NovelToon NovelToon
Eres Mi Error Mas Caro CEO

Eres Mi Error Mas Caro CEO

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Mujer fuerte/hombre frágil / Amor-odio
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Pluma Magna

Para salvar a su familia, ella firmó un contrato con el hombre más poderoso de la ciudad… sin imaginar que estaba vendiendo su libertad.
Frío, dominante y peligroso, él no cree en el amor, pero sí en la posesión.
Lo que empezó como un acuerdo se convierte en una relación marcada por el control, los celos y una atracción imposible de romper.
Porque en su mundo, amar no es proteger… es destruir.
Y ahora que la tiene, no piensa dejarla ir… aunque eso la rompa por completo.

NovelToon tiene autorización de Pluma Magna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La primera decisión propia

Los pedazos de la invitación quedaron sobre la mesa como una pequeña rebelión de papel. Valeria los miró con el pecho agitado, sorprendida por la fuerza que le había nacido en las manos. No había roto el contrato, ni la boda, ni la jaula completa; pero había partido en dos la primera cosa que intentaba vestir su dolor con el gusto de Isabela. Damián seguía frente a ella, inmóvil, con la mirada fija en esos trozos dorados donde sus nombres ya no podían leerse completos. Por primera vez, no parecía molesto por la desobediencia. Parecía cansado de reconocer cuánto daño había permitido en silencio.

—No quiero que vuelva a decidir nada sobre mí —dijo Valeria, con la voz más baja, pero cargada de una firmeza que le temblaba en la garganta—. No su madre, no sus abogados, no sus socios, no esa gente que va a mirar mi vestido como si pudiera calcular mi valor por la tela. Si voy a casarme con usted por un contrato que no elegí libremente, al menos quiero elegir cómo no voy a fingir. No quiero flores escogidas para ocultar la vergüenza, no quiero prensa esperando mi sonrisa, no quiero una ceremonia que parezca cuento cuando nació de una deuda. Quiero algo simple. Civil. Sin espectáculo. Sin personas que vengan a verme como si fuera una curiosidad comprada.

Damián levantó la mirada hacia ella. Sus ojos todavía cargaban la sombra de Lucía, pero también algo más reciente: la marca de lo que Valeria acababa de exigirle. Apoyó una mano sobre el respaldo de una silla, como si necesitara sujetarse para no volver a su vieja forma de imponer. —Puedo reducirlo. No puedo borrar del todo las preguntas, Valeria. Mi apellido arrastra cámaras, socios, rumores, enemigos. Si mañana aparezco casado sin explicación, van a buscarla en su casa, en el hospital, en la historia de su familia. Van a excavar donde más le duela. Pero puedo impedir que mi madre lo convierta en una exhibición. Puedo hacer que sea privado, limitado, sin prensa dentro. Y puedo hacer algo más: ninguna decisión sobre esa ceremonia se tomará sin usted delante.

Valeria lo observó con desconfianza. Quería creer que aquella respuesta era un paso, pero Tomás tenía razón: las pequeñas concesiones podían confundirse con cariño si una estaba demasiado herida. Cruzó los brazos, como si necesitara protegerse incluso de la parte de ella que se estaba aflojando. —No me hable como si estuviera concediéndome una boda bonita. Yo no estoy pidiendo romanticismo, Damián. Estoy pidiendo no sentirme más humillada de lo que ya me siento. Estoy pidiendo que mi familia no vea una celebración donde debería haber una explicación. Mi madre no puede mirarme vestida de blanco creyendo que todo está bien. Tomás no va a sonreír mientras usted me pone un anillo como si esto no hubiera empezado en una oficina, con mi miedo sobre la mesa.

Damián bajó la vista al anillo de su propia mano, aunque no llevaba ninguno. Fue un gesto extraño, casi involuntario, como si ya sintiera el peso de algo que aún no existía. —Su familia puede estar presente si usted quiere. No como decoración. No como testigos obligados de una mentira. Como su gente. Si Tomás quiere odiarme desde la primera fila, tendrá ese derecho. Si su madre no puede asistir por salud, haré que pueda verla de la forma menos dolorosa posible. No voy a pedirles que bendigan algo que les arrebató paz.

A Valeria se le cerró la garganta. Esa era la clase de frase que desordenaba su rabia porque no sonaba a orden ni a estrategia. Sonaba a alguien intentando no seguir rompiendo. Aun así, no se permitió suavizarse demasiado. —No use palabras cuidadosas solo porque acaba de hablarme de Lucía. No convierta su confesión en una versión más amable de usted. Yo necesito hechos. Necesito que cuando su madre vuelva a entrar con otra carpeta, usted no la deje avanzar solo porque es más fácil callar que enfrentarla. Necesito que entienda que mi familia no es una debilidad para usar en mi contra ni un daño colateral de su mundo.

Damián asintió despacio. Sacó el teléfono del bolsillo y llamó delante de ella. Su voz cambió al hablar: volvió el CEO, pero había una tensión distinta, una decisión que no estaba negociando. —Cancelen las invitaciones aprobadas por mi madre. Todas. La ceremonia civil será privada, lista reducida, sin prensa autorizada y sin intervención de Isabela Ortega en ninguna decisión. Quiero un nuevo borrador esta tarde y quiero que se le consulte a Valeria antes de mover una sola flor, una sola silla o una sola palabra del comunicado.

Valeria sintió un golpe en el pecho al escuchar su nombre en ese contexto. No como propiedad. No como cláusula. Como voz necesaria. Eso la asustó más de lo que quiso admitir.

Damián colgó y la miró. —Está hecho.

—No —respondió ella, casi de inmediato—. Está empezado. Hay una diferencia. Usted acaba de cerrar una puerta que su madre abrió sobre mí, pero todavía estamos dentro de la casa que usted construyó. No me pida que confunda un gesto con libertad.

Él no se defendió. Solo la miró con una seriedad que parecía pesarle. —No se lo pediré.

En ese momento, el teléfono de Damián vibró otra vez. Él miró la pantalla y su rostro se endureció. Valeria lo notó antes de que hablara. Ese cambio en la mandíbula, esa sombra que volvía a sus ojos como un viejo animal despertando.

—¿Qué pasó? —preguntó ella.

Damián giró el teléfono hacia ella.

Había una publicación en un portal digital. Una fotografía borrosa de ambos saliendo de la notaría. El titular brillaba como una amenaza:

El CEO Damián Ortega prepara boda secreta con una mujer fuera de su círculo.

Valeria sintió que el aire se le fue del pecho.

—No fue la prensa la que nos encontró —susurró, entendiendo demasiado rápido.

Damián apretó el teléfono hasta que sus nudillos se marcaron.

—No.

Valeria levantó la mirada hacia él.

—Fue su madre.

Damián no respondió.

No hizo falta.

Y Valeria comprendió que Isabela acababa de convertir la boda en guerra pública.

1
Marta Ndong mansuy
Masssss
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play