Alessandra "Lexa" Cavalier es una hematóloga destacada por sus logros en el difícil mundo de la medicina, pero su fe proviene de la ciencia y la lógica. Todo se rompe cuando acepta el contrato más inusual de su carrera: salvar a Dante Marek, un hombre hermético y arrogante, CEO de una empresa prestigiosa que parece tener siglos de su fundación.
Él no es un hombre cualquiera, sino un vampiro de sangre pura cuya estirpe se marchita, por una corrupción que está devorando su sistema circulatorio, amenazando con convertir su inmortalidad en cenizas. Desde su primer encuentro en una mansión que huele a hostilidad. Dante desprecia la fragilidad de Lexa, pero su sangre tiene un aroma que mueve sus instintos primitivos que creía haber enterrado hace décadas.
Mientras ella se adentra en un laboratorio de tinieblas para encontrar una cura, descubre que no es una simple observadora. Su propia genética guarda el secreto de una salvación que Dante ansía y teme por igual.
NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24
En las películas del cine o en las novelas te venden la historia romántica cliché que la primera vez entre un hombre y una mujer es como mágico; no niego que las caricias de Dante junto a sus besos son alucinantes. No obstante, a medida que la proximidad física se volvía más íntima, la realidad biológica hizo de las suyas, imponiendo sus propios límites destructivos. La piel desnuda de su pecho chocó directamente con la mía, el contraste no fue solo una sensación térmica; sino una colisión de dos naturalezas incompatibles; el frío de Dante, potenciado por la excitación, unido a la movilización de su energía ancestral, comenzó a actuar como una helada extrema sobre mis células humanas, de la nada sentí un pinchazo agudo, nada romántico o deleitable; fue un dolor helado que se extendió por mis costillas, haciéndome jadear ya no de placer, sino por la repentina falta de aire.
Al mismo tiempo, mi corazón estimulado por la adrenalina del momento, comenzó a latir a una velocidad peligrosa, amenazando con entrar en una arritmia por la presión de la energía que Dante irradiaba, debido a la simbiosis que cantaba en mis venas, ¡sí!, pero mis órganos seguían siendo de carne, hueso y con fragilidad mortal. Mi cuerpo, aunque deseaba a este hermoso depredador milenario, simplemente no estaba diseñado para soportar la presión física y energética del rey todopoderoso vampiro de sangre pura en su estado más primitivo.
Él lo sintió de inmediato a través del vínculo todo con lujo de detalles; primero la oleada de mi dolor y luego mi sistema circulatorio galopando a mil kilómetros por segundo, casi en un infarto al miocardio.
Se detuvo en seco, sus ojos, que habían estado brillando con una avidez salvaje, recuperaron la lucidez en un parpadeo; apartándose de mí con una velocidad que me dejó desorientada, sentándose en el borde del lecho, dándome la espalda. Su pecho aun subía y bajaba con fuerza, además sus manos temblaban ligeramente mientras intentaba controlar el flujo de su propia naturaleza, él lo deseaba tanto como yo.
Me quedé recostada por un momento, intentando recuperar el aire, sintiendo cómo el calor regresaba gradualmente a mi piel que se habían entumecido por su frío, luego tomé asiento para ir despacio abotonando la camisa con dedos temblorosos, sintiendo una mezcla extraña de frustración y una comprensión médica abrumadora.
—Alessandra... —Su voz sonó rota, un susurro áspero resonó en la penumbra. No se giró para mirarme.
—Tu corazón, por un segundo, estuvo a punto de fallar; tu sangre es el puente, pero sigues siendo humana; mi proximidad, cuando pierdo el control es, como un veneno letal para tu sistema.
Caminé por el colchón hasta quedar detrás de él con una lentitud deliberada, apoyé mi mano sobre su hombro desnudo y sentí cómo sus músculos se tensaban bajo mi tacto, pero no se alejó.
—Es una incompatibilidad termodinámica y celular, Dante. —Dije, con mi voz, un poco temblorosa, en un intento de recuperar ese tono clínico que usaba como escudo. —Tu energía metabólica funciona a una escala distinta; mi cuerpo necesita adaptarse, pero la transferencia de calor y presión simplemente destruirá mis tejidos, la ciencia tiene límites; ¡la biología humana es frágil!
Dante soltó una risa amarga, una que no tenía rastro de su habitual arrogancia.
—¡Odio tu lógica en momentos como este!, doctora.
—¡Y yo odio tener razón! —Respondí, deslizando mi mano por su brazo hasta encontrar la suya. Entrelacé mis dedos con los suyos, disfrutando de ese contacto controlado que sí podíamos permitirnos. —Pero esto es lo que somos ahora, una Reina humana y un Rey de las sombras, el vínculo está ahí, Dante. no necesitamos consumarlo hoy para saber que es real.
