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El Enredo Del Destino

El Enredo Del Destino

Status: En proceso
Genre:Romance / Dejar escapar al amor
Popularitas:838
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Isabela de la Torre creció sabiendo exactamente qué papel debía cumplir. Su vida estaba trazada con precisión… hasta que conoció a Dante Belmonte. Un amor de juventud que comenzó como una conexión inesperada pronto se convirtió en algo profundo… y muy peligroso. Entre encuentros furtivos, decisiones imposibles y el peso constante de la sociedad, Isabela se enfrenta a una verdad que nadie le enseñó a manejar: a veces, amar no es suficiente. Cuando el deber y el corazón chocan, alguien siempre termina perdiendo. Años después, el destino vuelve a ponerla frente a una elección. Por un lado, Dante Belmonte, con quien sus caminos se han cruzado una y otra vez, marcados por el tiempo, el orgullo, los errores y las consecuencias de lo que nunca pudo ser. Lo que una vez fue inocente se transforma en algo más oscuro… más complejo… más real. Y tal vez… ahora sea el momento correcto. Por otro, Luca Medinaceli, un archiduque misterioso que, sin buscarlo, atrae la atención de toda la sociedad.

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La boda parte II

Isabela no estaba bien.

Eso era evidente para quienes la conocían de verdad. Para el resto… para quienes solo la veían como un adorno más dentro de la nobleza, lucía impecable.

Ese era el problema.

Nadie notaba lo que realmente pasaba.

No tenía el corazón roto.

Estaba molesta.

Dante había asistido a la boda de su hermana. No solo eso… lo había hecho acompañado de una joven hermosa.

Y eso, más que dolerle, le resultaba ofensivo.

La hacía sentir como una ingenua.

Como alguien que se había permitido sentir algo… por una persona que la reemplazó en cuestión de semanas.

En el fondo, lo entendió con claridad:

No era tristeza.

Era su orgullo… el que había sido herido.

—¿Qué haces? —Isabela se giró. Frente a ella estaba Sofía.

—Nada. Tomo una copa… ¿y tú? ¿Cuándo llegaste?

—Durante la ceremonia, pero mi padre estaba esperando a mis primos, por eso no pude saludarte antes —respondió con una sonrisa.

—Me alegra que hayas venido. Estoy… aburrida —confesó.

Sofía alzó una ceja, divertida.

—Isabela, es la boda de tu hermana. ¿Cómo puedes decir eso?

—Mi hermana está feliz con su nuevo esposo —señaló discretamente—. Míralos.

Sofía siguió su mirada. Tal como decía, la pareja parecía ajena a todo, como si el resto del salón no existiera.

—Es una vergüenza que nosotras, siendo mayores, aún no estemos ni siquiera comprometidas.

Isabela no respondió. Por una vez, no quería hablar de matrimonio.

—¿Ese es Dante? —preguntó Sofía de pronto.

—Sí.

—¿Y con quién viene? No alcanzo a verle bien el rostro a la joven.

—Se llama Lucía Arango.

Sofía sonrió con un dejo de interés.

—Así que ahora dirige sus garras hacia los Arango.

—¿Los conoces?

—Conozco a todos —respondió con ligereza.

—¿Y bien?

—No hay mucho que decir. Son una familia con dinero, educación y ambición. Tienen dos hijas… y buscan buenos partidos para ellas. Dante, en ese sentido, es una opción conveniente.

Isabela soltó un suspiro leve.

—Pues qué bien por él.

—Isa, no estés triste.

—No lo estoy —respondió con firmeza.

Sofía la observó con atención.

—Entonces estás molesta.

—Molesta, sí. Dolida… no.

En ese momento, su conversación se vio interrumpida.

El duque Eduardo se acercaba… acompañado de un joven.

—Excelencia —Sofía hizo una reverencia apropiada ante el abuelo de Isabela.

—Abuelo —saludó ella con naturalidad.

—Lamento interrumpir, pero el joven desea conocerte. No pude negarme —dijo Eduardo con una leve sonrisa.

Sofía giró ligeramente hacia el joven.

—Isa, te presento a mi primo, Rodrigo De León.

Isabela lo miró un instante, sorprendida, pero recuperó la compostura de inmediato.

—Señor, es un gusto conocerle.

—El gusto es mío, lady Isabela.

—Sofía, ¿me acompañas? —Eduardo ofreció su brazo a la joven—. Creo que debemos dejarles espacio.

—Por supuesto, excelencia —respondió ella, despidiéndose con un leve gesto antes de retirarse junto al duque.

Isabela volvió su atención a Rodrigo.

