltó una risa seca, apenas un aliento—. Qué generoso de tu parte, ofrecerme un rincón en la casa que ayudé a sostener con mi propio sudor mientras tú bebías coñac y firmabas deudas.
David frunció el ceño, confundido por el tono. No era el tono de la empleada sumisa que conocía.
—No te pongas así ahora, no es el momento —dijo él, dando un paso atrás hacia la puerta, su misión de vigilancia cumplida—. Mañana a esta hora serás la señora Sterling. El sacrificio habrá terminado.
Renata caminó hacia él, obligándolo a pegarse contra la puerta. Por primera vez, David sintió que ella era físicamente más grande, más poderosa. Ella se inclinó hacia su oído y le susurró con una calma que le erizó los vellos de la nuca:
—El sacrificio no termina mañana, David. Mañana es cuando se abre la jaula. Pero te daré un consejo: cuando escuches el cristal romperse, no intentes recoger los pedazos. Porque el vidrio que cortó mis manos durante años, mañana cortará sus gargantas.
David se quedó petrificado. Sus labios temblaron, buscando una réplica, una pregunta, pero no encontró nada.
—¿Qué... qué quieres decir con eso? —tartamudeó.
Renata le dedicó una última mirada, una mezcla de despedida y desprecio absoluto.
—Significa que el precio de salvar a un cobarde es que, eventualmente, el cobarde se queda solo con su propia sombra. Buenas noches, David. Disfruta de la última cena que te serví esta noche. Fue la última cosa gratuita que recibirás de mí.
Ella le abrió la puerta y lo señaló hacia el pasillo con un gesto elegante y frío. David salió casi tropezando, sintiendo un frío repentino que el sistema de calefacción de la mansión no podía calmar. Se alejó por el corredor oscuro, convenciéndose a sí mismo de que ella solo estaba nerviosa por la boda.
Renata volvió a cerrar la puerta. Se acercó al espejo y se quitó el delantal de servicio, dejándolo caer al suelo como si fuera una piel vieja de la que se acababa de despojar.
—Mañana —susurró para su reflejo—. Mañana el secreto deja de ser un peso para convertirse en un incendio.
Se acostó en la cama, pero no cerró los ojos. En la oscuridad, la llave que colgaba de su cuello parecía latir. El tablero estaba listo. El novio creía que ganaba una esposa, y el enamorado creía que salvaba su herencia. Ninguno de los dos sabía que estaban a punto de presenciar la caída del imperio Morana desde la primera fila del altar.
aunque sea necesaria en la novela
no le quita méritos a la escritora
ahora sí va a arder el mundo
cómo si ella está en la mansión Vane, David tiene los planos???
o es que ella se quedó en la mansión Morana???
que bien estúpida es si lo hizo así
y si suficiente seguridad????
a qué juega????
para verse sus caras
que buen capítulo
cuánto suspenso
estoy súper intrigada