Amarte no estaba en mi venganza.
Eliana Morel murió traicionada por el hombre que amaba y abandonada por la familia que juró protegerla. Hasta su último aliento creyó que su desgracia había sido solo mala suerte… sin saber que todo había sido cuidadosamente planeado.
Cuando despierta en el pasado, con los recuerdos intactos y el corazón sellado, Eliana entiende que la vida le ha concedido una segunda oportunidad. No para amar. No para perdonar.
Sino para vengarse.
Fría, inteligente y decidida, comienza a mover las piezas con precisión, dejando que quienes la destruyeron caigan por su propio peso. Pero su plan perfecto se tambalea con la aparición de Adrien Valtier, un hombre que no pertenece a su pasado y que parece ver más allá de su máscara de hielo.
Mientras la venganza avanza y los secretos salen a la luz, Eliana deberá enfrentar la única batalla que no había previsto:
la de un corazón que juró no volver a sentir.
Porque en esta segunda vida, amar…
no estaba en su venganza.
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La primera grieta
El aire estaba cargado.
El medallón latía con fuerza contra su pecho, recordándole que Kael no era solo un enemigo. Era un maestro de la manipulación, un cazador que conocía cada punto débil, cada duda, cada temor oculto.
—No podemos permitirnos errores —dijo ella, ajustándose el medallón con dedos temblorosos—. Cada segundo cuenta.
Él estaba a su lado, aún débil, pero con la misma determinación que había mostrado desde el principio. La conexión entre ambos era intensa, pulsante, casi dolorosa. La prueba anterior había dejado marcas visibles y profundas. Sabían que la siguiente confrontación no sería solo física… sería emocional, visceral, capaz de romperlos desde dentro.
Desde la sombra de la ciudad, Kael apareció sin previo aviso. Su aura era más oscura, más intensa que nunca, y la energía que lo rodeaba hacía que los edificios parecieran vibrar con su presencia.
—Ah, qué emoción verlos tan unidos —dijo Kael, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos—. Pensé que necesitaría más tiempo para prepararlos… pero veo que subestiman mi paciencia.
—¡Kael! —gritó ella, dando un paso adelante—. ¡No esta vez!
—No hay veces, solo momentos —replicó él con frialdad—. Y este es el tuyo para decidir: ¿resistes o te destruyo aquí mismo?
El medallón ardió con violencia. La energía de Kael empezó a rodearlos, creando un torbellino de poder que los mantenía atrapados en un círculo que parecía comprimirse con cada segundo. Cada latido del vínculo los unía y los desgarraba al mismo tiempo.
—Debemos actuar juntos —dijo él, respirando con dificultad—. No podemos dejar que nos divida.
Ella asintió, sintiendo el dolor que recorría su cuerpo. Sabía que la única manera de resistir era mantener la concentración y apoyarse mutuamente. Cada segundo era un esfuerzo sobrehumano.
—¿Quién dijo que sería fácil? —dijo Kael, levantando las manos y liberando una descarga de energía que los arrojó hacia atrás con brutalidad—. Esto es solo un calentamiento.
Se levantaron rápidamente, tambaleándose. La tensión era insoportable. De repente, un destello de luz emergió desde uno de los callejones laterales. Una figura apareció, moviéndose con rapidez y precisión.
—¡Detente! —gritó la nueva presencia—. ¡No puedes manejar esto solo!
Era Liora, un aliado inesperado que había trabajado en secreto, observando y esperando el momento adecuado para intervenir. Su energía era diferente: calmante, estable, como un ancla en medio de la tormenta. No neutralizaba el vínculo, pero ayudaba a fortalecer su resistencia temporalmente.
—¿Quién eres? —preguntó ella, entre jadeos, mientras se mantenía firme—. ¿Por qué ayudas ahora?
—Porque alguien tenía que hacerlo —respondió Liora—. Y porque Kael ha cruzado límites que incluso nosotros considerábamos inviolables.
Kael frunció el ceño, claramente irritado por la interferencia.
—Oh, una amiga sorpresa —dijo con sarcasmo—. Qué conmovedor. Pero no cambiará nada.
La presencia de Liora les permitió respirar, pero solo un instante. Kael avanzó, incrementando la presión sobre el vínculo. Cada paso suyo era un latido que los desgarraba, cada palabra una amenaza que resonaba dentro de sus mentes.