—¿Le apetece una limonada? —preguntó él.

—La verdad, no —respondió con suavidad—. Preferiría bailar. ¿Le gustaría?

Rodrigo sonrió.

—Por supuesto… ¿me permite?

Isabela le ofreció la mano. Juntos caminaron hacia la pista de baile.

Era extraño verla así.

Sonriendo. Bailando. Aceptando la cercanía de alguien.

No tardaron en llamar la atención.

Pero a ella no le importaba.

Quería que Dante la viera.

Además… no se sentía incómoda.

Si él había sido capaz de superarla, ella también podía hacerlo.

—Todos nos miran —murmuró mientras comenzaban a bailar.

—Desde donde yo estoy… todos te miran a ti —respondió Rodrigo con una sonrisa, girándola con suavidad.

Incluso Damara, que hasta ese momento parecía absorta en su esposo, desvió la mirada, intrigada.

—Cariño, dame un momento —dijo a Aarón antes de levantarse.

Se acercó a la mesa de su familia.

—¿Con quién baila mi hermana?

—Se llama Rodrigo De León —respondió Elisa.

—Tu abuelo hizo lo necesario. Él los presentó —añadió Lilia.

Damara frunció ligeramente el ceño.

—¿Y ella aceptó?

—Así es —respondió Elisa—. Si no lo hacía, tu abuelo la habría llevado a conocer al joven Medinaceli. No habría sido lo más apropiado en este momento… por suerte accedió.

—Pero estamos de acuerdo en que Luca es mejor pretendiente —replicó Damara.

Elisa sonrió con calma.

—El joven Luca Medinaceli es archiduque. No es apropiado que Isabela lo busque… él debe acercarse a ella.

—¿Y le interesa mi hermana?

—No le interesa nadie —respondió Lilia.

—Aún —añadió Elisa.

Damara la miró con atención.

—¿Aún?

—Es joven. No desea casarse ni comprometerse por ahora. Pero lo hará —dijo Elisa—. Él elegirá a su esposa… e Isabela está entre las opciones.

El silencio se volvió más pesado.

—No van a casarla hasta que ese joven decida, ¿verdad? —preguntó Damara, incómoda.

Lilia suspiró.

—Tu abuelo quiere lo mejor para Isabela. Si hay que esperar… se esperará.

Damara entendió.

—¿Cuántos años?

—Los necesarios.

Su expresión cambió.

—Entonces no quieren que se case… solo que se comprometa. Algo que puedan alargar.

Guardó silencio un instante antes de añadir:

—Dante no era una opción porque ella sentía algo por él. Eso arruinaba sus planes, ¿verdad?

—Damara —intervino Lilia con una sonrisa tensa—, vuelve a tu mesa. Estás llamando la atención.

Algunas miradas ya se habían posado sobre ellas.

—Ella merece ser feliz —insistió.

La respuesta fue inmediata.

—Obedece —dijo Lilia en voz baja, pero firme—. Y agradece el sacrificio de tu hermana. Tu boda, tu esposo… han sido posibles gracias a ella. A su lealtad hacia esta familia.

Damara guardó silencio.

—No te tocó a ti cargar con eso —continuó—. Así que agradece en silencio… y prepárate para tu noche de bodas.

— Claro, madre — y Damara se alejo molesta.

Ajena al movimiento en la mesa de los anfitriones, Isabela continuaba bailando con Rodrigo. Se le veía cómoda, serena… y, por momentos, incluso interesada.

Dante, en cambio, no apartaba la vista.

Su expresión cambiaba constantemente: rencor, celos, molestia… y algo más difícil de ocultar.

—Veo que la señorita Isabela ha elegido a un duque. Qué conveniente —comentó Lucía con aparente ligereza.

Dante la miró, confundido.

—¿Cómo dices?

—El joven es hijo de un duque. Está a su altura —respondió—. Supongo que por eso bailan… es una forma de anunciarlo, aunque no lo digan en voz alta.

Las palabras le incomodaron más de lo que esperaba.

Él también estaba a la altura de Isabela.

O eso había creído.

Pero ahora…

Ya no estaba tan seguro.

Si aquello era cierto, entonces no habría elección.

Ella terminaría casándose con alguien como él. Pronto.

—Quiero irme —dijo Dante de pronto.

—El evento aún no termina —respondió Lucía con cautela.

—Dije que me quiero ir.

Su tono se tensó lo suficiente como para incomodar.

Lucía se levantó con cierta torpeza.

—Lleva a la joven a su casa —indicó Wilfredo, sin siquiera mirarlo—. Yo me quedaré.

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