Él se giró lentamente, mirándome con una mezcla de adoración y una tristeza profunda que parecía abarcar los milenios de su existencia. Llevó mi mano a sus labios, depositando un beso suave y frío en mis nudillos, en un gesto que guardaba una cortesía que rivalizaba con la de Oleck arriba en el claro.
—Te esperaré, Lexa —Prometió, sus ojos azules fijos en los míos. —He esperado siglos para encontrar una razón por la cual latir, puedo esperar el tiempo que le tome a tu ciencia o a mi cuerpo encontrar el equilibrio. No volveré a ponerte en peligro.
Le sonreí, sintiendo que esta limitación biológica, lejos de separarnos, había sellado un compromiso mucho más profundo entre nosotros que cualquier acto físico.
Sin embargo, el destino no parecía entender de treguas emocionales; antes de que el silencio pudiera transformarse en una conversación más larga, un pitido agudo sonó en la habitación; era un comunicador táctico que Dante había dejado sobre la mesa de madera, era la voz de Cooper, distorsionada por la interferencia estática del subsuelo, que barrió cualquier rastro de intimidad.
—¡Marek, tenemos un problema en el núcleo! —La urgencia en la voz del exsoldado era innegable. — Los sensores de la periferia norte acaban de registrar una fluctuación de energía masiva, no es un escaneo de rutina de los satélites de Jonathan; sino algo directo en las frecuencias del escudo mineral, parece que algo se está moviendo en las cuevas de obsidiana inferiores y está alterando la resonancia. ¡Tienes que bajar aquí, ahora mismo!
Dante se tensó en un parpadeo, la vulnerabilidad del hombre que me había prometido paciencia desapareció, siendo reemplazada por la máscara gélida y letal del Rey vampiro. Se puso en pie con esa velocidad sobrenatural que todavía lograba desorientar mis ojos humanos, abrochando su camisa negra mientras me dedicaba una última mirada cargada de frustración y una disculpa muda.
—Quédate aquí, Alessandra, no salgas del perímetro fortificado hasta que averigüe qué ha detectado Cooper. —Ordenó con voz firme.
No tuve tiempo ni de asentir, en menos de un segundo, la puerta de roble se abrió y se cerró, dejando atrás solo una ráfaga de aire frío.
A solas con el retumbo de mis propios latidos al recordar lo que casi ocurre entre nosotros que fue detenido solo por la incompatibilidad termodinámica, lentamente terminé de arreglar el cuello de mi camisa, asegurándome de que cubriera la ligera marca rojiza que el roce de sus colmillos había dejado cerca de mi clavícula de un deseo que la biología nos había negado a disfrutar.
Una urgencia se instaló en todo mi cuerpo, necesitaba salir de estas cuatro paredes de piedra a recibir aire fresco, caminando sin rumbo fijo no tardé en divisar a Dasha que se había quedado en una plataforma natural un poco más baja que la del claro principal, sentaba sobre una raíz gruesa cubierta de musgo que sobresalía del suelo, balanceando sus piernas con la misma energía entusiasta de siempre. Oleck ya no estaba a su lado; supuse que se había retirado para unirse a las líneas de vigilancia tras la alerta de las cuevas.
—Hola, Dash. —Le dije con suavidad, deteniéndome a unos pasos para no romper la calma del lugar.
Ella se giró de inmediato, al verme, la tensión defensiva que a veces adoptaba su postura desapareció por completo, reemplazada por una sonrisa dulce.
—¡Lexa! —Exclamó, palmeando el espacio de la raíz junto a ella. —Ven, siéntate conmigo, el bosque está haciendo un ruido hermoso hoy; es como si los árboles estuvieran respirando en un tono muy bajito.
Me senté a su lado, sintiendo el contraste frío que aún llevaba impregnado en la piel por mi encuentro con Dante y el calor que emanaba el cuerpo híbrido de mi hermana. La miré de reojo, detallando la línea de su perfil, la madurez sutil en sus facciones y ese brillo plateado en sus pupilas que ahora se movía con una serenidad fabulosa.
—Te vi hace un rato con Oleck. —Adoptando un tono cómplice, que nos unía como hermanas, despojándome por completo de la bata imaginaria de hematóloga. — Parecía que estabas dándole una lección de modernidad a nuestro caballero medieval.
Dasha soltó una risita limpia, un sonido que me devolvió por un instante a los días en que nuestra única preocupación era elegir qué película ver el fin de semana.
—Es tan tierno, Lexa, de verdad me gusta mucho compartir con él; la manera en que me mira. —Confesó con calma, mostrando un ligero rubor coloreando sus mejillas pálidas.
— Él se pone tan firme y rígido cuando me acerco...