—¡No puedo… resistir más! —gritó ella, sintiendo cómo la energía la drenaba—. ¡Esto es imposible!
Él la sostuvo, compartiendo el dolor a través del vínculo.
—No estás sola —susurró—. Resiste un segundo más… juntos.
Pero Kael no cedió. Al contrario, intensificó su presión, forzando la primera grieta real en la conexión entre ellos. La vibración del medallón se volvió irregular, el pulso que los mantenía unidos empezó a fallar.
—¡No! —gritó ella—. ¡No ahora!
El vínculo crujió como si fuera a romperse. Ella sintió cómo parte de su fuerza se desvanecía, cómo el medallón parecía rebelarse contra su propia voluntad. La energía la golpeaba desde dentro, y por un instante, todo el mundo pareció oscurecerse.
—Si cedes ahora… —dijo Kael, con voz fría y satisfecha—. Perderás más que fuerza. Perderás todo lo que crees proteger.
Ella respiró hondo, tratando de mantener la concentración. Cada fibra de su cuerpo estaba en tensión máxima. Cada pensamiento debía ser claro, cada emoción controlada. Sabía que cualquier error sería fatal.
Liora intervino, canalizando energía que estabilizó parcialmente el vínculo.
—Debes elegir —dijo—. Debes decidir si rompes o si te mantienes unida. Cada segundo que titubees, Kael gana.
Ella miró a él, a su compañero, y vio reflejado su miedo, su dolor y su confianza en ella. La conexión entre ellos latía con fuerza, y comprendió que romper el vínculo ahora no era una opción: podría matarlo a él primero… o a ella.
—No voy a perderte —dijo finalmente, con voz firme y decidida—. Resisto. Hasta el final.
El medallón respondió, estabilizando su pulso por un instante. Kael frunció el ceño, sorprendido por la resistencia combinada de ambos.
—Interesante —dijo—. Pero esto solo demuestra que pueden resistir un ataque… no que puedan ganar.
El aire se volvió más pesado, y Kael liberó una onda de energía que los golpeó con fuerza, empujándolos hacia atrás. La ciudad parecía temblar a su alrededor, los edificios vibraban, y la tensión alcanzó un nivel casi insoportable.
—¡No cederé! —gritó ella, levantándose con dificultad, apoyándose en él—. ¡Esto termina aquí!
Pero el vínculo estaba fracturado. La primera grieta había dejado marcas visibles: dolor físico intenso, agotamiento extremo y un sentimiento de vulnerabilidad que nunca habían experimentado antes.
Kael sonrió, satisfecho por el impacto.
—Ahora veo la verdad —dijo—. No son invencibles… solo humanos con voluntad fuerte. Pero cada elección futura será más difícil. Cada paso hacia adelante los desgarrará más.
Ella lo miró, con los ojos llenos de determinación a pesar del agotamiento.
—Entonces aprendemos a resistir —dijo—. Juntos, hasta el final.
El medallón brilló suavemente, pero la grieta en el vínculo seguía allí. La fractura era real, tangible, y sabían que Kael volvería con más fuerza. Que cada elección sería más letal. Que la guerra apenas comenzaba de verdad.
—Esto… no ha terminado —susurró él, mientras ambos respiraban con dificultad—. Pero hemos sobrevivido. Eso es suficiente, por ahora.
Liora los observó, consciente de que la próxima confrontación sería aún más devastadora.
—Kael no se detendrá —dijo—. Y la grieta que ha dejado… podría ser irreversible si no aprenden rápido a controlar el vínculo.
Ella miró al horizonte, donde las luces de la ciudad ya no parecían reconfortantes, sino advertencias. Cada elección, cada decisión, cada acto de resistencia sería un riesgo.
Pero también sabía algo más: la fractura no era solo un peligro… también era una oportunidad. Una oportunidad para comprender la fuerza real del vínculo y aprender a usarlo a su favor.
—Nos prepararemos —dijo finalmente—. No solo para resistir, sino para ganar. Y Kael… no nos romperá.
El medallón latió suavemente, como un pulso de aprobación. La primera grieta estaba allí, sí… pero también estaba la certeza de que podían superar cualquier desafío… si permanecían unidos.
Y mientras la noche avanzaba, con Kael desaparecido nuevamente entre las sombras, una nueva determinación se asentó en su corazón: cada decisión futura sería peligrosa, pero esta vez serían ellos quienes dictarían las reglas.